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domingo, 5 de febrero de 2012

Destino de Sangre

9: la magia del magitec

El viento venia fuerte mente hacia Aarón, un aura morada envolvía al demonio Izaron, la marca que apareció en Izaron envolvía su rostro y el resto de su cuerpo. Una de las estrellas del cielo se apago y el ambiente donde estaban se izo más oscuro imposible de ver con la vista de un humano ordinario, Aarón y Isaac lo miraban atónitos.

-escuche sobre la liberación de las marcas pero…nunca vi una, este aura es muy grande-dijo Isaac  atónito a lo que estaba viendo.

-Isaac que sucede-dijo Gaby abrasándolo fuertemente.

En la casa de Karen ella sintió que algo pasaba, miro hacia el cielo notando ese aire tenso, no solo ella si no también Fiorela y Frank.

Lentamente el aura morada se desvanecía y dejaba ver la forma de izaron con alas y una cola que lo identifican como demonio.

-ahora si humano-Izaron formo con su brazo derecho una espada y lo señalo-muere-él se lanzo        rápidamente golpeando a Aarón, la forma que lo golpeo lo izo caer bruscamente haciéndolo sangrar, en un movimiento rápido él se acerca y lo patea hacia una roca.

-Aarón-grito Isaac levantándose.

-preocúpate por ti elfo-dijo Izaron poniéndose frente a él y tirándolo al suelo con su mano
izquierda.

-Maldito-Aarón se lanzo contra él pero Izaron lo agarro del cuello rápidamente y lo tiro sobre
Isaac.

El demonio era fuerte, ninguno de los dos le hacía daño.

-el alma de la joven muchacha, que delicia y más cuando la valla escuchar gritar de dolor-dijo Izaron mirando hacia Gaby.

-aléjate de ella-grito Isaac tratando de levantarse.

Aarón se movió rápido y se puso frente al demonio y le clavo la espada nuevamente pero este no le hizo efecto y lo golpeo fuertemente.

-crees que me podrás derrotar, solo eres un humano con un demonio que no sirve-dijo Izaron golpeándole, Aarón deja caer la espada al suelo y el demonio lo tiro al suelo.

-deja de lastimar a mi novio y a mi amigo-Gaby recogió la espada del suelo y temblando apunto Izaron-déjalos en paz- Izaron la golpea haciéndole soltar la espada.

Izaron levanta a Gaby del suelo y vuelve a colocar sus dedos en su frente pero un aura amarilla rodea su mano de Izaron y lo tira hacia atrás dejando caer a Gaby.

-¿Qué sucedió?-dijo Isaac yendo hacia Gaby.

-estas bien Isaac – dijo Frank corriendo hacia Isaac.

-que haces acá tu hiciste eso-dijo Isaac

-no, fue Fiorela-dijo Frank señalando con la mirada a Fiorela, ella estaba yendo donde Gaby y la levantaba.

Cuando ella ayuda a levantar a Gaby, Izaron trata de golpearla pero Aarón los cubre con su mano y lo tira hacia atrás.

-como demonios hiciste eso Fiorela-dijo Aarón volteando a mirar a Fiorela, ella se sorprendió a ver a Aarón, vio que su ojo izquierdo era de un color rojo carmesí-¿Qué haces acá?-pregunto Aarón levantando su espada.

-no sé cómo lo hice creo que es un don y vine porque tuve un presentimiento que algo pasaba y Frank vino a acompañándome-dijo Fiorela caminando junto con Aarón y Gaby donde estaban Isaac y Frank-creo que es magia lo que hice.

-Isaac no es eso lo que hacen los magitecs- dijo Aarón.

-¿magitecs?-preguntaron Frank y Fiorela.

Izaron se levanto y corrió hacia Aarón, el reacciono rápido y se cubrió con su espada, ambas espadas empezaron a chocar. La lucha seguía.

-si pudiéramos colocarle un sello haciendo que la marca vuelva como antes, tal vez lo derrotaríamos-dijo Isaac- Fiorela puedes hacerlo tú, no sé que hiciste pero tuvo mucho que ver con los magitecs-el saco una hoja con palabras en latín-di esto cuando yo te diga concéntrate en las palabras y ese demonio que lucha contra Aarón.

