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viernes, 6 de abril de 2012

FEROMONAS (By Gandalf)

He derribado vallados y profanado cotos bajo la pisada de mis poderosos cascos.

He sorteado riscos y atravesado valles en tu busca.

Pude haber muerto mil veces tratando de salvar grietas y precipicios sobre insondables abismos.

Al suelo he arrancado terrones y raíces con el ímpetu de mi desbocada carrera sin tregua.

Me estremecí de ansia y gemí de impotencia no viendo llegar el momento de atender tu llamada para fundirme contigo.

Después de recorrer medio mundo me enfrenté, finalmente, a los más poderosos, jugándomelo todo al matar o morir …

y ahora que por fin he llegado... tú no estás.


En el centro de un calvero brama el macho desconsolado. Tras unos instantes de duda, ha alzado la bien armada testuz a la luna y, dedicándole un último lamento, se ha vuelto por donde ha venido, con un trote desolado. Por el camino se va preguntando si no le estará ya empezando a fallar el olfato.

jueves, 5 de abril de 2012

La misma Luna


Una leve brisa otoñal mueve las cortinas, mustias, aburridas, oscuras elegidas únicamente  para evitar que el sol matinal la despierte,  su mirada se detiene un segundo en ese movimiento suave y sutil, su mente  que hasta entonces divagara entre argumentos legales y frivolidades, deteniéndose mas de alguna vez en esa pregunta que toda mujer se hace alguna vez en su vida, ¿Esos zapatos estarán de oferta?, se sonríe por la irrupción del pensamiento, será déficit atencional? Se concentra en ese movimiento casi hipnótico, se cuestiona pero no mucho, esta aburrida tendida en la cama,  mientras se convence que su vida no es tan aburrida como parece, la ve... permanece estática mirando, apreciando, hasta que una vez mas algo llama su atención,  en un lento y glamoroso andar, aparece radiante, llena, exuberante, ante ella la luna.
Su corazón se acelera, su sangre burbujea en sus venas, e irremediablemente piensa en él, el dueño de sus lunas, de sus deseos, aquel que respondiera a un llamado ancestral, químico y poderoso.
Siente la transformación venir, su cuerpo arder, su lívido frenética subir.
Sabias que tú y yo miramos la misma luna esta noche, ahora sé porque lo hacen, a pesar de la distancia y aunque nadie pareciera oírles... una lagrima rueda por la mejilla y así sin mas, como la hiciera la primera vez, se pone a aullar.

Yami no matsuei (14)


Sentimientos confusos.

El joven de ojos amatistas aguardaba en la entrada la decisión de los demás, Nicole le estaba haciendo compañía mientras observaban por la ventana como caía la lluvia.

-¿Estás bien, Joshua?-

-Sí… aceptaré la decisión que tomen pero… me preocupa Alice, al final no soy mejor que mi padre…-

-Joshua- dijo la joven y acaricio su cabello despacio.

-Nicole-

-No conozco tu situación ni tu relación con tu padre pero no eres igual a él, ese hombre solo busca lastimar a otros. Es cierto que mentiste pero me basta con verte para saber que eres incapaz de lastimar a alguien-

-Gracias… pero eso no cambia el hecho de que mentí-

-Joshua-

Jack apareció en el umbral de la puerta y les indicó que vinieran para escuchar lo que habían decidido. Joshua se quedó de pie manteniendo la vista en el suelo. El primero en romper el silencio fue Caín, lucia notoriamente molesto y su voz lo confirmó.

-A mi no me importa si mentiste sobre quién eres y quien es tu padre pero lo que no puedo dejar pasar es que has lastimado a Alice- terminó diciendo muy enfadado.

-Estoy de acuerdo- dijo Sebastián- No somos las mejores personas, pero jamás hemos traicionado a nuestra princesa, desde un comienzo ella conoció nuestras intenciones y aun así nos permitió quedarnos con ella, entonces hemos llegado a la siguiente conclusión-

-No nos importa lo que hiciste- dijo Jack- Pero podrás quedarte con la condición de que te disculpes con Alice y aceptes sus reglas para vivir aquí, si ella dice que te vayas entonces te irás-

-Sí…- respondió Joshua algo triste- ¿En dónde está Eliot?-

-Fue a buscar a la princesa- dijo Sebastián- Esperemos a que regresen y decidiremos, si ella acepta que te quedes solo tendrás un castigo-

-¿Castigo?-

-Ya lo veras-

Joshua se estremeció levemente, la sonrisa de Sebastián le indicaba que no sería nada bueno pero no podía quejarse, no tenía ese derecho.

Eliot recorrió el bosque sin dar con lo que buscaba, observó hacia el cielo y vio un pájaro blanco, dio un prolongado silbido y luego comenzó a seguirlo, a unos kilómetros de la casa encontró a Alice. Estaba de pie junto a un gran barranco, contemplando como las olas del mar rompían contra las rocas. La abrazó sonriendo por atrás.

-Te encontré-

-¿Qué quieres Eliot?-

-Vine a buscarte, no es bueno que estés aquí, está lloviendo y te resfriaras-

-Estaré bien, vuelve a la casa-

-No te dejare aquí Alice, sé que Joshua hizo algo muy feo pero no fue su intención mentirte, nadie podría estar orgulloso de tener a ese bastardo como padre-

-Eliot-

-Aunque no lo demuestres yo sé que nos tienes aprecio a todos, a Jack, Sebastián, Caín y a mí, también te has encariñado con Nicole y Joshua por eso te dolió que él te ocultara algo tan importante-

-No es cierto-

-Lo tienes escrito en toda la cara- sonrió- Joshua está esperando en la casa, todos llegamos a la conclusión de que tú decidirás si se queda o se va, depende de ti-

-¿Caín aceptó eso?-

-Sí- respondió Eliot riéndose- Perdió un poco el control pero luego Sebastián lo hizo entrar en razón, nosotros haremos lo que nos digas. Fue un poco inesperado que te enfadaras tanto, siempre te muestras calmada por eso sé que Joshua es importante de lo contrario no te habrías enfadado-

-No es lo que piensas-

-Yo nunca te traicionaré- se arrodilló frente a ella y besó el dorso de su mano derecha- Tú me salvaste cuando estaba perdido, permaneceré a tu lado el tiempo que sea necesario, hasta que seas feliz-

La joven se quedó contemplando el mar mientras la lluvia mojaba sin piedad su cuerpo. Eliot se levantó sonriendo y la abrazó con fuerza al mismo tiempo que se acercaba más a la orilla, sabía muy bien lo que la joven había estado pensando, llevaban bastantes décadas juntos y ya podía entender el sentir de todos los habitantes de esa casa.

-Varias veces lo has pensado ¿verdad?- dijo con una sonrisa y un brillo extraño en sus orbes doradas- Por eso no hiciste nada cuando Joshua intentó matarte, o cuando Jack lo intenta. Pero cuando Camelia intento matarte peleaste, porque no querías que Nicole fuera herida y cuando khael me atravesó con esa cadena, te enfadaste mucho, incluso dejaste que Lacie saliera para protegernos, eso significo mucho para mí-

-Eliot-

-Así que si tanto deseas morir, hagámoslo juntos, yo no tendré razones para continuar viviendo si no estás-

Dio un saltó sosteniendo a Alice y ambos cayeron hacia el furioso mar. Eliot mantenía los ojos cerrados mientras sonreía, si su vida iba a acabar así, le parecía apropiado, Alice fue la razón de que se mantuviera con vida, así que ella seria la razón de que muriera. Sintió una caricia en su mejilla y abrió los ojos. Le parecieron horas los segundos que fueron cayendo.

