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martes, 3 de abril de 2012

Zac el nigromante

Gnomo_atrapado.jpg (245×377)Zac el nigromante (10)
Recuerdos (parte 2)

En los meses siguientes, Zac estuvo aprendiendo como controlar su poder y como usarlo para defenderse. Sus avances eran asombrosos. A parte de que Guillem era un gran mentor, el chico tenía una capacidad para aprender rápido que estaba fuera de lo común.
Aquél día, Guillem le enseño como las sombras, a pesar de ser clasificadas como energía,
podían hallarse en distintos estados, así como lo hace la materia.
- Pero es más que eso, no solo podemos alterar el estado de las sombras en si, además es posible usar estas para alterar el estado de la materia de sonde procedan. Es un poco complicado de explicar. Mejor míralo tú mismo.
Guillem extendió el brazo hacia un árbol cercano, cerró los ojos e inspiró profundamente. Poco después, la sombra del mismo árbol se replegó y comenzó a trepar por el tronco, y cuando éste estuvo completamente cubierto por una brillante película azabache, el maestro tensó los dedos.
La sombra entró dentro del árbol y, en menos de un segundo, un mar de líquido, marrón como el tronco y verde como las hojas, salpicó por todas partes y dejó un gran charco allí donde había estado plantado el tronco. Guillem giró entonces su mano, cerrando el puño, y el charco se endureció como el cemento. Después, al abrir el maestro la mano, relajando la musculatura, la piedra se evaporó en una nube verde pantanosa.
- Cambiar el estado de la materia usando su propia sombra ¿Lo entiendes ahora?
- ¿¡Yo puedo hacer eso?!
- Podrías, pero es mucho más difícil alterar la materia que las meras sombras. Requiere mucha
más concentración y práctica. Y recuerda que sólo podrás alterar un objeto usando su misma sombra. ¿Voy muy deprisa?
- Un poco.
Guillem suspiró-. Si he podido alterar el árbol es porqué lo he hecho uno con su propia sombra, y
con cualquier otra no habría pasado nada. ¿Entiendes ahora?
- Bastante mejor, sí. Menudo poder tenemos en nuestras manos.
- No tanto. Es difícil como no te imaginas hacer esto con seres animales u otros seres vivos, mucho más con humanos. Y si estos humanos son nigromantes entrenados se puede decir que es imposible a no ser que tu poder alcance niveles monstruosos. La mayoría suele alterar objetos, plantas como mucho, o a si mismos, ya que si actúas sobre ti mismo no hay nada que te oponga resistencia.
- Creo que lo voy entendiendo.
- Es muy simple cuando lo dominas bien-. Dijo el hombre con una sonrisa. – Bueno, te dejo. Si llego mucho más tarde mi mujer me mata. Ah, sí, me dijo que te mandara recuerdos. Tú puedes quedarte y practicar lo que te he enseñado. Creo que Luci no tardará en llegar. Seguro que te ayuda con tu entrenamiento -. Entonces, Guillem le guiñó un ojo antes de desaparecer.
Zac se quedó unos segundos allí, ausente. Sentía como la sangre subía por sus pómulos y orejas, que se habían enrojecido un poco. Finalmente, decidió que quería aprender más sobre eso de la alteración, así que fue hacia uno de los muñecos de pruebas del patio trasero, fijó la mirada en la sombra de este y se relajó. Poco a poco vio que la sombra se movía, y que comenzaba a trepar por el muñeco a su voluntad. El chico no pensaba en mover la sombra, simplemente lo hacía, al igual que nosotros no pensamos en mover un brazo, por ejemplo, solo lo movemos y ya.
Cuando el muñeco fue totalmente de color negro, él se puso tenso y la sombra se tornó acuosa, creando un charco azabache. Pero el muñeco no cambió en absoluto.
- Estás comenzando con algo bastante difícil. Deberías comenzar con cosas más pequeñas. Y
más tarde, con tigo mismo.
Zac se volteó nada más oír esa voz, para encontrarse cara a cara con la enigmática sonrisa de
Luci.
- Por cierto, ¿has estado practicando aquello que te dije?
- Un poco, pero sigo sin saber comprimirlo del todo. Aún sigue pareciendo enorme.
- A ver, prueba ahora.

