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viernes, 23 de diciembre de 2011

DEDALO (By Gandalf)

Me encuentro embutido en el estrecho espacio tubular –casi intestinal- de un oscuro túnel sin final aparente. Su escasa altura (no más de cuatro palmos) me obliga a permanecer encogido y cuando avanzo por él (no tengo más remedio que hacerlo, ya que girarme para encarar una hipotética entrada a mis espaldas, me resulta imposible debido a la estrechez del pasadizo), debe tener mucho cuidado de no rozar mi cabeza y espalda contra la áspera superficie del techo. Por el contrario el suelo parece construido con algún material duro y frío al tacto y lo suficientemente limpio y pulido como para que pueda gatear sirviéndome de mis manos y rodillas, sin tener por ello que recelar de daño alguno al hacerlo. Este detalle, en cierto modo, me permite desplazarme cada vez con mayor velocidad.
En todo caso, aquí dentro la oscuridad es absoluta y tan sólo alcanzo a percibir aquello que pertenezca exclusivamente al ámbito del sentido del tacto y ahora también al del oído: hace un rato que, en mi alocada huída hacia adelante, me llegan rumores sordos y apagados lo bastante cerca como para pensar que podría no encontrarme, después de todo, tan solo como pensaba, atrapado en este inextricable y absurdo dédalo de galerías que ora suben, ora descienden en vertiginosos picados, cuando no se reúnen en pavorosas encrucijadas de inciertas proporciones para volver a concentrarse en tediosas y singulares rectas, antes de reencontrarse en nuevas ramificaciones de tramos idénticos y sin salida que se extienden por el subsuelo, como un cáncer inagotable, hasta el infinito.
No puedo precisar cuanto tiempo permanecí en ese estado, avanzando sin pausa, impelido por la desesperación y la agonía que semejantes circunstancias me inferían; el caso es que, justo en el instante en que me hallaba rebasando una de las muchas encrucijadas que pespuntean el demencial laberinto, sentí cómo, vomitada súbitamente por las entrañas de la más absoluta negrura, una ominosa y colosal presencia se abalanzaba sobre mí a la velocidad del relámpago y, abriendo su boca ávida y descomunal, me engullía de un solo bocado.
(Nota: nací y moriré siendo lo que soy, un muñequito de juegos electrónicos y por mucho tiempo que lleve jugando a este dichoso Pac Man, nunca me acostumbraré al escalofrío que siento cada vez que me van a comer. Debe ser algo genético. En fin…)
XD ¡Felices fiestas a tod@s!

7 comentarios:

  1. Juas!! Brillante (u oscuro, todo depende de quien lo mire)
    Espero que este periodo (el cual deseo que acabe lo antes posible) me traiga la mitad de la magia que tú, querido mago/maestro/mentor, nos regalas cada vez que te dejas caer por aquí.
    UN abrazo.

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  2. Pobre, lo compadezco, si lo miras bien, el Pac Man es un juego escalofriante, jeje. Me ha encantado, sobretodo por el hecho de que adoro esas historias que no tienen sentido hasta el último párrafo, cuando lo entiendes todo y sientes ganas de releerlo ahora que ya lo sabes.

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  3. Gracias. Salud, energía y musas a todo@s, compañer@s!!!

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  4. Jaja... Una genialidad mas... me encanto, pensar en las generaciones que marco ese solo juego... Te felicito, un besote enorme y felices fiestas.
    Muack.

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  5. Me encanto, bastante bien descrito y el final, que se trataba del juego muy bueno, me encanto, felicidades.

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  6. Joder! el comecocos, cuantas veces se lo habrán comido los fantasmas al pobre. Muy buen trabajo, me ha encantado.

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  7. gracias Man. un placer volver a disfrutarte por estos lares. disfruta killo!

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