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jueves, 29 de marzo de 2012

Yami no matsuei (9)


Bajo aguas tranquilas.

Como lo había predicho Sebastián, Caín armó un gran escándalo al ver las ropas rotas de su amada princesa. Tomó a Joshua por el cuello de la camisa y comenzó a sacudirlo mientras le gritaba.

-¡¿Qué le has hecho a Alice?!-

-Por favor cálmate, puedo explicártelo pero-

-¡Dilo de una vez!- grito Caín observándolo enojado. Alice tomó su mano despacio.

-Él no me ha hecho nada, fue un accidente-

-Pero…-

-Supongo que no tendré otra opción- suspiro levemente, Sebastián sonrió.

-Un hombre los atacó en la rueda de la fortuna, percibí algo y fui a ayudarlos, sino fuera por Joshua la princesa estaría seriamente herida o muerta-

-¿De verdad Alice?- pregunto Caín.

-Sí…-

Caín soltó a Joshua sin siquiera disculparse y tomó la mano de Alice para llevarla a casa. Eliot iba sonriendo mientras les contaba sus próximos planes para ir a la playa, Sebastián lo observó algo irritado pero fingió una sonrisa.

-A todo esto, ¿Qué haces con esas orejas de gato?-

-Son muy lindas- se volteó a Nicole- ¿Y las que te presté?-

-Lo siento, debieron caerse en la rueda de la fortuna-

-Está bien, cuando lleguemos a casa te daré unas muy lindas pero cuídalas-

-Claro-

-También te daré unas a ti Sebastián, unas de osito, se te verán bien- se quitó las orejas de gato y se las colocó a Sebastián, este lo miró fijamente tratando de controlarse, no estaba de humor para las bromas de Eliot- ¡Te quedan muy bien!- le grito Eliot en el oído. Joshua se percató de la molestia del demonio y apartó a Eliot.

-¿Te gustó el parque de diversiones?-

-Fue divertido, y también tomé algunas fotografías, oye Sebastián- saltó frente al demonio y le tomó una fotografía con las orejas de gato, Sebastián apretó los puños a punto de golpearlo pero una voz lo detuvo, era Alice cantando- Princesa…-

Camino en silencio tras ella y se perdió en sus pensamientos, esa melodía era la misma que escuchó cuando se conocieron, la misma melodía que lo cautivó porque cuando conoció a Alice, fue la primera vez que logró calmar su sed de sangre.

“”””””””””””””flashback”””””””””””””””””

-Esto es aburrido- terminó diciendo al mismo tiempo que atravesaba la garganta del hombre a sus pies- sangre… roja y tibia sangre-

Caminó entre la pila de cadáveres que se esparcía a su alrededor y se interno en el bosque, había perdido la cuenta de cuantos demonios y humanos había asesinado, todo con tal de ver ese preciado liquido regarse por el suelo. Diviso la casa junto al lago y esbozo una sonrisa, su vida ya no le importaba, por eso se entregaba a los placeres de la sangre y la matanza libre, era conocido y temido por todos, incluso por los miembros de su clan. Luego de meditarlo bajo una lluvia roja decidió que no tendría el valor para acabar con su propia vida así que asesinaría a aquel ser que se la otorgó.

Deslizo la puerta corrediza y acabó con todo aquel que se interponía en su camino, asesino a veinte personas sin inmutarse pero aun no daba con su objetivo final, su madre.

Se dirigió hacia el lago de aguas rojas, tan rojas como el color de su líquido favorito, la sangre. Desde pequeño que se había destacado como un gran maestro del agua, a pesar de ser el segundo hijo tenía todas las posibilidades de convertirse en el siguiente sucesor de su padre pero todos sus deseos desaparecieron cuando se entero de los sucios negocios que hacia su padre y la gente de su clan. Por la superficie eran un apacible clan conocido por su gentileza pero en las sombras eran asesinos sigilosos que actuaban por dinero. Esto le demostró que la hipocresía no era exclusivamente de los humanos como pensaba, si su familia era así no podía esperar nada de otras personas. Siempre le habían inculcado el valor de la honestidad y según su propia moral su familia representaba un peligro para cualquier forma de vida así que simplemente los hizo desaparecer.

Divisó la silueta de su madre junto al lago y se acercó sonriendo, la mujer se volteó al verlo y fijo sus ojos ámbar en su hijo.

-Te esperaba Sebastián-

-Me alegra oírlo madre, ya sabes a que vine ¿verdad?-

-Sí… tu padre estaría orgulloso, has aprendido muy bien, hijo-

-Gracias, dale saludos a mi padre cuando lo veas en el cielo-

Alzó la espada para mirar por última vez a la mujer de cabellos rojizos, al ser que le dio la vida y la causante de sus miserias. Descendió la espada rápidamente y atravesó su pecho sin compasión, tomó el cadáver en sus brazos y lo dejó flotando sobre el lago, dirigió su palma para comenzar a agitar las aguas y el cadáver se perdió en las profundidades. Esquivó una cadena tras él y observó al hombre de cabellos rojizos.

-No te esperaba, Ismael-

-¡¿Qué has hecho?! Asesinaste…a nuestra madre…a papá…- comenzó a llorar- ¡¿Por qué lo hiciste?!-

-No tengo nada contra ti Ismael, vete de aquí-

-Sebastián…-

-Nuestra familia era una vergüenza, predicaban ser buenas personas cuando en verdad solo eran unos asesinos, nos enseñaron a acabar con la escoria, eso hice-

-¡Maldito!-

Lo atacó llorando pero Sebastián lo esquivo fácilmente, apareció tras su hermano mayor y acaricio su mejilla, ese sería el último contacto que tendrían.

-Puedes odiarme si lo deseas, espero hermanito que tú no te ensucies como esos bastardos. Me alegra saber que al menos tú conservas algo de inocencia en este lugar. Adiós-

-Sebastián…-

Desapareció del lugar y los siguientes días se dedicó a vagar por infinidades de lugares. Al cabo de una semana llegó a la conclusión de que no había nada sobre la tierra que valiera su interés, entonces decidió que ya era hora de acabar con todo. Se acercó hasta un barranco y observó como el agua fluía en sus profundidades, siempre se calmaba cuando sentía el agua acariciando suavemente su piel y ahora que se haría uno con ella, le parecía tranquilizante.

Se disponía a saltar cuando un ruido llamo su atención. Se internó en el bosque y distinguió el sonido como una canción, llegó hasta un hermoso lago de aguas cristalinas y vio a una joven que daba vueltas mientras saltaba sobre el agua. Vestía toda de negro pero lo que más llamó su atención fueron sus ojos bicolores, una esmeralda y una joya azul. La joven lo observó sonriendo y apareció frente a él sin dejar de cantar.

-Eres… la princesa oscura- pronuncio Sebastián. La joven dejó de cantar.

-¿Quién eres?- dijo sonriendo.

-Sebastián… ¿Cómo se llama la canción que cantabas?-

-“Si deus me relinquit”-

-Es bastante triste-

-Sí… no cualquiera sabe apreciarla, ¿Aun piensas saltar?-

-¿Qué…?-

-Te vi en el barranco-

-No tengo razones para quedarme aquí… ya perdí todo lo que amaba-

-Hueles a sangre- dijo la joven abrazándolo para luego lamer su cuello- Te gusta la sangre ¿verdad?-

-Sí…-

-Eres la primera persona que no sale corriendo al verme, eso me hace feliz, eres un maestro del agua ¿verdad?-

-Sí…- respondió sorprendido.