-está bien-Fiorela sostiene la hoja y se prepara.

-ya dilo-dijo Isaac.

- Daemon divino sigillo signavit Deus (sello divino de dios, sella al demonio)-grito

Fiorela emanando un aura amarilla y en ese mismo momento Isaac dispara su flecha en el hombro de Izaron y le cae haciéndole un gran daño.

-ahora, Aarón mátalo -grito Isaac.

-vamos humano, asesinémoslo-dijo Morten fríamente.

-muere maldito-dijo Aarón cortando su brazo y clavando la espada en su pecho, lentamente Izaron se hacía polvo y desaparecía-por fin, estuvo divertido no- el ojo de Aarón se puso normal de nuevo.

-que era todo eso-pregunto Fiorela.

Isaac sabía que iba a tener más miembros en la orden después de esto y una magitec muy poderosa, pero ellos dos no fueron los únicos que sintieron el aura de Izaron si no también Karen lo había sentido pero ¿porqué?

Padre y solo

El hijo estaba jugando con un amigo suyo y una pelota. Por detrás de la valla que separaba la zona de juego del resto del pueblo se acercó el padre. Estaba solo. Se acercó a la valla metálica observando cómo su hijo jugaba con su amigo. En ese momento su hijo se giró y lo vio. Le dijo:
- ¿Te puedes ir, por favor? Es que nos molestas.
- No creo que a tu amigo le moleste que mire cómo jugáis. - respondió el padre.
El hijo se giró mirando a su amigo, y volvió la vista hacia el padre.
- No te hemos dicho que nos importe lo que creas. Déjanos en paz y vete inútil.- replicó el hijo, e hizo  ademán de seguir jugando.- Es un amargado que está solo y jodiéndome siempre - explicó el hijo a su amigo.
Mientras tanto, el padre se alejaba con las manos en los bolsillos  y cabizbajo... Solo. Se giró y volvió hacia la verja. El hijo se anticipó:
-¡Mierda! ¿es que no nos has oído? ¡Nadie te quiere, vete de aquí!
Y así, sin más, se marchó.

sábado, 4 de febrero de 2012

REVENANT (2) (By Gandalf)

Caminé por un tiempo envuelto en una malsana luz crepuscular hasta que mis pasos me llevaron bajo la alargada sombra de los vetustos muros de una finca abandonada. Una suerte de lepra se había ensañado con su argamasa, dejando al descubierto los enormes y oscuros sillares que otrora sostuvieran la soberbia construcción sobre la que ahora unas pocas ventanas bostezaban su pasmo ante la nada que se extendía más allá de sus ángulos inútiles y vacuos. Maleza y hiedra pugnaban por infectar cada hueco, cada grieta. Al asomarme a su abandonado patio interior, un penetrante hedor agredió mis fosas nasales. Casi de inmediato, pude oír una melodía sin edad en la voz de un viejo gramófono que parecía surgida de alguna de las arruinadas dependencias de la planta superior. Debía de tratarse probablemente, de una alucinación producto del cansancio que me embriagaba tras una larga jornada de marcha por campos desolados, no obstante me detuve horrorizado cuando los vi aparecer como por ensalmo: eran muchos y se movían con parsimonia, solemnes casi, mientras bajaban las derruidas escaleras o surgían de oscuros arcos y dinteles huérfanos de marcos y hojas. Unos ojos desproporcionados e inexpresivos me sostenían la mirada y en el rictus de sus lívidos labios creí adivinar sorna o tal vez crueldad. Ya da igual; cuando ya los tenía casi encima, mi corazón se rindió.

Ahora paso los días de mi infinita existencia entre estos muros invadidos por el musgo y el olvido, esperando, junto a ellos, a que surja por el sendero algún caminante extraviado.