Zac accedió de mala gana. No le gustaba mostrarle a Luci cuando algo le salía mal, lo hacía sentir que quedaba como un tonto ante ella.
Extendió su brazo y cerró los ojos. Poco después, de su sombra comenzó a emanar un hilo de energía que fue tomando forma en su mano. En menos de un minuto, el joven sostenía una gigantesca espada negra que era casi más grande que todo su cuerpo.
Ella murmuró algo.
- Hummmm… Aún estás bastante verde, cuanto más comprimas la energía, menor será el tamaño del cuerpo que crees, sí, pero este será más sólido y poderoso. Crear espadas lo más finas posible es un buen ejercicio para comenzar con la manipulación de sombras.
- Lo raro es lo ligera que es pese a su tamaño.
- Eso es porque no es más que energía, aún no es un cuerpo totalmente sólido. También es por eso que es menos tangible y tiende más a travesar las cosas, en vez de cortarlas. Trata de visualizar como se aprieta hacia dentro. Es tu propia sombra, tendrías que poder controlarla mejor que cualquier otra. Pruébalo.
Zac agarró en mango con ambas manos, la hoja apuntando al cielo, y respiró profundamente.
Era como si la espada palpitase al ritmo de su respiración. Con cada inspiración la hoja se ensanchaba, y se reducía con cada expiración. Poco a poco, las reducciones se fueron haciendo más bruscas y las dilataciones más sutiles. Los brazos de Zac temblaban a causa del esfuerzo y la tensión a la que eran sometidos. Tras un buen rato de silencioso ejercicio, el arma medía ya dos tercios de su tamaño original. El chico siguió forzando, pero en pocos segundos sus ojos se abrieron de par en par, se encorvó, apoyándose en el suelo con la hoja para no caer e inhaló grandes bocanada de aire con tal de recuperar el aliento.
- Eh, eh, tranquilo. No hace falta que lo logres todo de golpe. Practica poquito a poco.
- Lo… siento -, dijo él, jadeante.
- No pasa nada. De todos modos, no está nada mal. ¿A que ahora pesa más que antes?
- Sí, bastante más.
- ¿Probamos un poco como te va?
- No sé…
- ¡Vamos! – Lo agarró del brazo y lo condujo a una zona más amplia. – Es sólo entrenamiento, no
hay ningún peligro. Venga, anímate.
Él se lo pensó un poco antes de asentir con una sonrisa.
- Tranquilo, no seré muy dura contigo. – Dijo ella con una sonrisa divertida.
Luci estiró sus brazos y su sombra se dividió en dos, que se enroscaron en ellos hasta crear dos brazaletes negros que le llegaban hasta los codos y de las que sobresalían dos relucientes cuchillas.
Se lanzó sobre Zac con los brazos en horizontal delante del pecho. Un golpe que el joven bloqueó fácilmente. Ella saltó hacia atrás y acometió contra él diversas veces. Atacaba una y otra vez lanzando tajos, evadiéndose, dando vueltas… En conjunto todo parecía una danza tan elegante como letal. En todo caso, se veía en su brillante sonrisa que Luci lo estaba pasando en grande.
Cruzaron espadas durante un buen rato, aunque Zac se limitaba a defenderse como podía sin moverse del sitio. Finalmente se decidió y, después de un bloqueo que desequilibró a la chica, descargó un tajo horizontal contra su cintura. Pero no sintió que la hoja cortase nada. Por allí donde pasaba la espada, el cuerpo de Luci se iba evaporando mientras una risa femenina floraba en el ambiente. Y cunado el corte estuvo completo, las dos mitades sobrantes también se desvanecieron en vapor negro. Zac buscó nervioso a su alrededor, pero lo único que llegó a ver era el, aún vaporoso cuerpo de ella lanzándose contra él con algo extremadamente brillante en la mano. Sintió una descarga al entrar en contacto con ese algo desconocido y voló un metro antes de caer al suelo. Desde allí vio a Luci acercarse con una esfera chispeante en la mano mientras soltaba una risita burlona.
- Aún tienes mucho que mejorar -. Y una de las cuchillas se alargó hasta casi rozar el pecho del muchacho. – Parece que yo gano -. Dijo con una inocente sonrisa.
- Pero no es justo. ¿Cómo has hecho eso de los rayos?
- ¿Esto? – alzó la esfera -. Es plasma. El plasma no es más que otro estado de la materia, y por tanto, también de las sombras. En ello nos basamos para crear relámpagos, fuego y ese tipo de cosas, aunque el plasma puede tomar formas que ni te imaginas. Por ejemplo Sergi, mi mentor, es capaz de hacer algo increíble con el plasma. Aunque casi nunca lo quiere enseñar. Dice que puede llegar a ser muy peligroso.
- ¡Pero yo no sabía nada de eso!
- Y yo sí. Para ganar hay que aprovechar precisamente de eso. De aquello que tu sabes hacer y que tu contrincante no sepa. Así ganan los mejores.
- Si tú o dices…
- Venga -, Lo ayudó a levantarse,- descansemos un poco. Y si quieres luego intento explicarte
como va esto del plasma.
- ¿De verdad?
- De verdad. Aunque tendrás que saber comprimir bastante más esa espada. Y tampoco esperes demasiado, yo tampoco lo domino del todo.
Ambos se apartaron y se sentaron a la sombra de un árbol, donde se relajaron. Corría una agradable brisa y se estaba fresco. Ella se tumbó mientras Zac la contemplaba sentado, con la espalda apoyada contra el árbol. Adoraba esos momentos en que podía estar a solas con ella.
Esperaba que algún día reuniría el valor suficiente como para hablarle de sus sentimientos hacia
ella.
Cuando ella lo sorprendió mirándola y le preguntó si pasaba algo, él corrió a buscar una excusa.
- No, es solo que… hace tiempo que me pregunto. ¿Handsom? No vienes de aquí ¿cierto?
Ella se levantó, quedando sentada, abrazando sus rodillas.
- En realidad nací en Inglaterra, aunque mi madre sí es catalana. Nos mudamos cuando yo tenía siete años porque andábamos mal de dinero y a mi madre le había salido un empelo aquí. De hecho, fue poco después de llegar cuando comencé a desarrollar mis poderes. Aunque por mi edad solo podían enseñarme a no perder el control y cosas muy teóricas. De los seis años que llevo aquí solo tres has sido de verdadero entrenamiento.
Cuando ya se levantaban, vieron a Sergi salir corriendo del edificio. Se detuvo frente a ellos y miró a Luci, lleno de júbilo.
- ¡Luci, no te lo vas a creer! He estado hablando con Dani sobre tu progreso. Ha decidido que estás preparada. Hoy podría ser el día, y mira que avanzar tanto en solo tres años es algo inusual. Siempre supe que lo tuyo era talento innato. Ven, quiere verte en persona; hay que concretar los detalles de la prueba.
A Luci se le iluminó el rostro. Se levantó de un salto con una sonrisa de oreja a oreja.
- Lo siento Zac, habrá que dejarlo por hoy -. Entonces le dio un suave beso en la mejilla -.
Deséame suerte.
En ese momento, Zac estaba absolutamente ausente por el beso. Pero aún así notó que algo no encajaba en lo que ella decía.
- ¿Suerte? ¿Para qué?
Ella lo miró extrañada -. ¿Es que Guillem no te ha hablado ya de ello? Bueno, no te preocupes, ya lo sabrás. Nos vemos.
Abrazó amistosamente al muchacho y se alejó con su maestro por el camino de piedra. Zac estuvo practicando solo un poco más, pero pronto vio que no podía concentrarse y se fue a casa.
Al día siguiente lo sorprendió el no ver a Luci como era habitual; pero tampoco se preocupó, a veces llegaba tarde. Aunque ardía en deseos de saber para qué la había llamado Dani, el encargado del sector catalán.
Buscó a Guillem en el vestíbulo y salieron fuera a entrenar.
- Bueno, ¿quieres practicar la alteración de estado?
- Claro. Pero, una cosa. ¿Qué es eso del plasma? ¿Me puedes enseñar?
El maestro se rió.
- Antes de comenzar con las prácticas avanzadas tendrás que dominar las cosas más simples ¿no crees? ¡Vamos! Comenzaremos con alterar objetos pequeños, y si es muy fácil luego probarás con tigo mismo. Al ritmo al que vas, puede que a finales de semana ya sepas alterar objetos medianos.
- ¿Y seres vivos?
- Calma, chico. Tampoco espero que avances tanto ni en todo tu entrenamiento. Tú aprende lo necesario y luego ya te centrarás en el campo que prefieras. De momento prueba con esto -, sacó una bolsita térmica del bolsillo de la que estajo un cubito de hielo -. Lo pondré al sol y por el momento tú solo trata de que no se derrita. Zac se concentró y cubrió el cubo con la sombra de este, centrado en mantenerlo compacto, en que sus moléculas no se separasen demasiado. Aunque el calor esa tardo comenzaba a ser asfixiante, se las arregló muy bien; hasta que Guillem hizo un golpe de muñeca y un anillo de llamas negras se prendió alrededor del cubito, que se desmontó en un charco que Zac pudo
congelar de nuevo, aunque ahora le costaba mucho más mantenerlo.
- Me he fijado en que eso era demasiado fácil para ti, así que me he tomado la libertad de
ponértelo un poco más desafiante.
Practicaron durante hora y media. Para entonces, Guillem ya le estaba enseñando a alterar partes de su propio cuerpo. Zac estaba tratando de aumentar la solidez de su mano cuando se atrevió a preguntar:
- Oye, Guillem. Ayer vino Sergi a decirle a Luci que Dani quería. Dijo algo de “hoy es el día”. Y
que si tú no me lo habías contado. ¿A que se refería?
El hombre adoptó una expresión seria mientras asentía.
- Supongo que ya va siendo hora de que te lo cuente. Luci realizó ayer su prueba de iniciación.
- ¿Iniciación?
- La prueba para dejar d eser un aprendiz y ascender a nigromante activo de pleno derecho.
- ¿Y que hacen? ¿Enseñan a los aprendices?
El hombre s encogió de hombros -. Hacen varias cosas según prefieran: Enseñan a los novatos, reclutan a gente que desarrolla poderes, investigan, se encargan de la enfermería… Oh, bueno -, su rostro se puso tenso, - y dan caza a las sombras salvajes.
- ¡¡¡ Qué!!! ¡¿ Qué se supone que es eso!?
- Vamos dentro, hablaremos mejor.
Guillem condujo a Zac de vuelta al vestíbulo. Allí se sentaron y el hombre le contó sobre los oscuros enemigos de los nigromantes (y de cualquier otro ser con cuerpo físico), y sobre cómo estos devoran el cuerpo y absorbe la sombra de sus víctimas. También le contó cómo los primeros descendientes de los Portadores acordaron que, al ser ellos más poderosos que el resto de humanos, su deber era proteger a quienes no habían tenido su misma suerte del aquél mal que mora en las mismas tinieblas en las que ellos se ocultaban; sin importar el poco reconocimiento y rechazo que siempre les ha acompañado, y que llevó incluso a la supuesta caza de “brujas” durante al edad Media.
- ¿Y yo tendré que luchar con esas cosas?
- Tarde o temprano todos terminamos haciéndolo.
- ¿Y en qué consiste la prueba?
- En general no suele ser muy difícil: Bajo la supervisión de su mentor, el alumno lleva a cabo una misión de eliminar a una o más sombras salvajes según su nivel. El maestro sólo mira, no puede interferir a menos que el aprendiz corra peligro de muerte; y si se da ese caso, la prueba se considera suspendida.
- ¿Y eso es lo que hizo ayer Luci? ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- Era cuestión de tiempo que lo supieras. Preferimos no decirle nada a los novatos para no asustarlos.
- Entiendo… ¿Qué tal?... ¿Qué tal le fue a Luci? ¿Ya es nigromante?
Guillem se levantó sin expresión alguna.
- Sígueme.
Subieron al segundo piso y cruzaron los tétricos pasillos que llevaban a la enfermería (dónde, más de una año después, estaría el mismo Zac soñando estos recuerdos). Al joven no le gustaba estar allí. Se le ocurrían muchas razones por las que ella podría haber acabado en ese sitio… y cada una era peor que la anterior.
Finalmente, entraron en una de las habitaciones donde reposan los pacientes. Allí estaba Luci, leyendo en la cama. Tenía una venda cubriéndole todo el brazo derecho y barios parches por la cara. Al verlos, se incorporó un poco, pero en seguida se volvió a tumbar mientras hacía una mueca de dolor.
- Tranquila, Luci, no te muevas. Mira quien ha venido a verte.