-Ven conmigo, el agua puede calmarte y te ayudara a pensar con claridad, incluso cantaré para ti- lo llevó al centro del lago tomando sus manos- Me llamo Alice-

Sebastián se sentó a la orilla del lago para descansar un poco, la joven estaba danzando sobre el agua mientras cantaba. Sebastián fijo sus orbes ámbar en aquella criatura y esbozó una pequeña sonrisa.

“Quizás no sea tan malo si continuo viviendo”

“”””””””””””””fin del flashback””””””””””””””””

Sebastián sintió un suave golpecito en su frente, vio que estaba afuera de la mansión y Alice permanecía de pie observándolo.

-¿Estás bien?-

-Sí… solo estaba perdido en mis pensamientos- sonrió.

-Entremos, los demás ya- no alcanzó a terminar la oración cuando Sebastián la abrazó.

-Déjame quedarme así un momento-

-Actúas extraño Sebastián-

-Canta para mí, esa misma canción que me cautivó cuando nos conocimos-

Alice lo abrazó y comenzó a cantar con su suave voz. Joshua observaba la escena desde el segundo piso, aquella persona le parecía muy frágil, todos en esa casa dependían de una u otra forma de Alice, acarició el vidrio del cristal despacio.

-Todos depende de ti, Alice… ¿De quién dependes tú?-

AL (By Gandalf)


-Veamos; son siete mil doscientos ochenta a repartir entre nueve…Busco algo que multiplicado por nueve dé setenta y dos. Pruebo con ocho: nueve por ocho, setenta y dos…¡estupendo! Le resto setenta y dos a setenta y dos y obtengo cero. Ahora bajo el número siguiente…¡un ocho! A ver…nueve por uno…¡no puedo; se pasa! Así que pongo cero al cociente y bajo la cifra siguiente (¡Je!, siempre me gustó esta cantinela infantil). Ahora serían ochenta a repartir entre nueve…y me cabe a ocho; así que resto setenta y dos a ochenta y me vuelven a sobrar ocho. De manera que en el cociente tengo…ochocientos ocho.

Aquí tienes, Jimmy; tus ochocientos pavos. El pico me lo quedo yo.

-Gracias, Al; ha sido un placer como siempre poder trabajar contigo. Si me necesitas, ya sabes…

- Ya lo sé, chico; no tienes por qué darme las gracias. ¡Jack, acompaña a Jimmy hasta la puerta; hay que ser educados con los amigos, Jack!

Cuando Jimmy pone un pie en el callejón al que da la puerta trasera del edificio, Jack le descerraja tres tiros en la nuca; luego le vacía los bolsillos y tira el cuerpo dentro de un contenedor.

La voz de Al grazna desde la ventana: -¿Todo bien, Jack?-

-Sí jefe, descuida; sólo estoy despidiéndome del chico- contesta Jack mientras enciende un cigarrillo.

En el piso de arriba resuena una carcajada pronto sofocada por el ruido del motor del camión de la basura que se aproxima.

El rincón de la vida


El vehículo que adquirió lo hizo a precio de chatarra, principalmente, porque lo compró en un desguace y era digno de ese lugar. La carrocería estaba en un estado aceptable, pero el motor era una especie de rompecabezas al que le faltaban un buen montón de piezas. Cuando llegó a casa con semejante mole de hierro, su madre se encerró en el dormitorio, mientras que el padre le ayudó a hacerle un sitio en la parte trasera de la caravana.
─¿Sabes lo que va a decir tu madre?
─Oh, papá, vamos..─dijo Mario fatigado─ No puedo seguir yendo al trabajo andando, seguro que lo entenderá.
─Podrías decírselo a tu tío. Te lo he dicho cientos de veces. Solo tiene que desviarse una calle para recogerte, le viene de paso.
─Quiero depender únicamente de mi mismo, ya lo sabes. Además, ya es demasiado tarde.

En las siguientes semanas, se hizo asiduo de talleres y del resto de desguaces de la ciudad, buscando repuestos con los que poder poner operativo su nuevo juguete. Le llevaba todo el día. Por las mañanas iba a la fábrica a trabajar, y por las tardes, con la ayuda de Marc, su ayudante de cinta, iban a por las piezas que faltaban. Llegaba a las tantas a casa, y siempre encontraba a su padre, sentado en la mesa deslizadera de la caravana, mirando tras la ventana, con dos tazas de café y un humeante cigarillo de picadura.
─¡Hola papá! ¿Qué tal el día?
El padre dio una calada al cigarro y lo miró, con unos ojos que parecían al de un bebé recién nacido.
─Hola Mario. Toma, esto es para ti ─dijo el padre, arrastrando la taza de café hasta el borde de la mesa.
─¿Cómo está mamá? ─preguntó Mario─ ¿Ya está en la cama?
─Hijo...siéntate─dijo su padre, ahogado. Mario tiró la mochila a un lado y se sentó─ Verás ─siguió su padre─, tu madre, se encuentra en estado crítico desde esta mañana.
─¡¿Qué?! ¿Dónde está?
─En la habitación, pero...
No había terminado la frase y Mario ya se hallaba de camino hacia la habitación, pero justo antes de girar el pomo su padre le agarró del brazo.
─...pero me ha dicho que la dejemos descansar, no quiere ver a nadie.
Entonces Mario y su padre se abrazaron, y echaron a llorar. La madre padecía cáncer de pulmón desde hacía años, y ahora se hallaba en fase terminal. Al principio, cuando se lo detectaron, les dijeron que todavía podría superarlo si se hacía el tratamiento adecuado, así que invirtieron todos su ahorros para poder pagar al mejor oncólogo de la ciudad, pero la enfermedad empeoró drásticamente con los años, y ni la quimioterápia, ni el mejor oncólogo, ni las medicinas pudieron parar el crecimiento del cáncer. Y esto los arruinó. Vendieron su casa, el padre perdió el trabajo y Mario tuvo que dejar la universidad para ponerse a trabajar.
Dos diás después su madre fallecía en la cama, en compañía de su único hijo y su marido. Decidieron no decírselo a nadie, pues sus pocos familiares que les quedaban apenas se habían preocupado por el estado de su madre durante todo el proceso del cáncer. Hicieron el funeral como pudieron y la enterraron en el cementerio viejo del condado del Baldimore, junto a los abuelos. Y voy a parar porque no sé cómo salir de este drama...

C'EST L'AMOUR...




RUBÉN



Marta tiene un aspecto horrible esta mañana, como si hubiera envejecido diez años de golpe. El pelo descuidado y encrespado, bolsas bajo los ojos, la postura encorvada. ¡Madre mía! Espero que no tenga ganas de hablar de ello, es demasiado temprano para aguantar uno de sus soporíferos melodramas. «Nadie me quiere, que fea soy, odio este trabajo, mi perro parece decaído, cada vez tengo más arrugas, estoy engordando otra vez, moriré sola...» ¿Que será esta vez? Estamos tomando café donde siempre, ella mira su taza con expresión lastimera. Amiga mía, ni aunque les mordieras la chirla espantarías a los hombres con más eficacia. No es nada nuevo, simplemente ha dejado de divertirme. Esto es patético. No puedo disfrutar de mi café con leche y mi bollito cuando esta niña parece apunto de llorar. ¡Un poco de orgullo! Me mira. Madre mía, ahí viene.

-¿Sabes que la semana que viene cumplo cuarenta años? -Me dice, mustia como una pera podrida.
-Claro, cariño, ¡tenemos que armar una gorda! -Le digo, con un entusiasmo más falso que el chándal Naik de mi armario.
-No se si me apetece mucho, Rubén... Ese número sólo me recuerda que el reloj ya tiene más arena abajo que arriba...
-¡Peligro, se acerca Marta la llorona! ¡Que alguien detenga a esa perra! -Digo, alzando los brazos.