Al viejo Lovecraft, maestro de maestros.

viernes, 3 de febrero de 2012

Cena de pepinos

─ ¡Eh, colega!─dijo una voz. Era Julio, más gordo que nunca─ Pásame el kétchup.
─ ¿No estabas a régimen?─preguntó María.
─Hoy no.
Cogí el kétchup.
─Aquí tienes.
─Gracias tío ─le quitó el tampón y empezó a cubrir las patatas─. Ya sabéis tíos que sin kétchup unas patatas no son patatas.
Sí lo son en realidad. Me hace gracia. Su forma de hablar y eso. Todo el mundo es tío de Julio.
─Pero Julio ─dijo María─, sin kétchup las patatas engordan menos. ¿Cuánto pesas ahora?
─ ¡No sé! ─gritó Julio. Siempre grita. Y no porque este enfadado ni nada de eso, sino que al querer hablar se ahoga y lo suelta todo de golpe. Tienes que acostumbrarte. Como los alemanes─. El médico me ha dicho que un día a la semana puedo comer lo que quiera ─dijo─, pero sin pasarme. Esto no es pasarse ─después de vaciar medio bote de kétchup, cogió el tenedor y empezó a comer.
─Has puesto demasiado kétchup Julio ─le dije─. Volverás a ponerte enfermo.
─ ¡Dejadme en paz! ─vociferó, expulsando trozos de patata por la boca. Esta vez creo que estaba cabreado de verdad─ Es mi vida, ¡joder! ¿Lo pagáis vosotros? El kétchup, ¿lo pagáis?
De pronto se acercó la camarera con nuestras pizzas ─la mía y de María ─ y las puso encima de la mesa, con gran maestría, y sin dejar de sonreír. Le devolví la sonrisa a modo de cortesía. Algunas personas se lo merecen, por el esfuerzo y eso. Le di las gracias y empecé a cortar la pizza. Me fijé en Julio, que no paraba de mirarme la pizza. La mía era de atún y cebolla. La de María una simple margarita, así que por eso miraba solo la mía. Me ponía nervioso. De verdad.

"Señor Profesor, parece usted contrariado..."


     
  Este pobre diablo lo que necesita son dos hostias, se le pasaría rápido la tontería... Pero claro, ya no hacemos eso, no... ¡Dios nos libre! De dárselas, acudirían entonces raudos sus progenitores, temblando y babeando de pura indignación. El mundo se va a la mierda, y yo no puedo hostiar a un alumno cuando se comporta como un hijo de la gran puta en mi clase. La conexión es evidente, aunque al parecer no para todos. Pedagogos y psicólogos, que no han dado clase en su puta vida, me dicen que no puedo sacarle del aula, que el niño se sentirá excluido, alienado de sus compañeros y, por tanto, de la sociedad. Me dicen que tampoco puedo gritarle, se pondrá a la defensiva y le daré la razón. Tampoco puedo poner en evidencia su estupidez, eso le dejaría algún tipo de huella traumática en su subconsciente onírico celestial o que se yo. No puedo discutir con él, pues me rebajaría a su nivel y mi autoridad quedaría en entredicho, mi clase me perdería el respeto. Eso dicen. Dicen que lo dicen. Obedezco a normas de personas invisibles, sin rostro ni identidad, cuyas enseñanzas llegan hasta mi directora por alguna vía misteriosa que los profesores desconocemos. Esas personas, entendidos en la materia, seguramente son brillantes pero nadie parece saber quienes son. Sólo se sabe lo que dicen, y que eso es la verdad absoluta. A la directora del instituto donde trabajo, esa petarda inocente y sin hijos, le encantan esas cosas, quiere estar a la vanguardia de la pedagogía experimental.  Fantástico, señora, pero quizás debería centrarse usted en como sobrevivir a los brutales recortes en educación que está aplicando el gobierno. Pero en fin, quién soy yo para decir que sus reuniones semanales sobre pedagogía son una pérdida de tiempo. Quién soy yo para criticar los métodos de esos supuestos expertos, esos visionarios... Y mientras tanto, la cosa se está poniendo surrealista de cojones. Esta semana dicen que no les debo dejar sentarse donde quieran, pues les da una ilusión de control sobre el entorno y se relajan demasiado. El mes pasado era lo contrario, no era recomendable coartar su libertad ni limitar las interacciones con sus compañeros, pues un ambiente hostil era enormemente perjudicial para su rendimiento académico...