-No quiero que mueras Eliot-

-¿Entonces?-

-Estaré a tu lado, hasta que encuentres algo más importante que yo, hasta que encuentres a alguien por quien darías tu vida-

-Me parece bien-

Eliot dio un silbido y algo suave detuvo la caída de ambos, Alice se sostuvo abrazando a Eliot y este se afirmó con fuerza de la cadena que el gran pájaro azul tenía en el cuello. Eliot dio varias vueltas con el pájaro sobre la casa, se volteo a ver a la joven mientras sonreía.

-Es hermoso ¿verdad?-

-Sí, hace mucho que no usabas tus poderes-

-Estoy muy feliz, les conté a todos que soy un domador de bestias y dijeron que estaba bien, nada va a cambiar-

-Eliot-

-Venir contigo fue lo mejor que pudo pasar, estoy seguro que mis papás también estarían felices, nunca me arrepentiría de estar a tu lado Alice- se sostuvo de la cadena y el pájaro aterrizo frente a la casa. Se volteó para ver a Alice y la observó sonriendo- Te amo- le dio un suave besó en la boca.

Tomó a Alice en brazos y saltó hacia los arboles al mismo tiempo que el pájaro se iba volando lejos del lugar. Observó como Caín le apuntaba con su palma derecha listo para volver a atacarlo, apareció frente a ellos enojado.

-Déjala-

-¿Qué te pasa Caín?- Eliot soltó una risita- ¿Estás celoso? Déjame decirte que Alice no es tuya así que no tienes derecho a celarla-

-¿Por qué la besaste?-

-Por que la amo, ¿tienes un problema con eso?-

-Bastardo- dijo materializando una espada para atacarlo, Alice se liberó de Eliot y quedó frente a Caín para besarlo.

-No hagas tanto escándalo por un simple beso-

Caín se sonrojo al máximo e hizo desaparecer la espada. La joven entró en silencio hasta la cocina, Joshua, Nicole, Sebastián y Jack se encontraban ahí, esperando que decidiera la princesa. Los bicolores de Alice se dirigieron a Joshua, este no fue capaz de mantenerle la mirada y se frotó las manos nervioso.

-¿Qué haremos, princesa?- preguntó Sebastián.

-No tengo nada que decir, si quieres quedarte es decisión tuya Joshua-

-Pero no quiero… incomodarte-

-Bueno... puedes quedarte, en realidad no me has mentido, para comenzar yo nunca te pregunte nada así que también es mi culpa- hizo un gesto de pensarlo un poco- Exagere mi reacción, no era un buen momento y ese bastardo no me agrada pero tú no eres igual a khael.

-Alice-

-¿Sabes cocinar?-

-Sí… ¿Por qué?-

-Bien, te perdonaré pero a cambio quiero que me hagas una torta, quiero comer algo dulce-

-Yo también quiero- dijo Eliot sonriendo mientras Caín lo seguía muy enojado- Colócale mucha crema encima y chocolate-

-¿De verdad, Alice?- preguntó Joshua un poco confundido.

-¿Quieres que te perdoné o no?-

-Sí…-

-Bien, iré a bañarme, cuando baje lo quiero listo y espero que sea comestible, la última vez que Eliot cocinó tenía un sabor muy malo-

-Alice- dijo Eliot fingiendo un llanto- Lo hice con todo mi amor para ti-

Caín lo miro furioso y comenzó a regañarlo por expresar sus sentimientos amorosos hacia Alice. Joshua soltó una risita al verlos y luego fijó su vista en Alice, la joven le dedicó una pequeña sonrisa y se fue a su habitación para cambiarse de ropa. Ese simple gesto hizo que su corazón palpitara más rápido.

“¿Qué me ocurre?”