Y ahí esta, riéndose bobalicona. Le encantan mis numeritos de mariconeo. Yo personalmente no tengo ningún problema en complacerla mientras consiga evitar que monte una escena. Es de chiste, esta mujer. Si Marta tuviera un manual de instrucciones estaría escrito en un post-it, y aún sobraría espacio para dibujar un bodegón. Es como una niña pequeña, una pedorreta en la barriga y se acaban todos sus males. Deberían darme una medalla por callarme lo que realmente pienso de sus deprimentes complejos. De verdad, me parece asquerosa toda esta gente que se pasa el día pregonando sus desgracias, intentando que los demás estemos tan deprimidos como ellos. ¡Menos llorar y más mover el culo! Si no te gusta tu vida, ajo y agua, o te callas o haces algo al respecto. Tantos años con la misma historia, estaría bien que empezara a agradecer los esfuerzos que hago por ella. Después de todo, soy el único que la aguanta, y no me extraña. ¿En que clase de círculos podría encajar, una mujer así? Una policía marimacho, rolliza y plañidera empeñada en propagar su miseria como si de un apestoso virus mutante se tratara. Es insoportable. Es de recibo que no tenga amigas, el problema es que es el menda quien se come el marrón. Me llama a todas horas: para ir al cine, o de compras, o a tomar un cochino café. Juro por Dios que cada vez que suena mi móvil se me hace un nudo en la garganta. ¿Que por qué quedo con ella si me molesta tanto? Pues yo que sé, la mujer me da lástima, no puedo negarme cuando la oigo mendigar patéticamente un poco de contacto humano. Menuda cruz... Suerte que con los años he aprendido a aplacar sus rabietas y melodramas con una serie de trolas baratas. Sus ojos centellean ahora de húmeda gratitud, y me coge de la mano. Esta petarda se cree que no sé que quiere pasarme por la piedra. Como suele decirse: «el coño le da palmas.» Va a ser que no, amiga, no eres mi tipo, ni mi género. Me pregunto qué cara pondría si supiera que hace pocas horas un travesti africano llamado Triana me estaba pegando manotazos en la polla. Le resultaría tan imposible de creer que le añade un morbazo que te cagas al asunto. Supongo que volveré a llamarle esta noche, se estará muriendo por agradecerme la generosa propina que le dejé. Si en algo no hay que racanear, es en el sexo. Apuntadlo.

-Ai, Rubén, no se que haría yo sin ti, de verdad...

Y entonces hace un ademán de cogerme la mano, pero en el último momento se echa para atrás. Menos mal. Estamos de servicio, y no es plan que los parroquianos vean a dos policías haciendo manitas. No quiero perder lo único que hace que este trabajo vale la pena, esas suculentas miradas de respeto y desconfianza, sazonadas con odio y miedo. Te acercas a ellos y se ponen nerviosos del carajo. No todo el mundo, es cierto, pero cuando sucede es desternillante, cuasi orgásmico. Ojos huidizos, manos nerviosas y sudorosas, pensando en todas las cosas ilegales que han hecho en su vida, incluso las que pueden haber hecho sin darse cuenta. Pero claro, luego llega Marta con su sonrisa cálida y sus ojos comprensivos diciéndoles que no hay nada de que preocuparse. Espantapollas doctorada, aguafiestas freelance. ¿Como se puede tener horchata en las venas después de toda una vida de tragar mierda? Humillaciones escolares, un salvaje acné juvenil, vida sexual nula, soledad perpetua. Si yo fuera ella me pasaría el día jodiendo a la población de este mundo cabrón y por la noche pagaría a un mulato enorme para que me diera un buen repaso. ¡Ups, pero si es lo que hago! Qué más da, de tener la triste vida de Marta tendría aún más motivos para hacerlo. Sorbo mi café, con una sonrisita hipócrita. Delicioso.



MARTA


No se va a acordar, por supuesto que no. Al fin y al cabo no hablábamos en serio. Reconozco que fui una ilusa, Rubén. Estábamos haciendo el tonto, sin sospechar siquiera que llegaría el día en que tendríamos que enfrentarnos a esta triste realidad. Mi roca, la luz de mi vida, si supieras lo que realmente tortura mi corazón... Llegaste a mi vida como un huracán, un inesperado regalo del destino, nueve años atrás, cuando estaba tocando fondo. «Este es tu nuevo compañero, Rubén, un tipo alto, atractivo, sensible y bravo ante la adversidad, que ha llegado en un caballo blanco para poner fin a tu soledad.» Creo que esas no fueron las palabras exactas del comisario, pero eso fue lo que oí. Congeniamos tan rápido que me sentía como borracha, nadando en la irrealidad. Y aquí sigues, a mi lado, nueve años después, preocupándote por mi y aliviando mis penas. Mi amigo, mi amor secreto. «Mira, hagamos un pacto, si a los cuarenta los dos seguimos solteros, pues nos casamos. ¿Que me dices?» Pues claro que sí, mi amor, y luego nos reímos un rato de ese triste futuro que nunca habría de llegar. Bien, pues ha llegado el momento, el tiempo ha atropellado nuestros sueños. Me he despertado con la vana esperanza de que lo recordara, de que en su promesa hubiera el mismo deseo oculto que había en la mía, pero no da señales de hacerlo. Algo le preocupa, eso es evidente, parece algo distraído esta mañana. Quizás... Es un hombre tan retraído, tan complejo... Su timidez siempre le ha dado un atractivo especial, aunque también ha lastrado todas sus relaciones, sociales u románticas. No tiene amigos fuera del trabajo, así que siempre intento hacer planes con él para que no esté siempre sólo. Lo más triste, no obstante, es su vida sentimental. Que yo sepa no ha tenido nunca ha tenido pareja, puede que incluso sea virgen. No me extrañaría en absoluto, siempre ha disfrazado su timidez de cinismo, es algo habitual. Trata a las personas con brusquedad, aterrorizado ante la idea de que alguien llegue a conocerle de verdad. Hace unos años llevó la cosa incluso más lejos. De un día para otro, me salió con el cuento de que era homosexual, ¡menuda tontería! Le conozco lo bastante como para saber que se inventó esa historia para justificar su falta de vida amorosa. Si ese hombre es gay, yo soy una jirafa. Nunca le he visto con un hombre, ni le gusta salir por el ambiente ese, viste como una persona normal y le he visto reducir con gran facilidad a maleantes enormes. ¿Esa es la vida de un gay? ¡Por favor! Es cierto que de vez en cuándo actúa como una locaza para hacerme reír, pero la verdad es que lo hace fatal, se nota que no le sale de dentro. Un tipo atractivo y varonil como él sería un caramelito irresistible para cualquier maricón de la ciudad. No cuela, cariño. Lo único que ha conseguido con esa historia es que le desee aún con más intensidad. Sabe que estoy pasando por una mala racha y no quiere que me preocupe por él, por su soledad. Es la única persona que ha sabido comprenderme, y aunque no recuerde (o finja no recordar) nuestro viejo pacto, he pensado en el modo de conseguir que se abra, de poner un poco de alegría en su vida. «Ai, Rubén, no se que haría sin ti...» Pues morir, mi vida, eres lo único que vale la pena de este mundo. Le veo ahí sentado, bebiendo su café, mirando al vacío y apretando los labios de vez en cuando, quizá buscando las palabras adecuadas. Es el momento.