- Hola Zac. ¿Qué? ¿Estoy guapa con estos accesorios?- Rió un poco antes de que el dolor la hiciera callar.
Guillem carraspeó -. Bueno… yo os dejo solos, para que os pongáis al día. Y Luci, recuerda lo que te dijo el médico, trata de guardar reposo.
Después salió de la sala y un silencio incómodo se apoderó de ambos jóvenes. Zac se acercó y se sentó en una silla que estaba junto a la cama.
- ¿Qué pasó ayer?
- Error de cálculo. ¿Quieres un consejo? Nunca te confíes, por muy débil que pueda parecer tu rival o muy en firma que te sientas. De no haber sido por Sergi, agora estaría muerta.
- Entonces, suspendiste la prueba.
- Obvio. Pero, habiendo visto a la muerte cara a cara, eso ya es lo de menos. Lo que importa es que estoy aquí. La prueba ya la repetiré cuando esté preparada.
- Seguro que te saldrá bien cuando lo repitas, ya verás.
- Puede. Pero de momento seguiré con mi entrenamiento hasta que me considere preparada.
Entonces ella le cogió de la mano.
- Zac…
- ¿Si? ¿Qué pasa?
Ella sacudió la cabeza, negando.
- No, déjalo. No es nada.

lunes, 2 de abril de 2012

Recuerdos (6, 7)


6


            Era de día, y la luz de un sol radiante irrumpía por el maltrecho tejado de aquella casa en ruinas. Todo ese cúmulo de recuerdos aún flotaba en su mente. El Bosque del Auxilio acogió a Yuritz, y es por ello que no la recordaba.  Ella misma había dicho que estaba protegido por fuerzas astrales sumamente poderosas, pero, ¿por qué debieron afectarle también a él? Navir no lo entendía, y eso le frustraba.
            El sonido del trote de caballos se empezaba a distinguir a lo lejos y él se percató de ello. Se escondió bajo una manta y, aún dentro de la derruida casa, esperó a que se acercasen. Los caballos se oían cada vez más de cerca, hasta que Navir notó que se habían detenido en seco al otro lado del muro. Silenció su nerviosa respiración. Por el sonido, hubiera dicho que eran dos las personas que desmontaron sus respectivos animales. Notaba vibrar el suelo y un sonido metálico: llevaban armaduras.
            -Conque éste es el lugar. Lo imaginaba más grande  -era una voz joven de muy buena pronunciación.
            -Sí -contestó tardíamente una segunda voz, más ronca y anciana que la primera-. El diabólico mago negro Kurat arrasó con él no hace mucho. Cuentan que lo hizo en cuanto detectó aquí un poder luminoso que podría superar incluso sus fuerzas.
            -Y, como es obvio, este lugar no alberga ni un ápice de ese poder hoy.
            Hubo una pausa. <<Así que esa es la verdadera razón... sólo yo sobreviví al ataque... puede ser que...>>.
            -De todas formas, dicen que aquí no vivía más que la escoria de Noiblar –el más joven irrumpió el silencio mientras miraba a su alrededor.
            -¿Cómo dices?
            Las palabras de Navir sonaron sin darse cuenta. Aún así, había delatado su presencia, así que se armó de valor y salió de entre las cuatro chamuscadas pero gruesas paredes. Al pisar la hierba, diferenció ante sí dos soldados de caballería ligera, uno más alto y maduro que el otro, ambos armados con largos y afilados estoques.
            Navir se detuvo frente a ellos y los miró, con un rostro marcado por una furia instantánea. Aunque, por dentro, temía por su vida.
            -¿De dónde has salido tú? –preguntó el más adulto.
            -Parece que aquí alguien quiere morir hoy –dijo su compañero en tono sarcástico, penetrando a Navir con la mirada maliciosamente, con los ojos entrecerrados acompañados de una sonrisa. Su táctica de intimidación no sirvió en absoluto.
            -Aquí no vivió ninguna escoria. ¿O acaso me estás insultando?
            -Cuidado con lo que dices, muchacho –intervino el canoso militar-. Tienes ante ti al mismísimo campeón de esgrima de la noble ciudad de Tháramos. Así que ándate con…
            -Puedo matarle con mi cuchillo en dos movimientos. No le tengo miedo.
            Estallaron en carcajadas. Navir, con el impacto sentimental fresco, crecía en ira. Así, se decidió y corrió hacia el susodicho campeón mientras sacaba su cuchillo. Éste se percató de ello, pero mientras se ponía en guardia, Navir le provocó, fugazmente, una profunda hendedura en el vientre. Debido al dolor, agachó intuitivamente su cabeza cuando, en una fracción de segundo, otra cuchillada mortal dividía su garganta en dos. Sin más, cayó muerto y sangrante en la hierba.
            Su compañero, que había vivido un sinfín de experiencias a lo largo de su vida, quedó perplejo y calló, mirando al adolescente que tenía ante sí, aterrorizado.
            -No puede ser… no es posible… tú… -balbuceó.
            -He sobrevivido.
            Navir tomó el estoque del suelo, manchado de sangre. Pero no era ésa la única sangre que vería ese estoque aquel día.