La Travesía de los hermanos Martí

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Los hermanos Martí vivían en la parte más oscura y lúgubre del Raval de Barcelona. Hijos de familia pobre, no tenían prácticamente nada, tan sólo la casa vieja y medio derruida dónde se criaron. Vivían de lo que podían: Sergi, el mayor, tenia tres trabajos diferentes, dónde le pagaban aún menos que una miseria con la cual a duras penas comían; mientras que Adrià, el más joven, se esforzaba al máximo para poder conseguir una beca y así entrar en la universidad para conseguir al fin un trabajo propio con el que poder salir que aquél círculo de desgracia.
Una noche, Adrià se había quedado estudiando hasta muy tarde cuando, de pronto, alguien le sobresaltó llamando a la puerta. Miró el reloj, marcaba poco más de la una, pero lo más extraño de todo fue al abrir la puerta para no hallar más compañía que la suave brisa de madrugada. Tan sólo encontró un sobre en el suelo (no tenían buzón). Adrià lo abrió y leyó la carta, en acabar casi cayó al suelo del sobresalto del sobresalto, la sorpresa va ser inmensa, decidió esperar a Sergi para mostrarle el mensaje.
Cerca de las cuatro, su hermanó volvió del trabajo, Adri lo recibió y le contó lo sucedido, acto seguido, le alargó la cara, que Sergi leyó en voz alta:
<< Estimados señores Sergi y Adrià Martí: Es para nosotros un gran pesar comunicarles que su tío segundo, el ilustre señor Josep Lluís Martí, falleció el pasado tres de Enero.
También les informamos que ustedes figuran en su testamento como sus únicos y legítimos herederos. Pero debemos añadir que, como último deseo del difunto, tienen tiempo hasta el próximo 26 de Enero para presentarse en su residencia en Hong Kong, de lo contrario, todos los bienes serán entregados al estado.
PD: Tienen nuestro más sentido pésame. >>
En acabar, Sergi se sentó en una silla y habló:
- ¿El tío Josep Lluís? ¿No era aquél que se fue a China para hacer negocio y no volvió?
- Supongo. Pero no sé por qué somos sus herederos, a fin de cuentas, sólo lo vimos una vez, o eso recuerdo.
- Y una vez hubo hecho su fortuna se desentendió completamente de la familia.- Le espetó Sergi. –No sé si fiarme, la carta no lleva ninguna firma, y tú dices que no has visto al mensajero.
- ¡Que sí hombre! ¿Que no ves lo que esto significa para nosotros? ¡Debemos ir a Hong Kong!
- Ah, claro, muy bien. ¿Y no has pensado cómo pagaremos el viaje? Sólo tenemos veinte días. ¡Ni un mes! ¡Como esperas que ahorremos tanto!
Adrià se sonrojó, avergonzado de su fantaseo. Pero entonces recordó algo.
- ¡Pues claro! Tengo un amigo de la facultad que me debe un gran favor de cuando lo dejé copiar en el examen de acceso el año pasado (Claro que aquello me costó el no poder entrar, y como su familia está muy acaudalada, pasaron por alto en incidente en su caso) Seguro que él nos puede pasar suficiente dinero como para pagar dos billetes de avión.
-¿Estás seguro?
-¡Segurísimo!
Sergi lo meditó un rato, pero finalmente aceptó
-Está bien, mañana mismo irás a ver a ése supuesto “amigo” tuyo, yo iré a una agencia a ver si hay vuelos a buen precio
Adrià mostró una gran sonrisa llena de dientes amarillentos.
-¡Genial! Ya verás como consigo el dinero!
Entonces abrazó a su hermano.
-Ya lo verás, Sergi, ya verás como todo comienza a mejorar.
Al día siguiente, Adri regresó a casa con un sobre repleto de billetes.
-¡¡¡Sergiii!!! ¡¡¡Ya tengo el dinero!!! Ha costado un poco hacerle recordar, pero al final ha accedido. Diría que incluso podremos alquilar un coche para ir a casa del tío.
Pero Sergi no estaba de buen humor, se acercó a su hermano y le lanzó un periódico en la cara.
- Ha estallado una guerra a la frontera con la India, han anulado todos los vuelos previstos. ¡¡¡No podremos ir a Hong Kong!!!
Adrià se acercó, le puso una mano en el hombro a su hermano y dijo:
- Tranquilo, Sergi. Sabes que haremos? Aunque habrá que poner un poco de nuestros ahorros, compraremos un billete a Corea del sur, allí vive Kyung. Te ¿Te acuerdas de él? Ahora lleva un negocio de lanchas, estoy seguro de que no le importará llevarnos en una hasta la costa China. Entonces alquilamos un coche en la ciudad más cercana y vamos a Hong Kong. ¡¡¡Está todo pensado!!!
Sergi sonrió y aceptó la idea.
-Tú siempre tienes amigos para todo.
Dos días después, los hermanos Martí despegaban hacia Corea, el vuelo, fue especialmente problemático, salvo cuando en el aeropuerto los confundieron con mendigos pidiendo limosna. En veinticuatro horas llegaron, y allí se alojaron en casa de Kyung hasta que la lancha estuvo lista. Pero el día de salir, una inmensa tempestad se avecinó de pronto, despedazando todos los barcos que encontraba a su paso, eso retardó la navegación unos días. Pero, finalmente lograron llegar a Shangai, dónde, gracias al gran nivel de inglés del pequeño Adri, pudieron alquilar un viejo coche medio destrozado, pero era todo lo que podían pagar con lo que les quedaba. Y no podían buscar demasiado. Sólo les quedaban veinticuatro horas.
Fueron a toda velocidad, seguro que en más de un caso fueron fotografiados por un radar. “No importa” pensaron, “Ya pagaremos la multa cuando seamos millonarios”. Pero forzar tanto a ésa pobre máquina no fue buena idea, cuando ya estaban, más o menos, a medio camino. El coche se detuvo en seco y una gran nube negra comenzó a salir del capó. Los hermanos bajaron y Sergi, hecho un mar de lágrimas, le dio una patada a ése trasto infernal
- ¡NO! ¡Ahora que ya estábamos tan cerca! ¡¡¡¡Por qué nunca nos puede salir nasa bien!!!!
Adrià trató de tranquilizarlo:
- El dueño ya nos dijo que esto podía pasar. ¿Recuerdas? Pero era lo único que podíamos pagar.
- ¿Y qué diablos vamos a hacer ahora? ¡No nos queda ni un día!
-Podemos al mecánico del pueblo que hemos pasado hace poco, aún nos queda algo.
Empujaron el coche hasta allí y el mecánico se puso manos a la obra en seguida. Pero, a pesar de que trabajó a una velocidad prodigiosa, no estuvo listo hasta ya bien entrada la noche.
Los Martí fueron, aún mucho más rápido que antes, a casa del tío Josep Lluís. Pero, al llegar les esperaba el notario, y no parecía tener buenas noticias.
- Mucho me temo que la fecha de reclamación ha expirado, caballeros. Desgraciadamente, yo no puedo hacer nada, eran deseos de su tío.
- ¿Pero por qué nos dio sólo veinte días?- Gritó Adriá, furioso.
- Así es como figura en el testamento de su difunto tío que les diésemos veinte días de plazo o toda su herencia pasaría a ser propiedad del estado. Dijo que así aprenderían lo duro y estresante que fue para él reunir su fortuna y comprenderían por qué no quiso compartirla con nadie.
- ¡¡¡ Ése maldito viejo enfermo!!! – Bramó Sergi golpeando la mesa – Siempre nos dijeron que tenía una mente muy retorcida, pero esto… ¡¡¡ESTO ES DEMASIADO!!! -No obstante.- Añadió entonces el notario. – En el testamento de su tío había algo más, él dijo que se lo contásemos sólo en caso de que no llegasen a tiempo y fuera de extrema necesidad.
Al instante dos hermanos se inclinaron sobre el notario, casi amenazantes.
Bueno, no hace falta decir que, actualmente, los hermanos Martí no son precisamente lo que uno llamaría “millonarios”, pero sí que lograron heredar una pequeña librería en la Eixampla de Barcelona, así como dos billetes de vuelta en barco.
Con las ganancias de la librería, Adrià pudo acceder por fin a la ansiada beca, con la que entró en la Autónoma. Ahora se gana bastante bien la vida como empresario en un modesto negocio, y de vez en cuando, ayuda a Sergi, que ahora se hace cargo de la librería. Puede que la vida que llevan no es, ni de lejos, la que una vez soñaron. Es cierto que tal vez merecerían mucho más, pero, el caso es qque, ahora mismo, no podrían ser mas felices, y ésa felicidad era una gran riqueza que su tío Josep Lluís, ni con todos sus millones, no llegó a obtener nunca.

Controversia aparte


─ ¿Cómo dices? ─inquirió Jorge, inclinándose hacia delante.
─ No es nada personal ni nada de eso, es solo por curiosidad ─dio un pequeño sorbo al café─ Digo que ─siguió─, en un hipotético caso, si aceptarías mil millones de euros con la condición de levantarte cada día, y hasta al fin de tus días, con un brazo verticalmente erguido, sin margen de error, o en dicho caso serías terriblemente ejecutado. Pum. Muerto. ─Se frotó la barba con la mano abierta─. ¿Entiendes lo que quiero decir?
─Creo que sí, pero no veo a donde quieres llegar.
─No, por Dios. No quiero llegar a ningún sitio.
A fuera llovía a mares, y algunas gotas impactaban ferozmente contra el cristal de la ventana. Alguna de ellas se deslizaban serpenteantes por el otro lado del cristal, y eso llamó la atención de Marc, que con el dedo índice, intentó sin éxito seguir el recorrido de una de ellas.
─Simplemente te planteaba una situación en la que debías elegir entre, vivir como ahora, sin obviar los peligros que nos rodean diariamente, o ,si aceptaras la propuesta, vivir ricamente pero con el añadido de morirte si no cumples con tu obligación, que en este caso sería levantarte por las mañanas como si saludases al señor Hitler, pero verticalmente, ni más ni menos. ─Transmitido el mensaje, Marc se incorporó en la silla, y dio otro sorbo al café, que empezaba a entibiarse. Jorge parecía algo contrariado, o al modo de ver de Marc, no había entendido ni por asomo la situación en la que quería exponerle─. Quiero decir que ─volvió a empezar─ la gente vive por el dinero, ¿no? O eso se ha visto desde tiempos inmemorables. Incluso algunos han muerto por él. Trabajamos por él, convivimos con él, nos peleamos por él, estamos estrictamente unidos a él. Por el amor de Dios, es denigrante. Si hacemos cualquier cosa por apoderarnos del dinero, ya seamos ricos o pobres, ¿porqué no, y ya expuestos a innumerables peligros, aceptar uno más, sumamente peligroso, pero con los bolsillos lleno de dinero.
─¿Cómo voy a despertarme con el brazo erguido? ─dijo Jorge, con aire pensativo, mientras se mordía la cutícula del pulgar─ Es imposible. Cuando duermes no creo que seas consciente de que tienes que levantar el brazo ─siguió mordiéndose la cutícula─. Y por mucho que lo fuera, ante el riesgo, no podría pegar ojo en toda la maldita noche.
─¡Por el amor de Dios! ─exclamó Marc─ He dicho al levantarte. ¡Levantarte de la cama, no al despertarte! Si no eres consciente al levantarte de la cama es que tienes un problema, o eres sonámbulo, claro está.
─ Pues no aceptaría.
─ ¿No aceptarías?
─ Eso mismo ─dijo Jorge con evidente calma─. ¿Y si me da por ser sonámbulo de repente? ¡Joder! Eso es morir de la forma más estúpida que conozco, y además rico. Sería penoso.
─¡Dios Jorge! ─chilló Marc─ ¿No lo ves? ─se incorporó nuevamente─. Puedes morirte en cualquier momento de la forma más casual y en donde sea. Puedes salir a la calle y que te caiga un maldito meteorito. No morirías rico en este caso. De la otra forma vivirías adinerado hasta que fallaras en tu cometido, o con otro meteorito. ¿Me entiendes Jorge? Ya no sé como...

miércoles, 4 de abril de 2012

"Feliz cumpleaños Trysha": SI lo has sentido no todo está perdido!