Pobres, pobres niños de cristal, con sus malditas psiques y sus egos y sus traumas y sus complejos. Dios nos libre de destruir su futuro... Tantos miramientos y tanta polla en vinagre, a mi los curas me hincharon a sopapos y a día de hoy soy un hombre decente, un padre de familia trabajador y honrado que se ha desvivido por los suyos, que puede ir con la cabeza bien alta y contemplar su legado con orgullo. Bien, pues de repente soy un anticuado, estoy obsoleto, de puta madre. Niñas de catorce años vienen a clase disfrazadas de prostituta, con relleno en el sujetador y el tanga hasta el sobaco, pero si les llamo la atención al respecto se ponen en plan 'Erin Brockovich Feminismo al Poder', me llaman reprimido y machista, fascista incluso, y se quedan tan panchas. Si alguien de mi clase hubiese hablado de ese modo al Padre Miguel se habría ganado la madre de todas las collejas, y otra más al llegar a su casa. Pero claro, hace mucho que el Padre Miguel estiró la pata. Ahora los chavales llegan a clase sucios y apestosos, con el pelo grasiento y hierrajos por la cara, y un servidor tiene que hacer mutis por el forro.... Grupitos de chungos que fuman a escondidas durante el recreo, creyendo que nadie puede verles. Nehandertales que la toman con algún chaval introvertido y estudioso que sólo intenta encontrar su lugar en medio de todo este caos hostil.... He visto de todo en materia de abusones, auténticas aberraciones impropias de un ser humano. Humillaciones públicas, mochilas quemadas, bicis robadas, gafas destrozadas,  hasta lesiones físicas graves... Ocurra lo que ocurra, siempre acaba igual: la escoria riéndose como simios retrasados y un niño queda marcado de por vida. Y aunque me hierva la sangre, aunque el cuerpo me pida romperles la puta cara a esos niñatos de mierda, lo único que puedo hacer es arrastrar a uno o dos de ellos, los que no logren escapar, hasta el aula de castigo, donde nuestra entusiasta e ilusa directora intentará inútilmente salvar el alma de esos energúmenos con un emotivo discurso.  Es en esos días cuando me pregunto si todo esto vale la pena, si debo seguir luchando contra molinos de viento... Llevo la enseñanza en la sangre, pero de nada sirve si tengo las manos atadas a la espalda. 

Un niñato me ha faltado al respeto en clase y no he podido ni mandarle a su puta casa, donde debería estar. Porque claro, ¿Que será del mundo si saco a un puto imbécil de mi clase por liarse un porro y llamarme “degraciao”? Le he quitado el peta por la fuerza, y dice que le he hecho daño. Perfecto, mañana aparecerán sus padres con una denuncia y un parte médico, respaldados seguramente por la asociación de Padres, Servicios Sociales, Unicef, la ONU, la Guardia Civil, la Flota Estelar y seguramente algunos primos y hermanos del chico, todos con navajas y colocados de pegamento. ¿Como se defiende uno de eso? Por si fuera poco, el meluzo ese tenía la bolsa de hierba sobre su regazo. Me ha levantado la mano cuando se la he quitado, pero le han faltado huevos para cumplir su amenaza. Aún es un chaval, pero es cuestión de tiempo que se convierta en ese tipo de pirado que te hace cambiar de acera cuando se te acerca por la calle. Todo es esperpéntico, en este nuestro mundo académico. Siempre oigo hablar de la desmotivación de los profesores, que no nos implicamos con nuestros alumnos. Dicen que somos fríos, desalmados, frustrados que no triunfaron en sus campos y decidieron enseñar. La vocación de enseñar es un mito, por supuesto, como Bigfoot. Estamos tristes y enfadados porque somos unos fracasados, es evidente, no tiene nada que ver con estar día tras día metidos en clases llenas de renacuajos cabrones y maleducados que no saben una mierda sobre el respeto ni el esfuerzo. 
¿Puedo hacer el examen el viernes, profe? Es que mi novio y yo cumplimos doce horas juntos y hoy no podré estudiar. Un cuatro y medio es casi cinco, enróllate tío. No he podido hacer los deberes porque me fui a París con mis padres, no es justo que me baje la nota. Solo es un chicle, tío. ¿Que pasa, no puedo tener ganas de mear durante un examen? Tengo el móvil en silencio, no molesto a nadie por enviar un mensaje. Tío, profe, macho, hablar de usted es de viejas. Ahora lo apago, pero no es un MP3, tío, es un iPhone 40.37 BETA Premium Legend Gold Edition. ¿Que, es que no puedo comer si tengo hambre?... 
 