7



            Ambos estoques eran idénticos, pero la ligera armadura del joven y engreído soldado se le ajustaba mejor. Cuando quiso darse cuenta, los caballos habían huido, así que dejó atrás Inadh para retomar su camino hacia Tháramos.
            Hacia el norte. Iría a pie, pero, ¿qué importaba? A sus espaldas, yacían dos soldados asesinados por él. Sin ayuda ni previa militarización, Navir lo había hecho. Él no era ningún ególatra ni mucho menos un ingenuo muchacho excesivamente confiado: sabía por dónde caminaba. Llegar a la gran ciudad no era juego de niños. Debía caminar durante días, quizás semanas, hacia el norte.
            Se hallaba a pocos kilómetros de Inadh. Ni el más inmundo y triste animal se había aventurado a alterar el campo de visión de Navir hasta que oyó galopar cientos de caballos a lo lejos y el sonido del acero, en vibración sobre los lomos de tan nobles criaturas. En pocos segundos apareció tras una extensa y plana colina la caballería de todo un ejército armado. Serían unos aproximadamente doscientos soldados al galope en dirección a Navir: él se percató de ello pero, no se movió. Permaneció inmóvil disfrutando de la adrenalina que provocaba aquella situación.
            Cuando la tierra temblaba bajo sus pies, pudo diferenciar el atuendo de los militares: era, exactamente, el mismo que el que él había robado.
            Se acercaban cada vez más. Él los veía, y ellos le veían. Había que pensar algo rápidamente, porque lo que tenía en mente era una locura. Pero quizá funcionaría. Navir siguió de pie, con postura imponente y el estoque tomado en su mano derecha, mirando hacia abajo, cuando el cabecilla dio señal para rodearle e interrogarle. En unos segundos, era objeto de atención de aquellos doscientos soldados, que le impedían salir de dicha situación.
            Quien había dado la señal ahora se bajaba del caballo. <<Con razón es el jefe…>>, pensó Navir. Ese hombre debía medir dos metros, y su forma corporal decía mucho sobre su experiencia en el campo de batalla. Debía ser un veterano. Se acercó a Navir muy lentamente y lo miró a los ojos durante varios segundos; su mirada era implacable a la hora de intimidar, junto a las cicatrices de su rostro y esa desdeñada barba. No se había quitado el casco, pero podía intuirse que tenía el pelo corto. Su piel morena se diferenciaba de la del resto de soldados, que la tenían de tonalidad casi nórdica. Al fin, habló.
            -¿Nombre, soldado?
            No era una voz machacada por el grito de guerra. Más bien, era tranquilizante.
            -Soy Navir –contestó al tiempo que levantaba su cabeza para mirarle fijamente.
            -Será mejor que vayas a casa y le devuelvas esa armadura a tu papá, debe estar preocupado.
            Todos le rieron la gracia de forma burlona, como cabía esperar. Navir seguía impasible. Cuando el silenció tomó forma de nuevo, respondió.
            -Mi familia está muerta. No creo que quieras correr esa misma suerte –dicho esto, algunos se sorprendieron y prestaron atención a la disputa que se estaba formando ante sus ojos. Era una situación morbosa.
            -¿Es esa la suerte que estás tentando por penuria, o solamente intentas patéticamente sorprender a alguien?
            -¿Necesitas comprobar tu poderío viril intimidando a tu verdugo o es que una buena mujer no te satisface en la cama?
            Esto último provocó un silencio sepulcral. Parecía que nadie en años había tenido el valor de enfrentarse a alguien como él, y el nivel adrenalínico de Navir subía cada vez más.
            -¡Machácalo, Mayú! –alguien al fondo rompió el silencio, pero no pareció alterar nada.
            -Con que ese es tu nombre. En ese caso, ahora vas a morir, Mayú.
            Mayú se veía enfurecido, y cuando percibió el más mínimo movimiento en el estoque de Navir, arremetió ferozmente contra éste, pero el golpe fue bloqueado tan efímeramente como las crueles amenazas de muerte que su estoque lanzaba contra él. Todas eran rechazadas sin hacerle mover del sitio.
            -Esperaba más de alguien como tú. Parecías un hombre paciente y poderoso, pero me has decepcionado. ¿Cuántos inanes golpes más durará tu vida?
            Navir aguantaba el poder de dos brazos de Mayó con su solo brazo derecho. Cuando le pareció que su rival iba a dejar de forzar su estoque, desvió toda esa fuerza a un lado y aprovechó para hacerle un corte en la mano. Los dedos pulgar e índice de Mayú sangraban y su estoque se había caído al suelo. El de Navir, ahora apuntaba a su rival directamente, que parecía haber olvidado qué era temer por la vida.
            -Será mejor que vayas a casa, Mayú. Tu mamá debería estar preocupada.
            Dicho esto, el estoque de Navir atravesó el tórax de su contrincante y lo retiró manchado de sangre. Mayú cayó al suelo y, tras delirar durante unos minutos en el suelo observado por su escuadrón y Navir, murió.
            Nadie se atrevió a decirle nada. Caminó hacia el caballo ahora libre y lo montó.  
            -¡Vuestro líder era un incompetente y un desgraciado! –gritó -. Ahora, ¿quién me acompaña a la guerra?
            No lo esperaba, pero todos acompañaron su entusiasmo. Vaya una manera de tener acceso a Tháramos por la puerta grande.
            -Disculpe, caballero… -era una voz adulta aunque aguda -. Nos dirigimos hacia el sur a la batalla contra los rebeldes de Noiblar. Yo… le informo y… me retiro.
            Y hacia el sur se dirigieron.  