FELIZ CUMPLEAÑOS TRYSHA!!!

Dedicatoria especial para quien se preocupa por todos pero aun así deja pasar algo tan importante como un cumpleaños. NO le quites importancia porque es un añito más que te tendremos en el blog y un año más que puedo afirmar "que bien que hayan personas así en el mundo" (y no exagero, sabes muy bien como es por aquí)

Jovial, seductora, sensible, así era aquella exótica mujer, cabellos ondulas y negros, piel que relucía de un modo sobrenatural cuando era provocado por los leves rayos del sol. Un carisma innato que cualquier ser sobre esté intento de sociedad civilizada admiraría pero… la verdad era otra, sin importar cuánto halago recibía no se decidía aun a dar el gran paso.

-Debes hacerlo, es algo importante-

-No lo sé- dijo la chica de cabellos ondulados- Es complicado… ¿Y si me equivoco?-

-¿Eso que tiene?-

-No lo sé, lo consultare con la almohada- dijo la chica dando la media vuelta y dejando sola a su acompañante.

“quizás ella tiene razón”- pensaba la chica de cabellos ondulados- “Me he postergado lo suficiente… quizás tenga una vida pero… ¿es lo que quiero?... ¿es mi expectativa de vida?... que complicado”

Sus pasos la condujeron hasta el bar que solía frecuentar cuando su ánimo caía por los suelos y le llegaba un fingido intento de depresión.

Se acercó a una de las mesas para dialogar con los tres chicos que ahí yacían.

-¿Qué haces tan tarde aquí, pequeña? No es hora para los niños-

-Idiota… somos de la misma edad-

-¿Ocurrió algo?- Dijo el hombre de ojos esmeraldas.

-Creo que estoy pasando por una fase existencialista… ¿Qué es ser feliz?-

Los tres hombres abrieron sus ojos en señal de sorpresa ante tal rebuscada y a la vez difícil pregunta para responder.

-¿Acaso seré feliz si tengo dinero, viajes y el efímero amor?-

-No se tu concepto pequeña- dijo el hombre de ojos esmeraldas- Pero si tengo una cosa muy clara, cuando llegues a encontrar la feliz, y no me refiero a ese seudoestado de paz y maripositas en el estomago, avísame, porque publicaremos un libro y será el descubrimiento más grande de la historia-

-Que tonterías dices, el siguiente- dijo con tono decaído y apuntó al hombre de cabellos castaños a su lado.

-¿Tengo que responder?-

-Claro, al menos miénteme-

-¿Felicidad? No creo que exista tal cosa pero… Seria genial si lograras encontrarla antes de morir, ¿no crees?-

-Bastante vago, el siguiente- apuntó al hombre canoso y que fruncía el ceño.

-¿A qué demonios viene tanta pregunta? Si hay algo que quieres hacer, hazlo, ¿Por qué demonios necesitas la aprobación de otros para ser feliz? ¿Acaso no puedes conseguir la felicidad por tus propios medios? Aun si fuera un instante… si es felicidad genuina, eso es suficiente para vivir hasta los mil años, ni un día más ni un día menos-

La chica entorno los ojos en una clara señal de asombro ante tal respuesta impensada entregada por ese hombre de dudosa reputación. Felicidad… la chica se marchó por las desiertas calles y alzó la vista contemplando la luna que estaba en su punto máximo.

-¿Felicidad?... ese idiota tiene razón, ¿Qué demonios importa si nunca vuelvo a tener esa sensación de plenitud? Si ya la he sentido… es mucho más de lo que otros pueden decir. Además-

Revisó sus bolsillos y sacó la llave para entrar a su morada, esbozó una sonrisa al ver los papeles en las paredes, la improvisada decoración y aquellos dos rostros que le sonreían gentilmente. El niño pequeño corrió a su lado sin dejar de sonreír.

-Feliz cumpleaños mamá…-

¿Felicidad? ¿Qué demonios importa si jamás la encuentro? O mejor dicho… no creo que haya otro ser sobre la tierra más feliz que yo, ya tuve la felicidad, ahora voy por algo mayor, algo que está por sobre ese vago concepto de la felicidad, ahora voy a... “vivir”

Yami no matsuei (13)



Domador de bestias.

Las seis personas se mantenían reunidas en la cocina, ya estaba oscureciendo pero ninguno se quiso levantar para encender las luces, preferían quedarse en la oscuridad, quizás porque ya estaban acostumbrados a ella y no les molestaba.
Eliot se llevó otro trozo de chocolate a la boca, sabía muy bien que los demás estaban esperando que dijera algo, así que lo masticó rápidamente y dejó las manos sobre la mesa.

-Como les dije… soy un domador de bestias, cuando esa familia me adoptó me llevaron a vivir con ellos, tenían una pequeña aldea entre las montañas alejadas de cualquier forma de vida que no fueran los arboles y esas cosas. Desde pequeño me enseñaron a dominar el fuego, me costó mucho trabajo pero logre controlarlo. Entonces un día… simplemente ocurrió…-

“””””””””””””flashback””””””””””””””

-Vamos Eliot, no seas aburrido- dijo uno de los niños.
-Pero nos prohíben ir al lago-
-Solo queremos ir a ver, nada pasara, por favor acompáñanos-
-Bien pero iremos solo a mirar-
-Sí-

Los cuatro niños se adentraron en el bosque hasta que cruzaron la línea roja que se marcaba sobre el pasto y solo los miembros de ese clan podían ver. Eliot sintió un escalofrió recorrer su cuerpo, sus padres le habían advertido que no cruzaran nunca esa línea solos porque afuera era un territorio salvaje y lleno de enemigos.
A lo lejos diviso el lago y los tres niños corrieron hacia él, Eliot se acercó un poco más temeroso y detuvo a uno de los niños cuando vio como se quitaba la polera.

-¿Qué haces?-
-Ya que estamos aquí me bañare un poco, el agua se ve deliciosa-
-Pero no podemos, cerca de la aldea hay un rio, podemos jugar ahí-
-No seas aburrido Eliot, además este lago es hermoso-

Se liberó del agarre de Eliot y entró al agua seguido por los otros tres niños. El demonio de ojos dorados se dio la media vuelta para regresar a la aldea pero cuando se internó en el bosque escuchó unos gritos. Vio como del agua salían unas criaturas negras, similares a lobos. Utilizó sus poderes para alejarlos pero fue inútil, apenas conocía lo básico y solo podía crear unas pequeñas bolas de fuego que no hacían ningún efecto en esas criaturas de agua. Dos niños corrieron a él asustados. Eliot los tomó de los hombros para que reaccionaran.

-¡Vayan por ayuda!-

Los dos niños salieron corriendo en dirección a la aldea y Eliot tomó un palo del suelo para alejar a las dos bestias de su amigo. El niño lo observó llorando mientras se tomaba su tobillo lastimado.