...Pues yo me cago en estos putos niñatos mimados y engreídos. Se creen todos tan especiales, tan únicos. El mundo no comprende su mierda de problemas. No señora, su hijo no es un subnormal incurable. Como usted ha dicho, sólo necesita motivación, claro, haré lo que pueda, siento que haya suspendido por mi culpa, por no entender sus necesidades especiales. Como las de este chaval, este aborto de latin king pachanguero de quince años que me mira con cara de asco y superioridad, como avisándome que me puede rajar cuando le dé la gana. Ha venido a mi mesa al acabar la clase, pidiéndome la hierba que le he confiscado. Ha repetido dos cursos pero aquí está, vagueando por las aulas sin saber hacer una “O” con un canuto, metido en secundaria con calzador por tutores inteptos que querían quitarse el marrón de encima. Todo con el beneplácito de sus padres, por supuesto, en algún sitio tienen que meter a este salvaje mientras ellos trabajan (o no).
-Bueno, ya está. Dámela.-Dice, el colega.-Puedes suspenderme si quieres.
-Te voy a suspender, Gabriel...
-Me llamo Flow, ya lo sabes.
Flow tu puta madre.
-Gabriel, te voy a suspender, y esto lo sabrán tus padres antes de que llegues a casa. “Mirádme como lo parto, liándome un peta en la jeta del profesor...” Pues ala, ahora tienes un montón de problemas. ¿Por que haces estas tonterías?
-Porque me sale de la polla, payaso. ¿Te parece bastante?
Nada, se puede oír la corriente de aire dentro de su cabeza. Por mucho que se empeñe todo cristo, estos críos ya llegan estropeados de su casa, a esta edad ya son irrecuperables.
-Vale, perfecto, es tu vida. No se ni porque me molesto. Vete, ya hablaremos.
-Tío, que no te enteras. La hierba no es mía, si me la quitas me dejas jodido. No sabes con quien juegas.-Dice. Habla con todo su cuerpo, moviendo la cabeza y las manos, ¿tendrá algún tipo de Parkinson prematuro?
-Me da igual, pide protección a la policía, yo tengo que irme.

Recojo mis cosas y me levanto sin mirarle. Mientras salgo de la clase noto sus ojos clavados en mi nuca. Le oigo murmurar, “duerme con un ojo abierto, hijoputa”. Que miedo me das, tonto del culo.

jueves, 2 de febrero de 2012

La gota que no colmó el vaso pero acabó en mi boca.