-Oye, cariño, hay algo que debo contarte... -Le digo.
-¿Si? -Dice, aparentando indiferencia. No cuela, veo un atisbo de miedo en sus ojos, casi siento como se acelera su corazón -¿De que se trata?
-Pues... -Digo, y cojo aire - He decidido que quiero tener un hijo.
-¡Vaya! -Dice, parece casi aliviado. ¡Ja! Lo mejor está aún por llegar - ¿Y eso de donde sale?
-Mira, Rubén... voy a cumplir cuarenta años, ya no soy ningún chollo. Mira estas arrugas, estas lorzas... ¿Que hombre querría estar conmigo?
-¡Marta, por el amor de Dios, no empieces con eso! -Dice, parece realmente molesto. Odia que me infravalore, es tan mono... - ¿Cómo tengo que decirte que eres una mujer increíble? No has tenido suerte en el amor, es cierto... pero tener un hijo me parece exagerado, es como tirar la toalla.
-No es algo que haya decidido de sopetón. Hace tiempo que me ronda por la cabeza. Puede que algún día encuentre a un hombre dispuesto a estar conmigo, que lo dudo, pero para entonces puede que ya sea tarde, la menopausia está a la vuelta de la esquina... Quiero ser madre, y se me acaba el tiempo.
-Madre mía... ¿Te lo has pensado bien? Tu vida se va a volver del revés.
-Si, y la verdad es que tu apoyo es muy importante para mí.
-En ese caso... ¡Qué demonios, enhorabuena! Tienes mi bendición.

Dice eso, pero su mirada está hueca. Parece confuso, irritado incluso. Es exactamente lo que pretendía. Así es, mi querido Rubén, tu pequeña Marta va a montar en el tren de la aventura y no hay un billete para tí, al menos de momento... Me levanto de mi silla y él hace lo propio. Le doy un fuerte abrazo. Él intenta mantener un poco las distancias pues no le gusta demasiado que le toquen, pero no pienso dejarle escapar. «Va a tener un hijo...», les dice a los parroquianos, como si intentara justificar esa muestra de afecto. No puedo resistirme a él cuando muestra su timidez, quiero romper ese cascarón y comerme la pulpa. La gente, salvo un par de borrachos matinales que se ponen a silbar como locos, se limita a murmurar enhorabuenas y felicitaciones. Volvemos a sentarnos. Ahora viene lo gordo, me siento nerviosa y acalorada, con el tacto de sus firmes pectorales aún fresco en mi mejilla.

-¿Y bien...? -Dice él, recomponiéndose el uniforme, avergonzado -¿Como piensas hacerlo?
-Bueno... Estoy barajando varias opciones -Le digo, haciéndome la interesante -Pero sólo hay una cosa que tengo clara.
-¿El qué?
Se hace el silencio. El corazón me late con tanta fuerza que sería raro que no estallara. Me sudan las manos. Pero no, este no es el momento de titubear. Pon las cartas sobre la mesa, Marta, lánzate al vacío.
-Quiero que tú seas el padre...
-¡¿Eh?! -Dice, tras atragantarse con su bollo. No hay palabras para describir la expresión de su cara, es como si se la hubiera pillado con la bragueta. ¡Esta si que no se la esperaba! - Marta, por favor, dime que no has dicho que...
-¡No tendrías que hacer nada que no quisieras, te lo prometo!
-Para el carro, en serio. Esto es una locura.
-¿Por qué? ¿Por qué es una locura? Eres la persona más importante de mi vida, eres listo, atractivo, sensible... No puedo pensar en nadie mejor que tú. Yo me ocuparía de todo. No tenemos por qué hacerlo de forma natural, sólo te pido tu semilla. Podríamos ir a una clínica de esas y...
-No.

¿Qué?

-¿Como dices...? -Le pregunto, incrédula. No puede ser, es imposible que diga que no, él no me haría eso. Sus ojos, Dios mío, nunca los había visto tan fríos, tan lejanos. Es como si no los conociera - Rubén, por favor, hablemos de ello, sólo te...
-¡Que no, Marta, joder! ¡Ni de coña! -Dice, levantándose bruscamente de la silla. Se dirige hacia la salida y sus últimas palabras, apenas un murmullo, me desgarran el corazón - Estás para que te encierren, hostia puta...

Y ahí me quedo, sollozando como una niña. Agente Marta Garcés, protectora del pueblo, azote de los villanos, estúpida del siglo. Todo está borroso, y una sensación de vértigo se apodera de mí, nada parece tener sentido. ¿Por qué, Rubén...? Y entonces la vieja semilla de una sospecha, aterradora, empieza a germinar.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Yami no matsuei (8)


Diamante de sangre.

Logró alcanzar al joven hasta un estadio vacio, debía asegurarse que no hubiera nadie en los alrededores para no lastimarlos. El hombre de cabellos dorados se volteó sonriendo mientras dirigía su palma derecha hacia ella.

-Hola princesa, vamos a jugar-

Le lanzó una lluvia de agujas, la joven las esquivó fácilmente y detuvo algunas con su mano para lanzárselas de regreso. El hombre comenzó a reírse y apareció tras la joven de ojos bicolores, acarició su cuello despacio y le hizo un corte en la mejilla derecha para luego lamer la sangre de sus dedos.

-Delicioso-

-Maldito-

-Es mejor que la dejes salir de una buena vez, en tu estado actual no eres rival para mi, princesa-

Le hizo un corte diagonal en la espalda, Alice se impulsó hacia adelante y quedó arrodillada a unos metros. El demonio de ojos ámbar aprovechó el descuido de la joven y materializó una espada plateada en su mano para darle fin a la vida de la mujer. Alice cerró los ojos cuando escuchó un ruido y luego una risa que le era muy familiar.

El demonio de ojos rojos la había protegido deteniendo la espada con sus manos, le dio un giro y la rompió en dos mientras sonreía.

-Que mal y pensar que te costó tanto materializar esa arma, Ismael-

-Y el perro vino a rescatar a su amo-

-¿Qué haces aquí? Pensé que estabas muerto en algún lugar- dijo Sebastián sonriendo.

-Para tu mala suerte, no lo estoy, hermanito- dijo la última palabra con gran odio en su voz- La próxima vez asegúrate de que este muerto-

-Ahora lo hare-

Se miraron fijamente sin el ocultar el odio mutuo que se tenían. Ismael esbozó una sonrisa y juntos sus manos para luego hacerse un corte en la palma y arrojar su sangre a un lado. Hizo aparecer una esfera de diamante en su mano derecha y la deposito sobre su sangre. A los pocos segundos comenzó a tomar forma e imitó la silueta de Ismael manteniendo su color cristalino.

-Así que ya puedes controlar el diamante a tu antojo- dijo Sebastián sonriendo.

-Correcto, esta vez no me derrotaras y mientras mi duplicado te asesina yo acabaré con tu preciada princesa-

Sebastián intentaba esquivar los ataques del duplicado de diamante mientras observaba como su hermano menor se acercaba a Alice con un látigo plateado. Se sorprendió al ver que el duplicado se movía por sí mismo, como si tuviera consciencia propia.

Ismael se acercó para acabar de una vez por todas con la temida princesa oscura, la golpeó en el brazo derecho con fuerza.

-Vamos princesita, ¿esto es todo lo que tienes? Déjala que salga de una vez, quiero ver a Lacie-

-Bastardo-

-Que lindos ojos tienes, me aseguraré de quitártelos y llevármelos como trofeo-

Le dio otro latigazo en la mejilla derecha dejándola en el suelo. La joven se levantó para huir pero un dolor punzante atravesó su pierna derecha, se volteó observando que una filosa aguja de diamante lo atravesaba.