-¿Te duele mucho?-
-Sí… no quiero morir-
-No dejare que eso pase, debemos resistir un poco y llegara la ayuda-
-Lo siento Eliot… dijiste que no viniéramos pero no te hicimos caso-
-No es tiempo para disculpas, trata de levantarte-

Eliot distinguió como una de las bestias se abalanzaba sobre ellos y lo detuvo colocándole el palo en la boca, la bestia le enseño sus colmillos rompiendo el palo y mordiendo su brazo derecho, Eliot aprovecho esto y le dio con una bola de fuego en el rostro. La criatura acuática se alejó unos metros sangrando, esto causo el alivio de ambos jóvenes pero al cabo de unos segundos cuatro bestias salieron del agua. Eliot los observó asustado, sino hacia algo los matarían a ambos. Las seis bestias comenzaron a acercarse mientras enseñaban sus colmillos furiosamente. Eliot se levantó y se quedó frente a su amigo para defenderlo. Observó fijamente a las criaturas muy enojado, uno de ellos lo iba a atacar pero en un extraño impulso grito.

-¡Al suelo!-

La criatura con apariencia de lobo se recostó en el suelo en señal de sumisión, Eliot lo observó algo sorprendido y les dio la misma orden a las otras cinco bestias. Todos se recostaron sumisamente frente a él. Eliot se acercó curioso y se arrodilló frente a una de las bestias, la criatura con apariencia de lobo se abalanzó sobre él, el niño que lo acompañaba gritó por el miedo y de entre los arboles salieron tres adultos de la aldea listos para matar a las bestias pero se quedaron de pie mirando la escena, Eliot estaba jugando con dos de las bestias, y una de ellas lamia su rostro. El demonio se incorporó sonriendo al verlos.

-No tienen que atacarlos, solo estaban defendiendo su territorio, fue nuestra culpa por entrar sin pedirles permiso, ya está todo bien-dijo sonriendo y acariciando la cabeza de una de las bestias. Uno de los adultos lo miro sorprendido.
-Tú eres… no eres uno de nosotros… un domador de bestias-dijo indicándolo- ¡Es un domador de bestias!-

Uno de los adultos lo llevó arrastrándolo del cabello hasta arrojarlo al centro de la aldea, ante la mirada atenta de todos. La mayoría lo indicaba con el dedo mientras le gritaban insultos. Distinguió a sus padres entre la multitud y luego se arrodillaron a su lado para abrazarlo.

-Tranquilo Eliot, todo estará bien, llévalo a casa querida-
-Sí…-

Eliot vio como se formaba un tumulto de personas enojadas alrededor de su padre. Por la noche lo vio llegar y corrió a abrazarlo.

-¿Qué ocurrió papá? ¿Qué es un domador de bestias?-
-Siéntate Eliot, ya eres grande… ya sabes que no somos tus padres-
-Sí…-
-Ambos te amamos mucho, por eso… nos iremos de aquí mañana-
-¿Por qué?-
-Un domador de bestias es una persona con poderes sobre otras formas de vidas, puedes controlar a criaturas salvajes, y eso nos incluye a nosotros, los demonios-
-Pero yo no sé hacer eso-
-Es algo innato Eliot, es tu poder, nadie puede quitártelo y solo tú puedes usarlo-
-Papá-
-Los demás creen que los domadores de bestias son personas peligrosas, debido a sus poderes para controlar a otros…-
-¿Entonces debo irme?-
-Nos iremos de aquí, encontraremos otro lugar donde vivir, somos tus padres y eso no cambiara nunca-
-Sí…-
-Ve a arreglar tus cosas y nos vamos-

Eliot fue a su cuarto y se escapó por la ventana, cerca del rio encontró a sus amigos reunidos, fue hacia ellos pero cuando lo vieron todos retrocedieron unos pasos asustados.

-¡No te acerques!-
-Soy yo… Eliot-
-Ya nos dijeron quien eres… ¡usaste tus poderes con nosotros! Igual como lo hiciste con esas bestias-
-No… yo no haría eso, lo juro-
-Vete de aquí, no queremos volver a verte-

Eliot se marchó corriendo de regresó a su habitación tratando de no llorar.

“”””””””””Fin del flashback””””””””””””””

-Y luego nos fuimos de la aldea… nunca regresamos- término su relato con tristeza en su voz. Joshua lo miro fijamente.
-Si esas personas te despreciaron por eso, son unos idiotas y no eran ni tus amigos ni tu familia-
-Joshua…-
-Solo por esta vez, estaré de acuerdo con lo que él dijo, no debiste ocultárnoslo- dijo Jack- Ninguno de nosotros es un ejemplo de persona, así que no tienes que preocuparte-
-Jack- sonrió. Sebastián asintió acariciando la cabeza del demonio de ojos dorados.
-Yo también estoy de acuerdo, que seas un domador de bestias no cambiara nada en cómo hemos estado viviendo-
-¿De verdad?-
-Sí, aunque ahora he tomado cierto interés en ti, así que uno de estos días jugaremos juntos- dijo con su habitual sonrisa sádica.
-Nunca cambiaras Sebastián- dijo con una sonrisa. Caín lo observó.
-¿Alice lo sabe?-
-Sí… ella me ayudó cuando más lo necesitaba, no tenía a donde ir, así que ese día me prometí a mi mismo que la protegería con mi vida pero Alice… dijo que eso era una pérdida de tiempo, que a su lado no encontraría nada bueno- se llevó un chocolate a la boca y sonrió- Pero no le hice caso y vine con ella, entonces conocí a Caín, Sebastián y Jack- dejó sus manos sobre la mesa- Alice es especial para mí, yo quiero… que ella también pueda ser feliz pero no soy la persona que la hará sonreír así que me quedaré a su lado todo el tiempo que haga falta-
-Qué lindo de tu parte- dijo Sebastián sonriendo- El sentimiento es mutuo-
-Me estás molestando- dijo Eliot fingiendo un berrinche. Caín se levantó encendiendo las luces.
-Lo más importante ahora es…- indico a Joshua- ¿Qué haremos contigo? Nos mentiste-

Joshua lo observó fijamente y luego bajo la vista cabizbajo, aceptaría su castigo sin importar lo que fuera.

martes, 3 de abril de 2012

Recuerdos (8, 9, 10)