Perdida en Meyer


TE AMO
El tiempo comenzó a pasar las cosas mejoraban poco a poco, veía a Edward con más frecuencia, charlábamos mas durante la clase de biología seguí trabajando en controlar mis pensamientos cuando él estuviera cerca, el preguntaba mucho sobre bella, también preguntaba sobre algunos de mis gustos, yo decidí a preguntarle acerca del, dudas que tenia sobre su personalidad y lo poco que recordaba sobre su pasado, las cosas con Laurent habían mejorado desde aquel día en port ángeles, seguía trabajando en negocios newton, hoy saldríamos temprano del trabajo, aunque no me quedaba tiempo de ir a la Push decidí hacer el mercado, limpiar la casa a fondo, lavar la ropa y con eso se fue gran parte de la tarde, pero hoy había tomado la decisión de ir a la pradera no estaba segura si Edward estaría ahí pero pronto me ira y quería verla antes de irme haci que tome una brújula, una mochila con agua ,algo de comida donde abundaba el queso, y me puse a caminar.
Todo era fangoso y tenía que tener cuidado de no caerme, camine unos metros más guiándome por cada palabra que bella había descrito, hasta que lo vi, era el lugar más hermoso que había visto había abundante yerba el sol iluminaba por todo el lugar dándole vida, y en el centro de este se encontraba Edward iluminado por el solo donde desprendía luz como un ángel con diamantes incrustados, realmente era lo más hermoso que había visto a lo largo de mi vida.
El se levanto del puesto e inmediatamente me miro
--Melanie, que haces aquí—exclamo algo sorprendido.
Yo lo mire todavía asombrada y algo nerviosa, mi corazón comenzó a acelerarse con fuerza
--yo… quería ver este lugar antes de irme—dije lentamente mirando hacia el suelo
Edward levanto su mirada asombrada
--te vas, cuando—pregunto, tal vez quería que ya me fuera al fin y al cabo el seguramente estaba aburrido de mi.
--yo no estoy aburrido de mi, solo que me sorprende que te quieras ir—dijo con voz suave, un tono al que ya me estaba acostumbrando.
--no es mi destino estar aquí cierto, además bella tiene que volver para que estén juntos- dije con voz amortiguada de dolor
--Melanie necesito decirte algo—dijo el mirándome atentamente
-- si—le dije perdida en sus orbes dorada.
--yo no conozco a bella swan, no sé si mi destino es estar con ella el destino está escrito, pero tú puedes cambiarlo y el simple hecho que estés aquí ya lo cambio—dijo pausadamente
-- no entiendo que quieres decir con eso, ella es para ti
—te equivocas ya hay una bella swan para mi, solo que ella aun no se ha dado cuenta, o tal vez yo no fui lo suficiente para tratarla- me dijo acercándose poco a poco - mi corazón empezó a acelerarse porque cada paso que daba, me ponía más nerviosa
--no lo entiendes Melanie tu eres mi bella swan tu destino es estar aquí—me dijo mientras sentía tu aliento frio, y su nariz rozando con la mía, instintivamente cerré los ojos
--Melanie mírame, dijo mientras levantaba mi barbilla, yo abrí mis ojos lentamente—quédate quieta
--asentí-y sin más sentí sus labios descender sobre los míos lentamente, el empezó a moverse lentamente sobre mi boca sentía mi corazón acelerare sentía miles de mariposa en mi estomago, las piernas me dejaron de funcionar y me sostuve subiendo mis manos a su cabello y jugando con él, el me sujeto fuertemente por la cintura, sentía que el aire me faltaba, el dejo de besarme apoyando su frente con la mía

--nose si esto es lo correcto, pero voy a dejarme ir por mis instintos, solo que entendería si no quieres estar con monstro como yo—dijo alejándose lentamente arrugando su frente.
Como creía que no quería estar con él, era mi sueño.
--Edward yo te amo

domingo, 1 de abril de 2012

DAFUQ!?!?!

¡¡¡Ay, madre...Este blanco sobre negro nos va a cascar los ojos!!!!

El Cazador salvaje

Gnomo_atrapado.jpg (245×377)

La casa estaba cerca del río, aquella espantosa casa, era una casa vieja y destartalada. Un buen día, Ken se perdió en el bosque mientras recogía setas, desconsolado, anduvo sin rumbo fijo, errante, y ya sin esperanza alguna de regresar a casa cuando, de pronto, esa casa emergió de entre la niebla. Decidió
pasar allí la noche. El entrar, una hondonada de polvo voló por la estancia. Ken dio unos pasos y, de repente, una corriente de aire cerró la puerta de un portazo, lo que hizo que Ken se girase, asustado, pero de inmediato se relajó. Al rato encontró una cama polvorienta en una habitación repleta de telarañas, la limpió un poco y se durmió.
Pero ésa noche, en las profundidades más oscuras del bosque, un cuerpo despertaba, ya se había puesto el sol y era hora de cazar. La criatura se incorporó sobre sus patas traseras y comenzó a andar. Al caminar, pisaba involuntariamente trozos informes de carne que desprendían oleadas de hedor
al reventar bajo sus pies. La carne podrida no le gustaba, un hombre lobo siempre prefiere la carne fresca recién cazada, aún con la expresión de terror desconsolado en el rostro. De pronto, giró bruscamente la cabeza, había olido algo, e instantes después empezó a correr, ésta vez con las cuatro patas para llegar antes de que escapase su presa. Se dirigía a la casa.
Ken fue despertado por un fuerte golpe proveniente de la puerta principal. Se dirigió al pasillo de entrada y contempló, horrorizado, que la puerta, simplemente, había sido arrancada. Ni siquiera había arrancado un pedazo de madera, no, literalmente, las bisagras habían quedado destrozadas por un tirón fuerte y súbito. Desde luego, quien hubiera hecho esto tenía una fuerza descomunal.
Ken retrocedió lentamente, hasta que se dio cuenta de que no estaba solo, al girarse, se quedó mudo de la impresión; una enorme bestia, semejante a un lobo bípedo de dos metros se alzaba rugiendo ante él. Su primera reacción fue defenderse, de modo que le asestó un fuerte puñetazo en el abdomen. Resultó
inútil, sólo logró romperse la muñeca y enfurismar al terrorífico animal. Ken corrió hasta el comedor pero la fiera era mucho más rápida que él. Lo adelantó de un salto, lo acorraló en un rincón de la habitación y… todo terminó. Toda la vida de Ken, sus sueños, sus esperanzas, sus ansias de superarse, incluso ésa chica del campus que de vez en cuando lo sorprendía mirándola y que siempre respondía
con una leve sonrisa. Todo eso terminó, en menos de lo que dura un simple zarpazo.
Cuando el lobo abandonó la casa, satisfecho de su festín, allí ya no estaba Ken, tan sólo un espantajo de vísceras esparcidas por el suelo del salón, y un hilo de sangre que de deslizaba por el cristal de la ventana.

Yami no matsuei (11)


Una vez al límite, se puede hacer cualquier cosa.

Los cuatro bajaron al comedor reuniéndose con los demás. Caín observó a su amada princesa y se sonrojo llevándose la mano a la boca. Alice lo observó algo curiosa.

-¿Qué ocurre?-

-Te ves… muy linda- dijo sonrojándose más, Sebastián golpeó suavemente su cabeza.

-Cierra la boca Caín-

-¡No me molestes! Idiota…-

Nicole se rio al verlos discutir, escuchó unos toques a la puerta y fue a abrir, no había nadie pero vio un ramo de rosas violetas en el suelo, se disponía a recogerlo pero Alice se lo impidió pateando las rosas a un lado, distinguió algo brillante que se dirigía hacia ella, tomó a Nicole en brazos y saltó hacia afuera esquivando las cuchillas.

-¿Estás bien, Nicole?-

-Sí… ¿Qué fue eso?-

-Una molesta rata-

Alice alzó la vista viendo las cuchillas que se dirigían a ellas, cubrió a Nicole con su cuerpo y le dio la espalda al ataque. Se volteó luego de unos segundos y vio a Joshua que las había protegido con una de sus sombras. Una mujer de cabellos rubios y ojos esmeraldas apareció frente a ellas.