Ismael sonrió satisfecho al ver toda la sangre en el suelo, al igual que su hermano mayor tenía una preferencia poco sana por la sangre. Se arrodilló frente a la joven y le quitó el cascabel que llevaba en el cuello.

-¿Por qué usas esto? Te verías mejor sin él-

-Devuélvemelo- dijo enojada.

-Oblígame, princesita, parece que tengo algo valioso para ti-

Alice se quitó la aguja de la pierna derecha y se levanto enojada, aquel cascabel era el único recuerdo que le quedaba de Gabriel, era lo único por lo que aun guardaba algo de aprecio. Se quedo quieta unos segundos.

“-Déjame salir de una vez, tienes que recuperar ese cascabel, yo puedo hacerlo-

-No… volverás a matar…-

-¿Entonces no te importa perderlo? Gabriel estaría muy decepcionado, déjame hacerlo, me encargare de destrozarlo lentamente-“

La joven alzó la vista sonriendo mientras caminaba hacia Ismael, este retrocedió unos pasos guardando su distancia, por la expresión de su cara debía ser Lacie, khael le había advertido que tuviera cuidado con ella o acabaría muerto, más aun cuando Lacie dominaba a la perfección el sonido. Observó como la joven comenzaba a cantar al mismo tiempo que se acercaba, el demonio se mantuvo en su lugar sorprendido.

-Mierda… se supone que tú...- dijo sin moverse. La joven llegó a su lugar y le quitó el cascabel guardándolo entre sus ropas, le dirigió una mirada a Ismael sonriendo.

-Eres un iluso-

-¿Qué…? Alice…-

-Supongo que muchos se intimidan con solo verme no pensé que la reputación de Lacie me fuera útil-

-Así que me engañaste ¿Y esa canción?-

-Es algo que aprendí de Lacie-

-Has quedado indefensa ante mí, princesa-

Le enseño su palma para lanzarle más agujas de diamantes, Alice saltó hacia atrás para repeler el ataque, cuando las agujas estaban por alcanzarla una sombra negra la cubrió y la apartó hacia un lado, Alice observó como una sombra los cubría a ambos.

-¿Estás bien?- preguntó Joshua.

-Eres un domador de sombras…-

-No es la respuesta que esperaba oír- sonrió- Lo siento pero no podía quedarme tranquilo hasta saber que estuvieras bien-

-Joshua-

-Yo me encargaré de él-

Joshua se levantó para mirar a su enemigo, tenia suerte de que pocas personas supieran que era hijo de khael. No tenia duda en que su padre había enviado a ese hombre, se arrodilló en el suelo y colocó su palma sobre su sombra. Dos tigres negros aparecieron para atacar a Ismael, este los esquivo sonriendo pero una mano negra inmovilizó su tobillo derecho al suelo, el demonio bajo la vista para intentar liberarse pero uno de los tigres negros mordió su brazo derecho con fuerza.

Sebastián sonrió al ver la escena y acabó con el duplicado destrozándolo de un certero golpe, Joshua se acercó con una espada negra para acabar con Ismael pero varias flechas celestes se lo impidieron, las esquivó rápidamente observando cómo Sebastián acababa con sus invocaciones con solo chasquear sus dedos, intercambio miradas con Ismael y este desapareció del lugar.

-¡¿Por qué demonios lo dejaste ir?! Intento matar a Alice-

-No dejare que lo toques, ¿Por qué iba a permitir que mataras a mi hermano?-

-¿Hermano?-

-Sí alguien debe matarlo soy yo, no tú- se acercó a Alice ayudándole a levantarse- ¿Estás bien, princesa?-

-Sí…-

-Es mejor que regresemos, los demás nos deben estar esperando y Caín se volverá loco si no te ve-

-Sebastián- la joven se acercó a Joshua- Eres bastante fuerte, pudiste acabarlo fácilmente-

-Debemos regresar, lo siento mucho Alice, no pensé que ocurriría esto… solo quería que tuviéramos un día divertido-

-No estuvo mal- dijo con una pequeña sonrisa, Sebastián asintió.

-Creo que si conseguiste tu objetivo Joshua, lo que debe preocuparte ahora es inventar una excusa para la ropa rota de Alice, puedo curar sus heridas pero no lo demás, Caín armara un gran escándalo cuando la vea así-

-Entonces es mejor que no sepa nada-

Sebastián curó las heridas de su princesa gracias a sus poderes sobre el agua y se encaminaron de regresó al parque de diversiones. La última vez que vio a su hermano fue hace tres décadas, casi por el mismo tiempo cuando conoció a Alice y él mismo día cuando acabo con la vida de su madre, descubriendo su insana atracción hacia la sangre.

El silencio más sonoro del año

Comienzan a generarse sombras por las calles, ya comienzan la impaciencia y el nerviosismo de un año de preparación que culmina aquí, en una semana de silencio. Sí, ya retumban nuestras aceras con el redoble de los tambores y se estremecen las farolas con las velas de nuestros hachones. Quédate en silencio, ¿lo oyes? Sí, ese es el sonido del arrastrar de la capa de un penitente procesionando. No importa la lluvia, tampoco el frío... ¡tanto hemos esperado! No hay calles vacías en la madrugada del viernes al sábado, todos estamos congregados. Efectivamente, la puerta se está entornando... ya no hay luz, solo el del fuego de un cabo.Ya no hay madera seca y fría, sino vida y corazón esculpidos con mimo y devoción. Una madre que entorna sus ojos hacia el cielo, cuyo pulmón apenas respira de la daga que atraviesa su pecho y unas manos que acarician el cuerpo de su hijo, maltrecho. Su mirada, su boca, su cuerpo... ¿quién necesita palabras cuando presencia todo esto? Sí, ya están aquí, ya están preparados. Descalzos o calzados, cubiertos o descaperizados, oficiales o aficionados... ¿qué importa la situación si en definitiva todos nos sentimos por Él amados? Nadie amará tanto como el que ofrece su vida y sufre para que los demás encuentren su camino, a Su lado. ¿Quién necesita más gestos para emocionarse ante tal valiente acto? Por tanto, no hay mejor regalo que iluminar su camino desde el templo que le guarda durante el año, para que tras su rezo devoto se sienta de nuevo adorado y respetado. ¿Quién no llorará si hasta la luna parece triste al ver a Su Señor crucificado? Pero de nuevo el sol asomará por la meseta cuando las níveas mantillas anuncien "Cristo ha resucitado". Y otro año más volverán las imágenes a sus retablos y los fieles colgarán los hábitos, pero aunque todo parezca acabado no cabe duda de que el corazón continuará día a día procesionando. ¿Quién necesita palabras pues?

martes, 27 de marzo de 2012

Tom Vince: Un hogar recóndito - 1

Unas quince o veinte veces desde el mediodía, Tom, el detective, se había apartado de la ventana de la consulta que daba a la calle, con cierta parsimonia. Esta última vez, al apartarse, encendía insistente el mechero que le habían regalado sus hijos por su cumpleaños, aprovechando el copioso juego de este, puesto que era un Zippo exquisitamente labrado de 1940. Después regresó a la mesa del despacho y se sentó. Su sillón, de cuero acolchado, le daba bastante juego a la hora de hacerlo rotar, así que con un impulso, depositó sus cortas piernas encima de la mesa y encendió un puro.