Gnomo_atrapado.jpg (245×377)(Continuando el relato a ver si dejamos un poco de lado tanto llanto y ponemos un poco de acción.)
Desde las alturas contemplo el nocturno paisaje de la ciudad. Mi reino, mis tierras, mi granja de humanos; tiene muchos nombres, aunque yo prefiero uno que sobresale por su nobleza: mi coto privado de caza (más privado aún desde que cazo solo). Con la paciencia y el criterio que quien lee una carta de vinos en busca de un buen reserva,  analizo y evalúo a cada víctima en potencia en busca de una sangre de calidad. Aunque a simple vista no lo parezca, cuando uno lleva ya varios siglos consumiendo ese sabroso licor, más rojo que el vino y mucho más apetecible, se da cuenta de que no toda la sangre sabe igual, basta con examinar bien los hábitos del sujeto para saber si merece la pena gastar mi energía en acabar con su miserable vida.
Veo al gordo que sale de un restaurante de comida rápida con una grasienta hamburguesa en la mano; buaj, que asco, todo lleno de colesterol y grasa, luego no digiero bien. Veo a la joven más definible como flaca que como delgada bambolearse con su bolso de marca cara; pss, seguro que en su dieta no entra nada que no sea una ensalada para comer y otra para cenar y ni siquiera aliñada, no vale la pena malgastarme por una sangre con tan poco sabor.
Entonces mi mirada se fija en otro individuo; sale del gimnasio, su bolsa y su calzado me dicen que ya es cliente habitual, está fuerte y recio, y seguro que come mucho más que la flacucha esa y mucho mejor que el obeso aquél. Sí, creo que ya sé quien me alimentará esta noche. Otra cacería, otra muerte, otra gota que tal vez no derrame el baso, pero que seguro, segurísimo, terminará en mi boca, una gota y muchas más que la sucederán.
Me aparto un poco para tomar distancia con el borde de la azotea, cojo carrerilla y salto. Sí, se dirige a un callejón; caeré, arañaré, desgarraré, morderé y mataré, y por último, comeré; o mejor dicho, beberé.
Pero algo no sale como lo planeo, justo en el momento en el que mis pies pierden el contacto con el suelo, soy embestido por una fuerza descomunal. Soy proyectado contra el muro del edificio de al lado y caigo a plomo a la callejuela que lo separa de la azotea donde me encontraba. Obviamente, no muero, pero duele; y desde lo alto veo descender una figura a toda velocidad, viene hacia mí, y eso que reluce en su mano… es una daga de plata.
Me aparto con una torpe voltereta justo a tiempo para evitar un tajo en horizontal. El sujeto lleva una chaqueta impermeable; larga, desgarrada y deshilachada. Y su rostro se ve tapado por las sombras de su capucha, pero cuando un relámpago de la inminente tormenta lo que veo es pura furia, ira ciega. Si el odio tuviera rostro sin duda sería aquél que tengo ahora frente a mí. No sé por qué, pero me resulta familiar, aunque tal vez me equivoque, sólo lo he visto un segundo.
Veo como se yergue y avanza hacia mí, poco a poco.
-¡Tú!-Farfulla-¿¡Qué hiciste!?
-¿Yo?- realmente no entiendo nada. –Pero ¿Qué demonios quieres de mí?
-Oh ¡cállate! ¡Tú! ¡¡¡Tú la mataste!
De nuevo empuña su hoja plateada y arremete contra mi en una estocada que evito simplemente con apartarme. Levanto la rodilla, tratando de golpearle en el estómago pero sólo hallo el aire, pues el desconocido ya está a varios metros de distancia.
Buscando desesperadamente en mi cinturón, por fin encuentro lo que buscaba, mi propia daga, aquella con la que me llevé la vida de mi hermano, y de mi amada. Mi amor… pero ¿cómo lo sabe él? ¿Y qué demonios le importa?
Cargo contra mi enemigo en una carrera llena de recuerdos, unos buenos, otros malos, sobre todo malos, como aquella noche en que los perdí a los dos. Después de tres segundos que me parecen tres días, alzo mi cuchilla y descargo toda su afilada ira contra el hombre, directo a la yugular. Siento que el corte es profundo, hallo carne y oigo el chapoteo de la sangre. Pero cuando me digno a mirar contemplo, atónito a mi atacante sujetando mi arma por la hoja con su mano libre y empujando para alejarla de su cuello. Ahora veo mejor su cara, que expresa el dolor más intenso que he visto nunca, y ya lo debe de sentir, pues la mano con la que bloquea mi daga está empapada en su propia sangre, y a pesar de mis esfuerzos, él la repele con una fuerza implacable, sin importarle el corte cada vez más profundo que se abre en sus dedos. Lo miro, anonado y lo único que logro decir es tan obvio que suena estúpido.
-Tú no eres humano.
-Vaya, felicidades, Einstein. –Aplica una fuerza incluso mayor y me golpea en la cara con el mango del puñal, cosa que me obliga a soltarlo.
No, no es humano, pero ¿De verdad es un vampiro como yo? Mi fuerza no puede ni medirse con la suya.
Me propina una patada en la oreja que me lanza casi al final del callejón, durante unos segundos casi no puedo oír nada, solo un zumbido, que a la larga se transforma en un pitido cada vez más grave. Mi oponente lanza mi hoja al aire, donde da una vuelta antes de que este la coja, esta vez por el mango. Ahora su rostro me muestra otra cosa, no es ira, no es dolor, solo satisfacción, una satisfacción tan sádica que me asusta incluso a mí. Se acerca, poco a poco pues sabe que el dolor me impide casi levantarme. Y si lo hiciera ¿Qué cambiaría? Es mucho más fuerte que yo, por lo que seguro que es más rápido; huída descartada. Y ahora él tiene dos dagas de plata mientras que yo solo cuento con mis garras y mis dientes, recurso que seguro que él también posee; combate inútil.
Mientras camina, afila los cuchillos uno contra el otro, relamiéndose.
Es curioso, tantas gotas, tanta sangre, y nunca llegué a llenar el baso, ¿Quién me iba a decir que la gota que lo colmaría sería una de mi propia sangre?