8



            Anochecía cuando avistaron el asentamiento rebelde.
Durante el camino, había oído decir a sus espaldas cosas como “Pero si sólo es un crío…” o “Debe estar embrujado”. Quizá lo segundo era cierto, pero, en ese caso, lo veía como algo bueno.
            Desde el incidente con Mayú, el escuadrón había cambiado su marcha al trote. Durante ese día, pararon apenas unos minutos para comer, momento en el que Navir se puso al mando de manera definitiva: él sabía que tenía derecho legal a ocupar ese puesto al haber matado a Mayú, así que pidió un informe de situación. Resulta que los rebeldes llevaban meses asesinando y robando sin piedad en Tháramos, y habían fundado una secta religiosa. Sólo tenía que seguir ese juego para encontrar a Zeit… terminar con los rebeldes y entrar en la gran ciudad.
            Habían avistado ese asentamiento, pero no tenían pensado atacar de frente a la primera de cambios. No, Navir no consentiría una ofensiva tan ridícula y predecible.
            El sol había desaparecido y la única luz venía de ese asentamiento. El cerro ocultaba a los doscientos caballos y caballeros que esperaban órdenes. Navir se ocupó de ello.
            -Yo iré primero. No os mováis hasta que la luna haya alcanzado su cenit. Entonces, atacaréis y os encontraréis conmigo adentro. Mientras tanto… escondeos. Lejos, que no os vean.
            El escuadrón obedeció desconcertado y se alejó. Navir dio un rodeo al cerro y se abrió paso por entre las improvisadas cabañas y lumbres. Tenía los brazos levantados en son de paz, así que no le atacaron. Pero en pocos segundos fue rodeado y obligado a bajar del caballo. Todos vestían ropas de cuero, tenían armas de hierro y estaban sucios. Uno de ellos, más barbudo y obeso que el resto, le habló.
            -¡Maldito tharamés! Danos una razón para no rebanarte ese orondo pescuezo que sujeta tu sucia cabeza.
            -Bueno, bueno, vamos a tranquilizarnos. Resulta que traigo información que os puede servir a todos. Sólo dejadme conversar con quien sea que esté al mando de todo esto.
            -¡Déjate de fantochadas! ¡Te juro que…!
            -Déjalo –era una voz ronca y grave como si la estuviera forzando. Tras una cabaña, apareció una persona morena, musculosa como Mayú pero de estatura más baja. Su rostro no era nada agradable, y parecía haber perdido todo su cabello -. ¿Qué quieres, tharamés? Si esa información no es de mi agrado, morirás a mis pies.
            -Quiero comunicar algo a todos los rebeldes.
            Bajo la atenta mirada de ese hombre y otros seis o siete guerrilleros, se permitió el lujo de saltar sobre una mesa y gritar: -¡¡¡ATENCIÓN!!!
            Todas las cabañas se vaciaron en pocos segundos y pudo darse cuenta de que, en número, los rebeldes superaban a su escuadrón. A la altura de la mesa diferenció un ingente número de arqueros apostados alrededor del asentamiento. <<No lo conseguirán>>, pensó al instante respecto su escuadrón. Sin más dilación, se dirigió a todos ellos con las siguientes palabras:
            -¡Nobles y justicieros! Os veo tan en forma como la corrupción en el gobierno de Noiblar. ¡He sido traicionado y desterrado de Tháramos, ciudad donde viví y crecí con mi familia sin hacer ningún mal! ¡Y a mucha honra, si mantengo mis propios ideales!
            Menuda improvisación. Todos le observaban. Cuando dijo esto último, levantó el brazo como signo de júbilo y todos le imitaron, sumando gritos de euforia.
            -Antes de salir de aquella inmunda ciudad, me percaté de un movimiento militar secreto por parte del mismísimo terrateniente de Tháramos. ¡Pretenden apoderarse de toda la comarca por la fuerza, imponiendo su tiranía a cada paso que dan! ¡¡No lo consentiremos!!
            Se repitió el grito conjunto de los rebeldes.
            -Y, amigos, justo esta noche comienza. Cuando la luna alcance su cenit, Noiblar habrá caído bajo las fauces de Tháramos, ¡pero eso no pasará aquí! ¡Hermanos, preparaos para demostrar a esos malnacidos quienes son los verdaderos herederos de las tierras de Noiblar!
            El caos estalló y todos se pusieron manos a la obra. Navir bajó de esa mesa y el jefe se dirigió a él.
            -¿Por qué deberíamos creerte?
            -Porque voy a luchar a vuestro lado, y porque os he avisado de una emboscada. Si queréis morir durmiendo, podéis matarme aquí mismo e ignorar este hecho. Será en pocas horas, vendrán por el norte. Prepara a tus hombres.

           

            9



            La luna había alcanzado su cenit, y todo estaba preparado para la sangrienta y nocturna batalla que sólo Navir era capaz de controlar. Algo sucedía en su cabeza… algo había cambiado. Lo había perdido todo, pero ese don le otorgaba el poder necesario para recobrar venganza, para dar su merecido a todas las fuerzas oscuras que atentaban la paz en Noiblar. Pero, ¿se estaba volviendo Navir un ser malvado movido por la codicia y el poder? Había matado sin piedad a varias personas. Le excitaba, pero no lo hacía por eso. Siempre había sido muy meticuloso y calculador, pero su nivel de inteligencia se veía estimulado.
            Entre aciagos pensamientos, retomó el hilo de la batalla. Se encontraba entre los rebeldes como uno más, escondido bajo los vastos brotes de las raíces de un olmo. Giró la cabeza para asomarse hacia el norte: la caballería tharamesa ya se acercaba al galope hacia la llanura que compondría el campo de batalla. Los arqueros comenzaron su trabajo, pero esos caballos eran muy rápidos. Mientras los arqueros caían, todos los rebeldes comenzaban a lanzar sus hachas contra las armaduras de sus oponentes: eran más resistentes que las suyas y no caerían fácilmente.
            Los arqueros habían desaparecido. La mayoría de los caballos habían huido o muerto, así que, a partir de ese momento, la batalla se había convertido en un inhumano combate cuerpo a cuerpo. Habían menos soldados tharameses, pero estaban mejor preparados. Era una batalla equilibrada. Navir decidió aparecer. Tháramos a un lado, rebeldes al otro, y él en medio.
            No corría, sino que caminaba. Se le acercaron varios tharameses, pero los abatió sin problemas. Buscaba con la mirada a ese mugriento cabecilla calvo y moreno. <<Ahí está>>. Cuando lo vio, corrió hacia él y se abalanzó sobre su cabeza con un salto a dos metros de distancia; al caer, clavó la daga que tenía en su mano derecha en su garganta y lo miró a los ojos. Pero entonces, todo se volvió oscuro y sintió que su alma se alejaba de aquél lugar. La batalla no había hecho más que comenzar, pero la hierba estaba ya impregnada del característico color carmesí de la sangre.
            Ese color carmesí desapareció. Y los cadáveres, los soldados y los rebeldes, incluso la noche. Otro recuerdo había acudido a él. De nuevo, estaba en la piel de Iván, que no era otra persona que él mismo en un lejano pasado. Iván vivía oculto en el más recóndito hueco del corazón de Navir. Su recuerdo comenzó.

10



            -¡Vamos, Iván! ¿Es eso todo lo que puedes hacer?
            Iván comenzaba la pubertad y ya desarrollaba musculatura. Héctor, su padre, y él, simulaban un duelo de espadas como los que habían leído en los libros de fantasía. A ambos les encantaba imaginar que vivían una aventura de ilimitada epicidad. Las espadas eran de madera y estaban frente a su modesto hogar en Inadh.
            -¡Papá, si te estoy metiendo una paliza!
            Cada uno reía de lo que decía el otro. Eran felices. María, su madre, se asomó unos instantes para avisarles.
            -¡Venga, chicos, entrad! Se os enfriará la poca comida que habéis cazado hoy…
            -Pero bueno, María, la primavera acaba de comenzar, no seas exigente. Mañana traeremos el doble. ¿No es así, Iván?
            -Si me ocupo yo, sí.
            Iván y su padre se lanzaban divertidas indirectas mientras se dirigían a la mesa. Comieron un conejo asado y, a medida que terminaban, se iban a echar una siesta. María y Minerva se alejaron y padre e hijo entablaron una conversación.
            -Mira, hijo, tú nunca debes tentar al acero. Sólo hay que compartir mandobles cuando la vida está en peligro. ¡Pero cuida tu vida! No busques una excusa para probar tu habilidad. Recuérdalo, hijo. Lucha por una causa noble. Lucha por la libertad, la justicia… lucha por tu propio honor y memoria. Fuera de esta casa, Iván, están muriendo personas indefensas, y su verdugo es la misma avaricia, el odio de todas las personas que tienen el poder. No busques el poder, Iván, pero sabe aceptarlo cuando éste acude a ti. El verdadero poder viene con amor. Si algún día tienes un poder así… no dejes que te engulla.
            Con estas palabras, Héctor se retiró a su cama, dejando a Iván desconcertado. En este momento, Navir salió del estado de trance en el que se encontraba y volvió al campo de batalla.
            Ahora era un campo de batalla vacío. Todos habían muerto. Había cadáveres por todas partes, y tanto tharameses como rebeldes se veían igualmente mojados de la misma sangre carmesí. Navir estaba lleno de esa sangre. Sus manos, sus armas.
            Los había matado a todos.