Por la mañana, la secretaria le había dejado encima de la mesa una docena de cartas -como era costumbre los lunes-, pero ya eran pasadas las dos de la tarde y seguían allí,intactas. Tom las divisó, y echando una bocanada de humo, las sopesó en el aire, y de ellas eligió una sin remitente, al resto las arrojó a la papelera. La abrió y esto es lo que leyó:


Querido Vince,


Me resulta algo hipócrita empezar esta carta así, pues un servidor apenas te tiene aprecio, pero siguiendo el protocolo, lo dejaré así. Bien pues, le escribo para comunicarle mi intención de matarle, sin aberración alguna, pues es de buen saber que soy un asesino sumamente profesional. Mi vida es dedicarme a esto, ni más ni menos. No creo que sea mucho suponer, señor Vince, imaginar que ahora estará sentado en el sillón de su despacho, fumándose un puro costoso, leyendo esta carta con demora, y preguntándose que porras es esto. Pues no se moleste más, se lo repito; cordialmente es un aviso de asesinato, o amenaza, como usted desee. Los motivos también los puede posponer, porque dudo que halle relación alguna con sus casos. Le estaré esperando señor Vince...será usted quien acudirá a mi.


Atentamente,


L.M.


Tom no se inmutó, se limitó a mirar fijamente el cuadro de John Maverick colgado en la pared, mientras seguía sosteniendo la misteriosa carta. Poco después, se incorporó en la silla y llamó a su secretaria. No pasaron ni cinco segundos y Rita ya estaba dentro del despacho.
─Dime señor Vince, ¿que desea?
El ambiente apestaba a puro. Una nube de humo inundaba la sala.
─Rita ─empezó Tom─, cancélame todas mis citas, reuniones y todo tipo de encuentro previsto durante esta semana y la próxima.
Rita al principio se quedó perpleja. Tal faena significaba llamar a más de cuarenta personas para posponer la cita, y a cada una de ellas darles el motivo del cambio. La última vez que Tom canceló sus citas fue porque se iba de caza con un antiguo amigo que había llegado a la ciudad sin previo aviso, y entonces le dejó a Rita la total libertad sobre que decirles a sus clientes, fuera lo que fuera. Y no conserva un buen recuerdo de ello.
─¿Porqué señor? ¿Se va otra vez?
─Sí, me voy de viaje, lejos...muy lejos.
─¿Pero que les digo? ─preguntó Rita, asumiendo el marrón─ Le recuerdo que esta semana tiene que reunirse con Mario Cabras, no creo que le haga mucha gracia.
─¿Mario Cabras?─dijo, con tono burlón─. Su caso hace meses que está resuelto, su mujer le engaña con tres adolescentes, pero tardaré tres meses más en decírselo. Hay que decir que paga muy bien por mi servicio, vamos a prolongar la cosa. ─entonces echó una mirada a la pequeña bodega personal, situada al fondo, junto a la puerta─. ¡Rita!Encárgame uno de los mejores vinos del país, para cuando vuelva lo quiero encima de la mesa. El vino lo dejo a tu elección, claro. Haz lo mismo con mis clientes, baraja unas cuantas excusas y las vas repartiendo entre todos. No te será difícil, eres una chica lista.

Y eso fue todo, al cabo de un rato Rita ya estaba atareada con el teléfono y Tom se hallaba de camino a casa, para preparar su maleta. En casa le esperaba su mujer, María, con su deslumbrante melena rubia y cuerpo esbelto. Había cumplido ya los 42 años pero el gimnasio y los tratamientos que le pagaba Tom la conservaban estupendamente.
─Hola querido ─dijo María, que había ido a recibirlo en la entrada─ ¿Qué tal el día?
─Hoy no es la primera vez que me llaman querido, y desde luego espero que esta no acabe de la misma forma─dijo Tom, yéndose directo al dormitorio, sin apenas prestar atención a su mujer. De pronto María reaccionó y fue tras él.
─Oye, oye, ¿que ocurre, Tom?
Tom había sacado ya la maleta del armario y empezaba a colocar algunas cosas básicas como los calzoncillos y los calcetines.
─¡Me voy! ─dijo al fin─Me voy lejos de aquí, María. Vete a casa de tu madre mientras estoy fuera.
Luego de colocar los calzoncillos, los calcetines, la colonia Armani, el neceser, y algún que otro accesorio del baño más, empezó a sacar del armario algunas camisas y, como si fueran un vulgar trapo, las fue metiendo dentro de la maleta.
─¿Pero qué ha ocurrido? ─volvió a preguntar, plasmándose delante de Tom e interrumpiendo su tarea─. Últimamente actúas de una forma un tanto extraña cariño ─entonces le cogió la cabeza con las manos y la irguió hasta que sus miradas se cruzaron─. Podrás decírmelo al menos, soy tu mujer al fin y al cabo.
Hubo un breve silencio.
─Cuando vuelva, te lo contaré.
─¿Pero a dónde vas?
Entonces, Tom, mirando por la ventana que daba al patio, dijo:
─A decir verdad, no tengo ni idea.

Yami no matsuei (7)



La calma antes de la tormenta.

El joven de ojos dorados, bajo las escaleras corriendo mientras sonreía y comía un chocolate. En la cocina se encontró con Nicole y Joshua ambos estaban preparando el desayuno mientras se reían. Se acercó sigilosamente y apareció tras Nicole para asustarla, la joven dio un grito dejando caer una cuchara.

-¿Te asusté?- preguntó inocentemente Eliot. Nicole se volteo enojada.
-No vuelvas a hacerlo o te- observó que el demonio traía unas orejas de gato- ¿Qué haces con eso?-
-Son lindas ¿verdad? Puedo prestarte una, mira- sacó unas orejas de conejo de entre sus ropas y se la colocó a la joven- Te ves muy linda- besó su mejilla sonriendo y se volteó a Joshua- ¿Tu también quieres uno?-
-No gracias…- sonrió- ¿Cómo sigue Alice?-
-Pensé que la habías ido a ver-
-Quería pero… Caín no me dejó entrar, Jack está encerrado en su cuarto y Sebastián salió sin ser visto-
-Supongo que es normal después de todo lo que ocurrió ayer- dijo Eliot. Nicole lo observó.
-Ella estará bien ¿verdad?-
-Sí, Alice es muy fuerte no te preocupes-
-¿Quién era ese hombre?- preguntó Joshua- Después de todo me atacó…-
-Es un viejo conocido de Alice, ellos eran amigos-
-¿Y porque intentó matarla?- dijo Nicole mientras lo observaba fijamente.
-Él asesinó a la persona más importante para Alice- se volteó para irse- Es mejor que no pregunten más, entre menos sepan, será más fácil que puedan irse sin mirar atrás-

Se fue hacia otra habitación, ambos jóvenes intercambiaron miradas y Joshua fue siguiendo al demonio, todos los habitantes de ese lugar eran muy distintos a lo que pensaba, cada uno debía tener sus propias razones para permanecer en ese lugar. Detuvo a Eliot por la muñeca antes de que subiera por las escaleras.

-¿Necesitas algo, Joshua?-
-Ven con nosotros, desde lo de ayer todos se han deprimido y no es divertido estar solo ¿verdad?-
-Joshua-
-La lluvia ya pasó así que podemos salir-
-¿Iremos al parque de diversiones?- preguntó el demonio emocionado.
-Claro, aunque no creo que ninguno de ellos baje hoy- afirmó Joshua un poco triste.
-Déjamelo a mí, los tendré a todos aquí en cinco minutos-
-Eliot- acaricio la cabeza del menor- No te esfuerces tanto-

Vio como el demonio iba escaleras arriba y regresó a la cocina con Nicole, dejaron todo guardado y esperaron en la entrada. Joshua observaba a la joven un poco curioso, pocas personas se atrevían a acercase a esa casa y eran muchas menos las que se acercaban a Alice.