-Vaya, vaya, te has conseguido un nuevo perro y también una perra-

-Camelia- dijo Alice levantándose y quedando frente a Joshua y Nicole- ¿Qué quieres ahora?-

-Es tu culpa que khael esté tan extraño, ¡Es tu culpa que este mal!-

-Por mí, puede morirse, eso sería de gran utilidad- Joshua la observó fijamente- Ve a consolarlo y déjame en paz-

-Maldita, voy a matarte-

-Inténtalo si puedes-

Joshua observaba como ambas mujeres luchaban. Conocía a Camelia y siempre había amado a su padre pero khael solo tenía ojos para Alice. Estaba seguro que Camelia no lo delataría ya que se había vuelto el informante de su padre. Fijó su vista en Alice y como la mujer de cabellos rubios sacaba dos cuchillas y clavaba una en la pierna derecha de Alice. No podía interferir en la pelea, si eran ordenes de su padre no podía hacer nada. Por primera vez desde que había llegado a esa casa sentía miedo, miedo de que Alice y los demás descubrieran su secreto, miedo de que todos supieran que era el hijo de khael.

Camelia iba a usar otro cuchillo en Alice pero se interpuso entre ambas, abrazando a Alice y sacándola de ahí para llevarla junto a Nicole.

-Dije que no interfirieran-

-No podrás con ella, es un demonio, puede usar sus poderes-

-Joshua-

-Yo lo hare-

Comenzó a pelear contra Camelia, no controlaba del todo sus poderes y su padre solo le había enseñado cosas básicas así que no era un rival a la altura de Camelia. La mujer lastimó su palma derecha dificultando que el demonio pudiera usar sus poderes. Alice pensó que lo iban a matar pero Eliot intervino haciendo que la mujer de orbes esmeraldas retrocediera, invocó tres bestias hechas de fuego para que se encargaran de su enemiga. Corrió hacia Alice pero una cadena negra atravesó su pecho y salió rápidamente, el demonio cayó al suelo de rodillas mientras cubría su herida. Alice corrió a su lado desesperada y alzo la vista para distinguir a su atacante.

-khael…-

Las invocaciones de Eliot desaparecieron, Caín y Jack se unieron a la pelea pero khael hizo aparecer cuatro duplicados de sombras que se encargaron de mantenerlos ocupados. Se iba a acercar a Alice pero un cuchillo plateado se incrustó en su hombro derecho, Camelia observó al hombre de cabellos rojizos y sonrió.

-No te veía desde hace tiempo, Sebastián-

-Lo mismo digo, Camelia-

Alice observaba como los tres demonios luchaban para protegerla, Nicole y Joshua se acercaron para hacerse cargo de la herida de Eliot, Nicole logró detener el sangrado usando la corbata que traía Eliot. Alice la observó interrogante.

-¿Estará bien?-

-Ha perdido mucha sangre… hay que detener el sangrado o morirá-

-No… Eliot-

El demonio estaba inconsciente y respirando con dificultad. Unos gritos la hicieron voltearse, Caín y Jack estaban en el suelo y Sebastián no lograba defenderse del todo de los ataques combinados de Camelia y khael. La joven apretó los puños enojada, solo por esta vez, solo para proteger a aquellas personas que permanecían a su lado recurriría a ella.

Observó a Eliot sonriendo y se inclinó para lamer su herida, poco a poco comenzó a cicatrizar hasta que cerró por completo. Joshua la detuvo por el brazo pero la joven se liberó.

-Lacie…-

-Con algo de sangre se repondrá-

Dio un saltó dejando caer los lentes que usaba y apareció frente a ambos duplicados, colocó su palma en el rostro de ambos y los destrozó usando potentes ondas de sonido. Alzó su mano hacia Camelia y la lanzó contra uno de los arboles dejándola en el suelo, fijó su vista en khael y apareció tras él al mismo tiempo que lo atravesaba por el estomago con su mano derecha.

-Esto es por haber lastimado a Eliot- sacó la mano y volvió a atravesarlo pero ahora cerca del pecho- Esto es por atacar a mis perros- lo lanzó contra un árbol y lo observó riéndose- Vamos khael, deseabas tanto verme, ¡pues aquí estoy! Diviérteme-

-No recordaba que fueras tan poderosa-Dijo khael al mismo tiempo que concentraba un par de sombras en su mano y curaba sus heridas- Eso me dolió-

-Llévate a esa perra de aquí- indicó a Camelia- O simplemente la mataré-

-Me encanta cuando eras una sádica, esto solo me hace desear aun más el humillarte y volverte mi esclava, mi querida Lacie-

-Sigue soñando, bastardo, ahora vete o te matare, sabes muy bien que no eres rival para mí-

Khael sonrió macabramente e hizo aparecer una esfera roja en su mano derecha, la lanzo al suelo para luego envolverla con una de sus sombras y darle forma humana. Jack la observó fijamente sin creerlo.

-Hermana…- pronuncio a penas- no es posible… estás muerta-

Caín intercambio miradas con Sebastián para luego observar a Jack, este se iba a acercar a lo que creía era su hermana pero Lacie intervino y atravesó a la mujer sin piedad, Jack cayó de rodillas llorando mientras veía la sangre caer al suelo y luego como desaparecía.

-Hermana…-

-Solo es una ilusión, no te dejes guiar por eso Jack- pronuncio Lacie- Tu verdadera hermana murió hace mucho tiempo a manos de Alice y lo sabes muy bien-

-Cállate…-

-También te tengo un regalo Lacie- dijo khael sonriendo.

Hizo aparecer una pluma roja en su mano y la lanzo al aire, la joven se quedó de pie unos segundos sin creer lo que veía. Gabriel estaba ante ella, su mente sabía que no era real pero su corazón no quería escuchar de tontas razones y corrió a abrazarlo. El tono rojizo había desaparecido de sus ojos y volvió a su personalidad normal.

-Gabriel… realmente eres tú…-

-Alice-

-No vuelvas a irte, por favor… no vuelvas a dejarme-

Khael sonrió victorioso, ahora que la princesa oscura estaba con la guardia baja debía dar su golpe final. Joshua vio como la ilusión que creó su padre iba a lastimar a Alice, apretó los puños desviando la vista pero no logró evadirse de lo que ocurría, la técnica que había usado su padre era muy baja, estaba manipulando a Alice con la única cosa que amaba y que nunca lastimaría, aun cuando sabía que no era real.

Alice lo observó sonriendo y acaricio su mejilla, Gabriel sonrió para besar su frente despacio.

-Te amo Alice… yo te-

Unas manchas de sangre cubrieron el rostro de la joven, el cuerpo frente a ella desapareció por completo dejando solo una pluma roja. Todos se voltearon a ver la escena, Joshua había atravesado el pecho de khael con una espada negra.

-Joshua…-

-Ya tuve suficiente… ¡no continuare siguiendo tus ordenes, padre!- grito lleno de furia, Alice lo observó llorando.