¿Bailamos?


¿Cuándo comenzó todo? No lo sé.

¿Por qué lo hago? Quién sabe.

¿Me gusta? Mmm… no sabría responder eso.

¿Involucramos sentimientos? Que difícil, no quiero pensarlo hora.

-Detente de un vez…- dijo el joven jadeando suavemente.

-¿Por qué lo haría? Sabemos muy bien que te gusta Joshua, de lo contrario no me lo hubieras pedido-

-Pero…- dijo intentando regular su respiración- Por favor Sebastián… ya no puedo más… yo voy a… voy a…-

-Me encantaría ver eso, adelante-

-Sebastián- dijo con las mejillas sonrojadas- Es suficiente-

-Claro que no, te dije que estaríamos toda la noche haciéndolo, ¿Quién fue él que me lo pidió primero?-

-Sé lo que dije pero…- dio un grito de dolor y apartó al mayor muy enojado- ¡bastardo! Me acabas de pisar el pie-

-Perdón, continuemos-

-Ya te dije que fue suficiente, hemos estado tres horas practicando el vals y aun no puedo hacerlo de una manera decente-

-Entonces practica aun más-

-Es inútil, sacare una mala nota mañana-

-Estás demasiado rígido, déjate llevar-

¿Quién se creía ese sujeto? La única razón por la que le pedí ayuda fue porque es el mejor en la clase y sabe bailar prácticamente cualquier cosa que tenga ritmo. Tengo que esforzarme mucho o solo le daré razones a este bastardo para continuar molestándome.

-Joshua-

-¿Qué…?-

-Hagámoslo del comienzo, cierra tus ojos y déjate llevar-

-Sí…- respondí algo inseguro de sus acciones.

Cerré los ojos despacio y deje que la canción impusiera su ritmo sobre mi cuerpo, a los pocos minutos pude sentir que bailar era tan sencillo como respirar.

Abrí los ojos cuando terminó la pieza musical y me encontré completamente solo. Suspiré observando las sucias y casi deterioradas cortinas que cubrían los restos de cristal que tenia la ventana. Esbocé una pequeña sonrisa y me llevé la mano derecha a la boca.

-Que estúpido soy, los muertos no bailan ¿verdad Sebastián?-

Dejé la rosa azul en el centro de la habitación y me marché rápidamente de la vieja edificación donde solíamos practicar. Me quedé unos segundos en el parque dejando que la lluvia se fundiera con mis silenciosas lágrimas como si ese mero acto me permitiera arrojar al olvido el dolor que sentía.

Me volteé al oír su voz chillona y ella se colgó de mi brazo sonriendo.

-¿Esperaste mucho Joshua?-

-No querida, solo estaba meditando un poco-

-¿Bajo la lluvia? Si que eres raro-

-Es mejor que nos vayamos, Eliot se enfadara mucho si no llegamos a su fiesta de compromiso-

Caminé junto a ella en silencio, mi humor estaba por los suelos y no era una buena compañía para nadie. Sentí una suave brisa en mi mejilla derecha y una pluma blanca cayó en mi hombro derecho. La tomé despacio mientras sonreía.

-Que idiota eres… aun sigues animándome-

-¿dijiste algo Joshua?-

-Nada-

El salón principal del hotel estaba plagado de personas con elegantes trajes. Me quedé sentado en una esquina mientras bebía un sorbo de vino. Escuché la música cabizbajo, era la misma melodía que Sebastián me forzaba a practicar una y otra vez. Sonreí miserablemente y alcé la vista cuando distinguí una sombra sobre mí. Una chica de cabellos negros, ojos esmeraldas y una amplia sonrisa en su rostro, me estaba ofreciendo su mano derecha.

-¿Bailamos?-

-Claro- dije sin dudarlo ni un segundo- Será un placer-

Jamás he podido rechazar esas dos palabras, fueron las mismas que Sebastián pronuncio antes de marcharse y el mismo día en que nos conocimos. Observé a la joven frente a mí y sonreí.

Sé que es tonto pero solo por hoy creeré en tus palabras Sebastián, creeré en tu tonta leyenda infantil y tú estúpido deseo.

-No estés triste Joshua, era inevitable-

-Pero… no quiero que mueras-

-Ya estoy en fase terminal, no puedes cambiarlo-

-Sebastián…-

-Una vez escuché… que antes de llegar a este mundo se le conceden tres deseos a cada persona y una vez que los cumples mueres-

-No entiendo-

-Yo ya sé cuál es mi tercer deseo- dijo sin dejar de sonreír mientras me observaba fijamente con sus orbes esmeraldas- Cuando muera… deseo regresar a este mundo, sin importar el aspecto, solo quiero un noche-

-¿Para qué?- pregunté algo curioso.

-Para que bailemos, aun no me enseñas cuanto has mejorado-

-Idiota…-

-Es una promesa-

Yami no matsuei (12)



En medio de la tormenta.

Alice observaba a ambos hombres sin creer lo que escuchaba, Joshua era el hijo de khael, eso significaba que desde un principio todo fue un engaño, desde el comienzo todo fue una ilusión, sus palabras de apoyo, su incapacidad para herirla. Se levantó riendo y los observó a ambos aplaudiendo.

-Felicidades Joshua, admito que llegué a tenerte algo de afecto y me creí cada una de tus palabras, la próxima vez asegúrate de matar a objetivo antes de revelar tu identidad-

Joshua la observó fijamente, no deseaba lastimarla, ni a Alice ni a ninguno de los habitantes de esa casa, solo había pasado unos días con ellos pero había sido realmente feliz, con los actos infantiles de Eliot, la manera tan sádica en que Sebastián miraba a todos, los ataques de celos de Caín, incluso la indiferencia de Jack que al fin y al cabo era algo superficial.
Khael lo apartó de él y lo arrodilló sonriendo mientras observaba a la joven de cabello negro.

-Disculpa esto Alice, mi hijo es un completo idiota, le di una tarea sencilla y ni siquiera es capaz de cumplirla- tomó la mano derecha de Joshua y le rompió la muñeca, el joven dio un desgarrador grito y se quedó en el suelo quejándose débilmente- Al parecer tendré que hacerme cargo de esto personalmente para que resulte-

Vio como su padre atacaba a Alice mientras Camelia se encargaba de los otros tres demonios. Una silueta más se unió a la batalla, era el mismo hombre que los había atacado en el parque de diversiones. Se arrodilló cabizbajo quedándose inmóvil, ya no sabía qué hacer, deseaba el reconocimiento de su padre pero se sentía miserable al haberlos traicionado.
Eliot se incorporó despacio observando a su alrededor, había escuchado la confesión de Joshua y eso lo molestaba mucho, apareció frente a él.

-¿Es cierto…? ¿De verdad nos traicionaste?-
-Eliot-
-Pensé que… realmente te agradábamos- bajo la vista triste.

