CAP. 13: To The End
Caminábamos rápidamente, ya que la noche era muy fría. La situación era muy incomoda. Gerard siempre me había infundido mucho respeto. Era imponente y estaba muy seguro de si mismo. Siempre parecía que tenía la situación bajo control.
-¿Bueno y cuando aprendiste a tocar?- me preguntó él, sacando un tema de conversación.
-Cuando tenía 13 años.- contesté.
-¿Y por qué decidiste empezar?- me preguntó curioso. Se me hizo un nudo en la garganta.
-No sé… no fue nada en especial… simplemente me apetecía.- mentí. Él no pareció darse cuenta y suspiré aliviado. Solo Mikey conocía la verdadera razón por la que empecé a tocar la guitarra.
El resto del camino hablamos sobre música. Gerard se interesó por mis grupos favoritos. A mi me gustaba el rock clásico y algo de pop británico. Él asintió con aprobación, aunque no compartíamos casi ningún gusto. A él le iba música muy poco comercial.
Gerard se llevó la mano al bolsillo trasero del pantalón y sacó un paquete de cigarros malboro. Cogió uno y se lo puso en la boca.
- ¿Quieres?- me ofreció, acercándolos a mi.
-No fumo.- contesté. Vi la sorpresa en su cara, aunque no me dijo nada, simplemente asintió y se encendió su cigarro.
Aspiró profundamente y expulsó todo el humo, que el viento se llevó rápidamente. Volvió a guardarse el paquete de cigarros en sus vaqueros pitillo grises. Llevaba también un cinturón de cebra, que me pareció muy hortera. El resto de su ropa eran unas converse negras que estaban destrozadas, una camiseta negra de Iggie pop y, como no, su chaqueta de cuero.
Entonces caí en la cuenta de que la casa de los Way estaba en dirección contraria. No le pregunté nada por que no quería ser maleducado, aunque la curiosidad me estaba matando.
Finalmente, llegamos a mi casa.
-Aquí es.- dije haciendo un gesto con el brazo, señalándola.
-Bueno, nos vemos mañana en el ensayo.- me dijo.
-Claro.- asentí, dando nuestra conversación por acabada, pero vi que Gerard había dado un pequeño paso hacia mí. Después, me rodeo con sus brazos y me apretó firmemente contra él. En ese momento solo pude pensar en lo alto que era. Su 1’75 destacaba sobre mi 1’65. Nos separamos rápidamente. Había sido un contacto muy breve y a la vez muy extraño.
-Adiós.- dijimos a la vez, y silenciosamente caminé hacia el porche de mi casa.
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POV Gerard:
Durante el resto del camino a casa de Bert no dejé de pensar en Frank. No sabia exactamente por que le había dado un abrazo. Yo no era de los que iban repartiendo cariño. Ni siquiera me acordaba cuando había abrazado a Mikey por última vez.
Metí la llave en la cerradura de casa de Bert. Sorprendido vi que la puerta estaba abierta. Bert se había olvidado de echar la llave. Otra vez.
Entré silenciosamente. Dejé las llaves en la mesa del salón y me tumbé en el sofá a esperar.
Sin darme cuenta me quedé dormido. Me desperté al escuchar que la puerta principal se abría.
-¿Gerard?- preguntó Bert.
-Estoy en el salón.- dije para que me oyese. En su casa no hacia falta gritar demasiado, ya que era muy pequeña y las paredes parecía que estaban echas de papel de fumar. Me desperecé, y bostecé ampliamente. Entonces, Bert entró en el salón y con una sonrisa torcida y voz sexy, me dijo:
-Cuántas ganas tenia de verte.
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Bert iba y venia, dejando húmedos besos por todo mi cuerpo. Me estaba volviendo loco.
-Bert… no aguanto mas…- dije en un susurro. Mi notable erección necesitaba atención urgente. Noté su leve risa en mi cuello. Le encantaba tenerme así y yo lo sabía. Bert no dijo nada, y continuo lamiendo y mordiendo mi cuello, casi como un animal.
Desesperado, bajé una de las manos que estaban entre su pelo hacia mi entrepierna. Me desabroché como pude los pantalones, dispuesto a darme a mi mismo el placer que Bert me estaba negando. Pero él se dio cuenta, y me cogió la mano, volviendo a ponerla en su sitio, bruscamente.
Empezó a bajar por mi torso desnudo, rápidamente, mordiendo todo lo que veía a su paso. Sus gruñidos se confundían con mis gemidos. Cuando llegó a la línea de los boxers, se paró abruptamente. Yo le miré extrañado, y desesperado.
-¿A qué esperas?- le gruñí bruscamente. Él levantó la cabeza y me miró, sonriendo. En ese instante Bert era “el sexo” hecho hombre. Sin dejar de mirarme, cogió el elástico del calzoncillo, y me lo bajó hasta mitad de muslo. Yo suspiré de placer, preparándome para lo que venia.
Y en ese instante, sonó su móvil.
-No lo cojas… - le dije a Bert. Vi la duda en sus ojos. Él miró la pantalla. Le supliqué con la mirada, pero finalmente se levantó de la cama y se fue hacia el salón, para atender la llamada. Maldije entre dientes.
Me levanté de la cama, subiéndome los boxers y los pantalones. Era la quinta vez esta semana que Bert y yo, por la razón que fuese, acabábamos sin tener sexo.
Fui a la cocina a por un poco de agua, y cuando pasé por la puerta del salón oí parte de la conversación de Bert. “…ahora mismo no puedo…”, “…te prometo que nos veremos pronto…”.
Bert se dio cuenta de mi presencia y se despidió rápidamente.
-¿Quién era?- pregunté extrañado. Bert no solía hablarle así a la gente.
-Mi madre.- contestó con una sonrisa en la boca, mientras caminaba hacia mí. Yo fruncí el ceño, extrañado, pero Bert no me dio tiempo a hablar, ya que empezó a besarme apasionadamente.
Pero yo solo podía pensar en una cosa. Yo había estado allí con él y lo había escuchado.
Bert recibió hace tres días una llamada, de su madre, diciéndole que se iba una semana a visitar a su tía.
En la montaña.
A 5 grados bajo cero.
Sin Internet.
Sin cobertura.