HAIKU DEL TIEMPO PERDIDO (By Gandalf)

Podía volar.
Prefirió caminar.
Acabó reptando.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El descenso


Dijiste que si seguía tus ordenes todo estaría bien, que si obedecía no tenía nada que temer, pero mentiste, usaste tu poder para cometer actos horribles usando como excusa a aquel que estaba sobre ti.

Sin piedad, sin remordimientos, decidiste hacer justicia por tu mano, te aborrecía oír a esos pecadores confesarse en tu iglesia y luego continuar con sus porquerías pensando que ya tenían la salvación.

Yo fui tu fiel seguidora, obedecía porque creía ciegamente en ti, tus palabras eran mi ley y mi razón de ser pero mentiste. Ahora que veo el rojo sobre tu rostro, el filoso cuchillo que sostienes con firmeza horripilante, me llamas a tu lado sonriendo, acaricias mi cabeza esbozando esa horrible sonrisa.

-todo estará bien mi ovejita-

Dos semanas y ya van siete pecadores caídos, cada día llegas igual, manchado de rojo, con el cuchillo en tu mano y esa sádica sonrisa. Crees que dios te ha enviado para ejercer su poder entre los mortales pero solo eres otro demente que anda suelto por el mundo. Te me acercas y rodeas con tus manos rojas mi cintura.

-ver tanta sangre me excita- pensé que los curas no podían hacer estas cosas- somos personas querida, también tenemos nuestros impulsos- no eres diferente a mi- claro que no querida-

Lo besé sin ningún pudor, la cosa frente a mi soltó un pequeño gemido, está porquería no era mejor que todos esos asesinos que andan sueltos. No digo que haga la voluntad de dios, porque no la conozco pero algo me ha enseñado esto, no soy digna del cielo por mis pecados entonces… simplemente me dejare caer al profundo y temible infierno, si le veo el lado bueno, no pasare frio.

Te quito el cuchillo mientras bajas tu boca por mi cuello, solo puedo pensar en ti como una asquerosa babosa que ensucia mi piel, déjame hacerte un favor, no llegaras al cielo pero nos veremos en el infierno.

El cuerpo cae sin vida a mis pies, la sangre fluye por tu cuerpo manchando las tablas del suelo.

Luego de lanzarte al infierno debo limpiar la porquería que has dejado en la casa de dios. Con el tiempo comprendí que no existen cosas como el representante de dios en la tierra, todos tienen sus defectos, como aquel que se atrevió a tocar a ese niño pero ya he hecho una parte del trabajo. La ciudad se quedo en silencio… las luces brillaban pero nadie salía a bailar o simplemente a pasear.

Me interne en el bosque y me arrodille sobre esa madera dispuesta como una escalera terrestre, sentí el metal enterrándose en mi piel. Cerré los ojos pero nadie me respondió, una intensa luz comenzó a brillar, fueron fracciones de segundos pero lo comprendí, ya perdí el cielo y ahora solo me queda descender, descender hasta el oscuro abismo.

Y sobre aquella luz que vi ese día, no tiene caso pensarlo, aunque debo admitir que no recordaba que el tren aun pasara por ahí.