-Padre… Joshua tu… ¿Eres hijo de khael?- pregunto casi en un murmullo, el aludido se volteo asintiendo despacio-

-Sí… khael es mi padre-

sábado, 31 de marzo de 2012

Yami no matsuei (10)


Punto de equilibrio.

Nicole entró a la habitación observando cómo Caín estaba arrodillado frente a Alice y secando sus piernas. Se acercó sin dejar de mirarlos y le entregó una taza de té a la joven. Alice se lo agradeció en un pequeño murmullo y lo bebió mientras Caín terminaba de secarla.

-Alice…-

-¿Qué ocurre, Nicole?-

-Esto… quiero decir… que Caín te seque… no traes ropa y…- dijo tartamudeando.

-Caín siempre lo hace, o si no, es Jack quien me viste-

-No tienes nada de qué quejarte- dijo Caín observando desafiante a Nicole- jamás haría algo para lastimar a Alice-

-Estás siendo muy brusco Caín, Nicole vive con nosotros así que no pelees-

-Si… lo siento-

-Terminaré de vestirme yo-

-Pero Alice-

-Ve a ver a Eliot, debe estar abajo volviendo loco a Sebastián y Joshua-

-Si mi princesa-

Salió de la habitación notoriamente molesto, odiaba que alguien interrumpiera el tiempo que pasaba con Alice, ella era lo que más amaba y nadie tenía derecho a quitársela. Bajó las escaleras cabizbajo y pasó a la cocina, Eliot estaba jugando con Sebastián mientras le colocaba una bufanda de seda azul. Joshua intentaba mantenerlo tranquilo porque el demonio comenzaba a enojarse. Sebastián alzo la vista para verlo.

-Que carita traes Caín, ¿Ocurrió algo?-

-Nada que te importe-

-Parece que estás sensible hoy- acarició uno de sus pequeños cuchillos y se lo lanzó, Caín lo miro enojado y alzó la palma hacia él para atacarlo.

-Eso es peligroso Caín, puedes destruir la casa y la princesa se enojará mucho contigo-

-¡Cállate!-

-Realmente estás obsesionado con ella, acabaras muy mal-

Caín le lanzó el cuchillo de regreso pero Sebastián lo esquivo fácilmente y apareció en la entrada, le hizo una seña para que lo que siguiera y lo condujo hasta el exterior. Caín comenzó a atacarlo con ráfagas de aire cortante, destrozó varios árboles pero Sebastián lo esquivaba sin mayor dificultad. Estiró su palma e hizo aparecer una pequeña esfera de agua, Caín apenas logro verla para esquivarla, vio como destrozaba los arboles tras él.

-¿Qué fue eso?-

-Aun te falta mucho por aprender Caín, no eres capaz de derrotarme, no estás a mi nivel-

Ese comentario terminó por descontrolar al maestro del aire que lo atacaba enceguecido por la ira. Eliot observaba la escena junto a Joshua sin poder intervenir. Sebastián dio un saltó quedando en el aire, y varios hilos de agua comenzaron a rodearlo hasta formar un circulo. Caín lo atacaba con fuertes ráfagas de aire pero no conseguía dañarlo, su contrincante esbozó una sonrisa y varias cadenas solidas atacaron a Caín, este las esquivó retrocediendo sin prestar cuidado a donde iba, esquivó una última cuando sintió algo frio tras él.

-¿Una pared de hielo?- sus muñecas fueron apresadas impidiéndole atacar- Mierda…-

-La próxima vez procura estar al mismo nivel que tu rival-

Le lanzó varias agujas de hielo, Eliot dio un saltó para quedar frente a Caín y alzó su palma creando un escudo de fuego que derritió el ataque de Sebastián, sin embargo algunas de las agujas estaban hechas de diamantes, el demonio hizo un gesto de dolor cuando su hombro derecho fue atravesado.

Caín logró liberarse y se dispuso a atacar a Sebastián pero una ráfaga de viento lanzo a los dos demonios contra los arboles, permanecieron en suelo sin lograr moverse. Alice caminó hacia Eliot y curó su hombro lastimado, se volteó a mirar a ambos demonios.

-Ya fue suficiente, no quiero que vuelvan a pelear cerca de la casa, si tanto desean matarse vayan a otro lugar- terminó diciendo muy enojada, Joshua corrió hacia ella y le prestó apoyo.

-Pensé que no podías ocupar tus poderes-

-Solo un poco… pero tengo un límite- suspiro profundamente- ¿Estás bien Eliot?-

-Sí… lo siento Alice, yo solo quería separarlos-

-Lo sé, vamos adentro-

Caín golpeó el suelo varias veces y se quedó quieto unos segundos, alzo la vista al ver que Sebastián le sonreía y le ayudaba a levantarse.

-¿Te sientes mejor ahora?-

-Sí… lo siento-

-Está bien, luego de un buen combate te sientes mejor- dijo Sebastián sonriendo. Jack se acercó a ellos observándolos.

-Son bastante infantiles- acomodó sus cabellos negros- Debes disculparte con Eliot, él solo estaba intentando ayudarlos-

-A veces me irrita- dijo Sebastián- No puedo soportar su personalidad tan infantil-

-Es cierto pero su forma de ser es lo que ayuda a aminorar la tensión entre nosotros, ¿verdad?-

-Sí…- afirmó Caín- Es cierto, si no fuera por Eliot nuestras peleas serian más frecuentes y hace mucho tiempo nos hubiéramos matado-

-Entonces me disculpare con él, es gracioso- Sebastián esbozó una sonrisa al decir eso- Puedo imaginar perfectamente la razón de porque nosotros estamos aquí pero Eliot… a veces me da curiosidad sobre sus razones, no parece del tipo que asesine sin escrúpulos, como nosotros-

-Por eso se lleva tan bien con todos nosotros-

Los cuatro se quedaron en la cocina, Nicole había visto por la ventana la pelea pero no entendía muy bien las razones. Alice solo se mantenía en silencio mientras jugaba con una cuchara, por el contrario, Eliot estaba muy enojado mientras comía un chocolate que terminó derritiéndose en sus manos.

-Son unos tontos y el idiota de Sebastián se atrevió a herirme, no tenía idea que podía usar el diamante, la próxima vez le daré una paliza para que aprenda- observó su mano suspirando- Mi chocolate…-

Joshua se levantó sonriendo para intentar calmar a Eliot, sirvió un poco de helado con dos galletas, lo que hizo que Eliot dejara de quejarse y recuperara su habitual sonrisa mientras comía sus adorados dulces.

-Gracias Joshua-

-Que bien que vuelvas a sonreír, ¿Te parece bien que después juguemos? Cuando me llevaste a tu cuarto vi un videojuego, no soy muy bueno pero aprendo rápido- dijo con una sonrisa.

-¡Sí!- respondió emocionado Eliot- Ustedes también tienen que jugar con nosotros, chicas, quienes pierdan tendrán que cumplir con un castigo-

-¿Cuál?- pregunto Nicole.