Joshua apretó los puños cerrando los ojos, en solo unos días esas personas le habían dado razones para reír, preocuparse, llorar, incluso sentir cariño por ellos, su padre solo le daba órdenes y jamás le había dado una muestra de cariño. No podía traicionar a esas personas, no podía traicionar a Alice, tenía la impresión de que realmente ella le había tomado algo de cariño, todos le temían y se mantenían alejados, ella ya no se apegaba a nadie para no sufrir, quizás por eso los cuatro demonios permanecían a su lado, cada uno necesitaba apoyarse en el otro para mantenerse en su interminable oscuridad.

-No puedo…- comenzó a murmurar- no puedo hacerlo…-

Sacó algo de sus bolsillos y observó fijamente la pequeña cruz plateada con una cadena del mismo color, era el único recuerdo que tenía de su madre. Lo apretó con fuerza entre sus manos y luego enrolló la cadena en su muñeca izquierda con algo de dificultad. Caminó hacia su padre materializando una espada negra de mango plateado. Khael se volteó a verlo mientras sonreía.

-Aun puedes moverte, apresúrate en matarla, si lo haces te permitiré regresar a mi lado-
-Yo…-
-Es lo que siempre has deseado ¿verdad? Adelante, asesina a la princesa oscura y tendrás lo que tanto deseas, mi reconocimiento- dijo con una amplia sonrisa.

Joshua caminó hacia Alice y alzó la espada sin dejar de mirarla, la princesa oscura cerró los ojos aceptando lo que vendría. Joshua observó la pequeña cruz en su muñeca izquierda y giró la espada haciéndole un corte en el brazo a khael, este dio un saltó para esquivar los repetidos ataques de su hijo. Ambos quedaron frente a frente.

-¿Qué crees que haces, Joshua?-
-Lo que debí hacer hace mucho tiempo- empuño la espada con fuerza y saltó hacia él para darle el golpe de gracia- ¡Acabar con tu miserable existencia!-

El demonio de ojos plateados dejó que su hijo se acercara lo suficiente y cuando estaba a centímetros de él sonrió permitiendo que lo atravesara con la espada. Le provocó risa la confusión que reflejaba su rostro. Joshua lo miró soltando la espada y retrocediendo unos pasos.

-Sabía que al final resultarías una molestia, eres igual a tu madre así que simplemente- apareció tras Joshua- Te matare-

Khael sonrió para rebanar el cuello de su hijo con sus garras pero una cadena de fuego lo hizo retroceder, Eliot libero sus alas en llamas y se lanzó contra el demonio haciéndole varios cortes en sus brazos y torso. Dio una vuelta para quedar tras el enemigo y lanzarle varias cuchillas en llamas. Khael logró esquivar la mayoría y se arrodilló junto a Camelia.

-¿Quién eres tú? Los maestros de fuego ya no existen, asesiné a cada uno de ellos-
-Es verdad pero no soy un maestro de fuego- sonrió para comer un chocolate y le indicó que mirara atrás. Khael se volteó para ver una silueta que le resultó muy familiar.
-No es posible… ¡Es imposible! Nadie puede controlar a la muerte-

Desapareció con Camelia antes de ser tocado por aquel sujeto. Eliot sonrió satisfecho y fue corriendo hacia el hombre que yacía de pie a unos metros de los demás, lo abrazó ofreciéndole un chocolate.

-¿Quieres?-
-No… ¿Para qué me llamaste?- pregunto el hombre de cabellos negros.
-¿Qué significa esto, Eliot?- preguntó Jack acercándose despacio al igual que Sebastián y Caín.
-Bueno, es cierto que puedo controlar el fuego pero mi verdadero poder es otro- comió un poco de chocolate antes de seguir hablando- Soy un domador de bestias, puedo controlar a cualquier criatura, eso incluye a la muerte pero mi poder es limitado sobre él-
-Ya veo- dijo Sebastián- Ahora entiendo cómo puedes vivir con nosotros tres-
-También son bestias pero jamás usaría mis poderes en ustedes… así que no deben preocuparse, nunca los he controlado- dijo algo triste y soltando a la muerte que desapareció del lugar.
-Vaya, al final el pequeñito resultó ser más fuerte que cualquiera de nosotros- dijo Jack con una sonrisa.
-Chicos…-

Un fuerte ruido los hizo voltearse, Alice había abofeteado a Joshua cuando este intentó acercarse a ella. El joven de ojos amatistas la observó fijamente.

-Alice…-
-No te atrevas a tocarme-
-Por favor escúchame… no quise mentirte, a ninguno de ustedes yo… es cierto que mi padre me ordenó matarte pero… no puedo hacerlo, no podía matarte y… tenía miedo de decirles la verdad, no quería que me odiaran, realmente lo siento, por favor perdóname-
-¿Por qué te disculpas? No esperaba menos de ti y te lo dije desde un principio, puedes matarme si lo deseas, puedes irte cuando quieras, nadie tiene la obligación de permanecer a mi lado-
-Alice…-
-Haz lo que quieras- se volteó dirigiéndose a casa pero Joshua la detuvo.
-Por favor no te enojes-
-¡No te creas la gran cosa!- lo apartó enojada- Desde un principio solo fuiste un extraño, desde el comienzo no hubo nada ni esperaba nada de ti- Joshua intentó tocarla pero Alice le enseño sus colmillos- Para mí solo eres una maldita rata, si me vuelves a tocar no dudare en matarte-
-¡Entonces hazlo!-l e entregó un cuchillo negro- Adelante Alice, mátame, puedo asegurarte que no lo harás-
-¡No estés tan seguro!- colocó el cuchillo en el cuello de Joshua, este sonrió.
-Hazlo, no puedes hacerlo ¿verdad? Desde el comienzo tuviste tu oportunidad, pudiste matarme sin problema, incluso cuando tomaste mi sangre lo único que había en tus ojos era tristeza, tú no eres capaz de matar a nadie, no puedes herir a nadie-

Alice arrojó el cuchillo contra un árbol y se internó en el bosque, Caín la iba a seguir pero Sebastián lo detuvo por el brazo para impedírselo. Los tres demonios observaban de una manera despectiva a Joshua por el contrario de Eliot que corrió hacia él en compañía de Nicole.

-¿Te encuentras bien, Joshua?- pregunto la mujer.
-Sí… eso creo- respondió tristemente, Eliot curó su muñeca rota y lo tomó de la mano.
-Vamos a casa, debes descansar un poco-
-Pero-
-Está bien, no has dicho nada malo, aunque no lo creas todos pensamos igual que tú, al menos Caín y Jack tienen la intención de matarla pero no pueden hacerlo- Caín apareció frente a ellos muy enojado.
-¡No pongas palabas en mi boca!-
-Es la verdad- replicó el chico de ojos dorados- Todos encontramos nuestro punto de equilibrio al llegar aquí, sin importar las razones ahora convivimos juntos y nos acostumbramos a eso porque es divertido. Estando aquí… cada uno es diferente a su manera, cada uno aporta cosas que ayudan al equilibrio… yo entiendo muy bien cómo se siente Alice porque hemos pasado por cosas similares, por eso acepté venir con ella-
-Eliot-
- … soy un domador de bestias, mis poderes son sumamente extraños, así que fui despreciado desde que nací, terminé quedándome solo cuando mi clan fue destruido pero una familia de maestros de fuego me adoptaron, por eso sé controlar ese elemento pero no es mi especialidad. Ellos realmente me querían pero… las cosas cambiaron cuando descubrieron mi identidad, cuando las personas saben lo que soy tienden a dejarme…-
-Eliot-

El demonio de orbes plateados, sacó un chocolate de su bolsillo para comérselo, no le gustaba recordar esas cosas, estaba bien haciéndoles creer a todos que controlaba el fuego.
Alzó la vista al cielo al sentir como pequeñas gotas rozaban su piel dejando su huella húmeda en ella.