-Oye Nicole… sé que no es asunto mío pero… ¿Por qué aceptaste venir aquí?-
-Es lo mismo contigo, ¿Por qué estás aquí?-
-Yo… vine con las intenciones de asesinar a Alice- el joven junto las manos despacio- Pero no puedo hacerlo… no sé qué tiene que no me permite hacerlo… no puedo lastimarla-
-Joshua…-
-Ahora dime tus razones-
-Soy un hibrido, mi madre era un demonio y mi padre un humano, no tengo poderes ni nada que me haga diferente de un humano… hace medio año un grupo de demonios atacaron la ciudad, ¿oíste sobre aquello?-
-Sí… se dice que fueron enviados por la princesa oscura-

Luego de decir esto Joshua desvió la vista. Sabía mejor que nadie que el causante de esa matanza fue un grupo de demonios enviados por su padre. No estaba de acuerdo con eso pero tampoco podía oponerse o solo le esperaba la muerte. La voz de Nicole lo sacó de sus pensamientos.

-Mi padre nos protegió y cuando regresó nos contó algo… que nunca debió ver-
-¿De qué hablas?-
-Él dijo que el causante de todo ese caos no fue Alice… sino un demonio igual de poderoso que ella, su nombre era khael-
-Ya veo- dijo Joshua tratando de mantenerse sereno.
-Lo único que quiero es encontrarlo para hacerle pagar lo que hizo pero mientras eso no ocurra necesito sobrevivir de alguna manera-
-¿Por eso aceptaste venir aquí?-
-Sí, no tengo nada que perder ahora-

Joshua mantuvo la vista en el suelo, su padre había causado muchas muertes sin sentido y derramado demasiada sangre. Khael jamás le había hablado de su relación con Alice, de hecho rara vez le había hablado de algo que no fuera encargarle una tarea o darle una orden.
Unos pasos tras ellos los hicieron voltearse, Eliot venia jalando a Alice seguido de un enojado Caín y un indiferente Jack. Los dejó junto a Joshua y Nicole y salió en dirección al bosque para traer a Sebastián.

-¿Qué está ocurriendo?- preguntó Caín- ¿A qué se debe tanto escándalo?-
-Iremos a dar un paseo- contestó Joshua- Todos parecen muy tristes, así que será divertido-
-¿Te encuentras bien?- dijo Alice mientras lo observaba. Joshua sonrió algo nervioso.
-Sí, no es nada-
-¿Y tú Nicole? Pensé que habías decidido marcharte-
-No, acepté quedarme aquí, soy tu acompañante ¿verdad?-

Alice se quedó sentada en el primer escalón aguardando la llegada de Eliot. Ya daba por hecho que ambos se habrían ido cuando despertara, sabía muy bien la reputación que tenia y tampoco le importaba cambiarla. Lo único que le preocupaba un poco era que khael hubiera entrado con tanta facilidad a la casa.
Eliot entró corriendo de la mano con Sebastián, esbozo una sonrisa al verlos a todos juntos.

-Vamos-
-¿A dónde iremos?- pregunto Sebastián.
-Al parque de diversiones- dijo mientras arrojaba serpentinas y confeti a todos.
-Eso es para niños- replicó Jack sin mirarlo.
-No seas aburrido, por favor, por favor, Alice…- la observó colocando su cara más tierna y con pequeñas lagrimas en sus ojos- Di que si…-
-Bien, vamos-
-¡Sí!-

Luego de veinte minutos llegaron a la ciudad, era inevitable que captaran gran parte de la atención de los transeúntes. Eliot observó el parque de diversiones emocionado, habían pasado muchos siglos desde la últimas vez que vino. Tomó la mano de Joshua y entró sonriendo.

-¿A cuál subiremos primero?-
-No lo sé, hay bastantes juegos-
-Quiero ir a ese- indicó la montaña rusa- Subamos a ese, por favor-
-Vayan ustedes, yo esperó aquí- dijo Jack, Eliot lo jaló de la mano haciendo un berrinche- No seas aburrido, vamos-
-Jack- dijo Sebastián mientras sonreía- Yo sé porque no quieres subir, apuesto a que tienes miedo, no me lo esperaba-
-¡Claro que no! Es un miserable juego-
-Entonces vamos, te reto a que sientes al frente-
-Bien, ya verás Sebastián-
-Haremos un entretenido juego, yo iré en el de atrás, te aconsejo que cubras bien tu rostro- le enseño un cuchillo- O podrías herirte-
-Maldito-

Ambos fueron directo a la montaña rusa mirándose con odio no disimulado. Eliot los observaba sonriendo emocionado y tomó la mano de Caín para llevarlo al juego. El demonio intento resistirse pero el menor se lo llevó casi arrastrando.
Joshua se volteó a ambas jóvenes mientras sonreía.

-¿Vamos?-
-No quiero- dijo Alice- No me gusta ese juego-
-Ya veo- dijo Joshua y observó a su alrededor- ¿Y ese?- indicó la rueda de la fortuna- Son compartimientos para cuatro personas-
-A mi me parece bien- dijo Nicole- ¿Quieres ir Alice?-
-Está bien-

Fueron a formarse y subieron a uno de los compartimientos, Joshua se sentó junto a Nicole y Alice al frente de ellos, subieron lentamente mientras observaban el paisaje. Cuando llegaron a lo más alto se detuvieron ahí, el compartimiento se agitó bruscamente y Alice cayó sobre Joshua, este la firmó fuertemente y tomó a Nicole para asegurarse que ambas estuvieran bien. Algo brillante rompió el cristal de la ventana derecha y una aguja de diez centímetro se clavó en el hombro de Alice, está lo retiró bruscamente y lo observó.

-Diamante…- Se acercó a la ventana y vio la silueta de un hombre de cabellos dorados en la punta de una larga antena de metal- Ese sujeto…-
-¿Qué ocurre?- Joshua observó al hombre de cabellos dorados- ¿Quién es?-
-Quédense aquí-
-No puedes ir, no puedes usar tus poderes- dijo Joshua.
-No se necesitan armas para matar a alguien, yo no necesito a Lacie para derrotarlo-

Saltó por la ventana y persiguió al hombre hasta alejarse del parque de diversiones e internándose en la ciudad.

lunes, 26 de marzo de 2012

Triple Bogey



(...) Oigo ese molesto zumbido, y entro en la casa. Un hombre sólo abre su casa sin preguntar cuando está deseando que le interrumpan. Los actos de papá siempre tienen ese aire tan sincero y entrañable, como cuando mirábamos la televisión y se ponía a toser hasta que me acurrucaba a su lado. Sólo deseo que se encuentre bien. Desde que mi hermano voló del nido papá no parece el mismo. Más histriónico, más huraño, más aislado de todos. Sus rarezas se han acentuado, como si quisiera demostrar al mundo que pese a los años sigue siendo el mismo de siempre. Sólo deseo que se encuentre bien. Arrastro mi maleta por el pasillo, amén de otras cosas menos tangibles. Al menos la casa parece limpia.

-¡¿Quien va?! -Grita una voz, furiosa, desde el salón.
-Testigos de Jehová -Le digo, entrando en el salón -Pero... ¡¿que ha pasado aquí?!

Le veo, derrumbado sobre el sofá, con la respiración agitada, el pelo alborotado y la cara enrojecida. Me mira, boquiabierto, dudando si sentirse sorprendido o confuso. A su alrededor, el salón es un monumento al caos. Hay un palo de golf clavado en el respaldo del sofá, cuyos cojines parecen haberse derramado por el suelo. El resto de muebles están o bien tumbados o apartados en un rincón, aparentemente para dejar sitio para el conocido agujero de minigolf portátil, con su pertinente banderita, colgando flácidamente del mástil. Voy a matar a mi hermano, menudo regalito de Navidad para un hombre que no puede jugar ni al parchís sin perder los nervios. No mucho tiempo atrás me habría reído ante semejante escena. El bueno de papá, con sus típicas locuras. Pero hoy no me apetece reírme, hay algo distinto en esta situación en particular, algo que no acabo de discernir. Algo más triste, menos entrañable. Sólo sé que me parte el alma. Mis propias circunstancias tampoco es que estimulen mi sentido del humor. Después de todo, esta no es una visita de cortesía.