-Un disfraz, deberían vestirse como el ganador escoja-

-Es un trato pero no puedes retractarte después- dijo Nicole sonriendo- Y para que sepas soy muy buena con los juegos de peleas-

-Voy a ganarte, eso te lo puedo asegurar, ¿Jugaras con nosotros Alice?-

-No sé jugar-

-Yo te enseñaré- Eliot uso su cara tierna para convencerla- Di que si… por favor-

-Está bien, juguemos-

Los cuatro subieron al cuarto de Eliot, Nicole observó el lugar un poco curiosa, no era lo que esperaba de un demonio. Eliot arregló todo para que jugaran sentándose en el suelo.

Después de una hora de gritos y varias maldiciones por parte de Eliot, quien ganó el juego fue Nicole, el demonio hizo un gesto de indignación y se levantó suspirando.

-No se vale, eso es trampa-

-Te gané limpiamente Eliot, así que los tres deben colocarse los disfraces que yo escoja-

-Sí… en mi armario hay varios- le indico un mueble en una esquina.

Nicole sacó varios disfraces del armario, había tanto para hombres como para mujeres, se sorprendió un poco con todo lo que encontró dentro pero luego de ver el cuarto de Eliot no se extrañó que tuviera esas cosas. Escogió tres atuendos y los dejó sobre la cama.

-Colócate este Eliot, Joshua usara este y Alice este de aquí-

Los tres fueron a cambiarse, Eliot salió del baño con Joshua para permitir que Alice se cambiara en privado, ambos jóvenes se miraron mutuamente y comenzaron a reírse.

-Te ves ridículo con ese disfraz de militar Eliot, está muy claro que no puedes seguir órdenes ni mucho menos darlas-

-Oye- dijo fingiendo molestia- ¿Y qué hay de ti? Ese disfraz no te queda, señor mesero, ve a traerme una bebida y te dejare propina-

Ambos se rieron y se voltearon al escuchar un ruido, Alice salió de la habitación un poco avergonzada, traía una ropa de colegiala, una falda que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas, una blusa blanca y una corbata roja, se había atado el pelo en dos coletas y puesto unos lentes. Eliot la abrazo sonriendo.

-Te ves preciosa Alice, ¿Qué opinas Joshua?- dijo sonriendo, Alice lo observo un poco avergonzada. Joshua se cubrió la boca y desvió la vista.

-Te queda bien…-

Por unos breves instantes sintió como algo invadía su pecho, una sensación cálida que no lograba comprender. Su padre deseaba que le informara de todo lo ocurrido, que descubriera el punto débil de Alice y sus cuatro perros pero ahora se cuestionaba seriamente si podría hacerlo.

viernes, 30 de marzo de 2012

Melho Boa

-    Aun no amanecía cuando el Joven Melho ancioso de retornar a su hogar y mostrar su nuevo trofeo a su padre  apuraba a sus amigos para que llegaran con prontitud al hogar. Al ir despuntando los primeros rayos del alba el día comenzaba a mostrar los caminos ya familiares que anunciaban que el hogar se encontraba cerca.
       -    Melho si tú has cazado esta bestia, tú deberías ser el que la cargase, decía un amigo protestando por el peso del sleen que cargaba.
La risa y la arrogancia del joven no se hicieron esperar.
-        -   Justamente mi querido hermano, porque yo lo he cazado es que tú lo cargas. Le respondió con sorna.
-          Reconoce que lo que te fastidia es que un chico de trece años sea mejor con arco y con espada que nosotros, le decía  un segundo guerrero que ayudaba a  cargar el sleen.

Entre risas y bromas sobre los talentos del menor del grupo se acercaban a la casa de Melho donde este pensaba entregar a su padre su pieza de caza, cuando una enorme columna de humo los alertó de que algo pasaba.

Melho al ver que la dirección del humo coincidía con la de hogar, emprendió la carrera a campo traviesa, a pesar de ser sumamente rápido maldecía a sus piernas por no permitirle llegar con mayor prontitud
Al llegar se detuvo horrorizado,
- ¡Padre!- grito al hombre que yacía inerte a la entrada de la casa junto a otros dos hombres a los que su padre había dado muerte, podía ver todo lo que conocía, su mundo y su hogar consumirse por las llamas, sin embargo, en su mente, solo estaba su padre, Melho se acercó lentamente, una ira fría se apoderaba de él, cuando sus hermanos de armas le dieron alcance, lo vieron de pie, frente al cuerpo de su padre, erróneamente le creyeron en shock y se quisieron acercar a consolarlo.

-          No se muevan- ordenó Melho con un tono autoritario que no dejaba lugar a dudas, digno de un General rojo o un mismísimo Ubar- ¡borraran las huellas! agregó.

Los hermanos lo miraban incrédulos, un joven de solo trece años, estaba parado frente al cadáver de su padre analizando la escena. Cuando el joven estuvo consciente de que su padre había sido atacado por un grupo de hombres muy superior a él en número,  se acercó y le tomó en sus brazos.

Silencioso acercó sus labios a su frente, lamentando no haber estado ahí para apoyarle en ese difícil momento. Una idea irrumpió en su mente dejando el cuerpo de su padre en el suelo entró raudamente a la casa en llamas en busca de su madre, una ira fría y ciega se adentro en su corazón, pudo ver que su casa había sido saqueada, a pesar del fuego recorrió la casa en busca de su madre, secretamente esperaba encontrar el cuerpo de esta, le parecía un destino mas digno que el que pueden sufrir las mujeres en gor.

-         - ¡ Melho, maldita sea,  sal de ahí!, gritaban sus amigos desde afuera.
-          Madre – dijo de pronto observando el cadáver de su madre  que presentaba evidentes signos de lucha, levantando con cuidado su cuerpo la envolvió en una manta y la saco a través de las llamas , depositando su cuerpo junto al de su padre.

La impotencia, la rabia y el deseo de venganza lo envolvían, mirando con cuidado observó el hierro de su padre con la marca de la familia, una vez mas entró a las llamas desoyendo las protestas de todos y golpeando a quien tratara de detenerlo, salió entonces con el hierro candente y ante el asombro de todos se marcó a si mismo el pecho sobre su corazón jurando no descansar hasta vengarse de aquellos que habían matado a su familia.

La noticia de la Muerte de Melthar Boa se expandio rápidamente, siendo él uno de los valerosos y leales guerreros de Tharna, muchos que otrora apoyaran a la Tatrix flaquearon en su lealtad, no así el Joven Melho que pretendía seguir leal a los ideales de su padre, pero fue la misma Primera espada de THarna la que lo llamó y le explicó las razones de la muerte de su padre, agregando de que ella era consciente de que su tiempo llegaba a su final.

-        -   Mientras quede un Boa, usted no estará sola- Dijo con firmeza poniendo frente a ella la espada que antes empuñaba su padre.

La mujer le sonrió complacida, con sabiduría de años y la  inteligencia de una gobernante, supo apreciar en el joven Melho un gran destino.

-      -    Algún día, mi joven y leal guerrero, tu gobernaras, ya lo veras, no dejes que el tiempo oscuro en que vivimos corrompa tu corazón, el honor, la lealtad y el valor son la herencia de los Boa, dinastía de la que sin duda eres todo un orgullo.