-Laura... -Dice, levantándose tan rápido que estoy casi segura de que se ha mareado - ¡Que gloriosa sorpresa! ¿Esto, dices? Bueno, creo... digamos que me he peleado con unas ardillas o algo.
-Ven aquí anda...

Nos abrazamos con fuerza. Él me besa en la sien, y siento su gratitud. Su cuerpo tiembla levemente, no se si por los nervios o por otras cosas en las que no quiero pensar. Siento un escalofrío de pena eterna por la suerte del hombre que me lo dio todo. Su tiempo y su cariño. Contemplé impotente como su relación con mamá se desmoronaba lentamente, sin una razón aparente. «Amo a tu padre con toda mi alma, cariño, pero no puedo estar con alguien que se odia a sí mismo... es un insulto a ese amor», eso me dijo, no hace mucho. Fue demasiado injusto y brutal para todos los implicados. Mamá y yo nos marchamos, mi hermano quiso quedarse con él, para suavizar el golpe. La verdad es que eso le ayudó mucho, pero hace dos años Ángel terminó la universidad y emprendió su propio camino. Y papá renegó de la creación. Le aprieto con fuerza, disculpándome de parte del universo y, por qué negarlo, arañando un poco de consuelo para mí misma. Siento como sonríe. Me relajo, dejando que su olor me transporte a una partida de ajedrez, a un desayuno, a un palacio de sábanas construido justo donde nos encontramos en este momento. A pesar de la fría crueldad del tiempo, del indiferente y autrodestructivo universo que habitamos... la esencia de la vida prevalece, inimitable, inalterable. Nada de lo que suceda en el infinito que vendrá podrá borrar lo que hemos sido cuando nos ha tocado vivir, y un corazón turbio siempre hallará consuelo si sabe donde buscarlo. En brazos de mi padre, siento mi pasado como una extensión de mí misma, y de él, y no consigo encontrar nada que contradiga ese sentimiento. Todo irá bien, pase lo que pase. Nos separamos, y él me mira con orgullo, casi con fascinación.

-Estás preciosa -Me dice, y parece más entero que nunca.
-¿Cuánto hace que no te cortas el pelo? -Le digo, levantando un mechón de su grisácea cabellera -Pareces un científico chiflado. Esta noche te lo arreglaré.
-Como quieras -Dice, y entonces mira de reojo mi gran maleta -¿Que haces aquí, Laura? Nunca vienes sin avisar.
-Bueno -Se me hace un nudo en la garganta, y para disimular empiezo a caminar por el salón, arreglando el desorden -Estoy preocupada por tí, ya lo sabes. Viviendo solo, con tu historial... Pensé que te iría bien tener a tu hija en casa unos días.
Pese a todos mis esfuerzos, finalmente se manifiesta ese llanto tan postergado. No puedo derrumbarme, ahora no. Cojo el palo de golf, y de un violento tirón lo saco del sofá, sólo para volver a clavarlo salvajemente, gritando de puro hastío.
-Laura, tranquilízate...-Dice papá, acercándose. Nos miramos, y parece comprenderlo -¿Ha pasado algo con David?

Y ahí está, ese dichoso nombre. Pongo derecha una mesita de café que estaba tirada en un rincón, cabeza abajo, y en ella me siento. Los recuerdos son tan recientes y punzantes que es como si aún estuviera sucediendo, como si aún le estuviera sujetando la mano mientras con la otra le arrancaba el corazón. Miro a papá, y con un gesto le doy a entender que ha dado en el clavo. Su expresión se torna triste, pero no sorprendida, incluso atisbo un «Ya te lo dije.» en sus cejas. Se sienta a mi lado, rodeándome con el brazo. Me besa en la cabeza.

-Puedes instalarte en tu habitación -Dice, susurrando - La he realquilado a unas prostitutas japonesas, pero supongo que lo comprenderán...
(...)

Destino de Sangre

15: miedo

De nuevo los chicos peleaban pero ahora contra un demonio mucho más fuerte, el aire se volvió
tenso, Aarón trataba de levantarse y Frank junto a Isaac se preparaban para atacar, ellos lazaron
sus ataques y el demonio se cubrió con su mano.

-esto es la Orden-dijo el demonio con una risa sádica-no necesito a basuras como ustedes,
necesito a esta chica y a otro que este idiota es muy débil.

Aarón se levanta rápidamente enfurecido y lo golpea haciendo que suelte a Fiorela, el demonio
no sangra ni nada solo se ríe.

-eso me dolió un poco-dijo con el puño de Aarón en la cara-pero igual no me sirves-la necesito a
ella también porque tiene magia-lo sostuvo de su cara-tu no me sirves-lo golpeo fuerte y lo tiro
como si nada.

Isaac lo empezó a tacar fuertemente y el demonio lo esquivaba, una flecha lo incrusta pero no
le hace ningún efecto hasta que Frank aparece y le lanza su rayo naranja haciéndole un daño al
demonio.

-como se atreven unos humanos a hacerme daño-dijo el demonio riéndose-a mí al demonio
guerrero, Sadler.

-Isaac me conto que los demonios guerreros son más fuertes que los demonios normales, no tiene
sello tienen el poder liberado y lo usan como quieren-Gaby temblaba un poco porque savia a que
se enfrentaban.

El demonio corrió hacia Frank y Isaac sosteniéndolos de su cuello y empezó a volar tirándolos de
una distancia alta.

-no son nada comparado con migo-dijo el demonio-mueran-empezó a concentrar su aura en su
dedo y lo lanzo hacia donde estaban Frank y Isaac, ese poder los golpeo y los dejo grave.

-un demonio guerrero-dijo Aarón-me da igual lo que seas no dejare que les hagas daño a nadie
más-él se lanzo contra pero este sostuvo su espada y lo golpeo en el pecho-maldito-con su puño lo
golpeo en su ojo.

-eres realmente molesto-dijo Sadler-como te escogieron para ser un recurso para nuestra
duquesa-el demonio lo tiro.

-me da igual tu estúpida duquesa no se de lo que hablas-dijo Aarón levantándose.

-maldito humano como te atreves a insultar a la duquesa-lo agarro del cuello a Aarón y empezó a
golpearlo.

Fiorela se levanta y le tira su rayo amarillo-no te olvides de mi idiota-dijo Fiorela agitada.

-me harte de los dos-dijo el demonio-buscaremos otros recursos para resucitar a nuestra duquesa-
el demonio los tiro a ambos y volvió hacer lo mismo que hizo con Frank y Isaac, ambos salieron
heridos.

-terminare con esto de una vez y después siguen ustedes humanos-el demonio se acerco primero
a Fiorela primero.

-esto es igual que mi sueño todos en el suelo heridos, Frank no puede estar muerto-pensó Fiorela

-muere-dijo Sadler, antes de que se moviera Frank le tira su rayo naranja.

-no dejare que le hagas daño-dijo Frank agitado-la voy a proteger.

-tu serás el primero entonces – el demonio empezó a caminar hacia donde estaba Frank
lentamente el sueño de Fiorela se hacía realidad, el miedo que tenia Fiorela era inmenso, que
sucederá ahora.